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A propósito de El cancionero de Amael

A propósito de El cancionero de Amael

A propósito de El cancionero de Amael
enero 08
22:22 2014

Julio Benítez durante la presentación de su poemario

Julio Benítez durante la presentación de su poemario

¿Quién fue Amael? Es el nombre de un arcángel que gobierna las virtudes y el mes de diciembre, también personaje en la novela de Julio Benítez La reunión de los dioses.

Si, como algunos señalan, la poesía comenzó como un ejercicio de la memoria por medio de la transmisión oral –algo tan repetido–, cuyo eco descubría algo hasta ese entonces inexistente, entonces la poesía amorosa no puede separarse del sentimiento. Es como decir: primero fue la palabra amor y esta descubrió en el que la pronunciaba el amor como verbo. Ya ven, incluso aquí, en el principio fue el verbo.

Hay algo en este libro de un castellano gongorino, una vuelta del idioma que nos lleva a la Edad de Oro de la literatura española. Otro algo de un hombre en su tiempo, el nuestro, que se abre a los demás sin vergüenzas en el tema de lo íntimo y la sexualidad.

Julio Benítez no tiene nada que perder y nosotros todo que ganar –él, al escribir los versos de El cancionero de Amael, y nosotros al leerlos. Hay algo de un castellano gongorino, una vuelta del idioma que nos lleva a la Edad de Oro de la literatura española. Otro algo de un hombre en su tiempo, el nuestro, que se abre a los demás sin vergüenzas en el tema de lo íntimo y la sexualidad.

Me pregunto: ¿Qué tiene de malo “la mujer-objeto” si el objeto es amoroso y respetado, parte de un recuerdo o de un presente que vuelve al poeta niño, otra vez frente a una golosina prohibida? ¡Cuántas miradas detenidas durante siglos en la Gioconda, mujer-objeto por excelencia!

Me confesó Julio que su poeta favorito es Petrarca, el de los sonetos y el cancionero dedicado a Laura. Así el poeta es parte de su tiempo, mientras que sus alas no distinguen el pasaje entre el antes y el después.

Este libro cabe bien en las manos, se acomoda, se abre. Las hojas, al tacto, se doblegan. Las imágenes devuelven del espejo una mujer amada, o por amar, y siempre la madre como fuente donde beber.

Lo que pudo haber sido y fue en la imaginación del poeta. Lo que nunca fue y es en el poema. Así Julio borra la frontera entre lo vivido y lo imaginado –y entramos en el mundo creado por él como quien entra en otra realidad. Señal de la buena literatura.

Sobre el autor

Elsa Frausto

Elsa Frausto

Elsa Frausto, poeta y traductora, nació en Buenos Aires en 1951. En Los Ángeles cursó la carrera de Estudios Eslavos en UCLA, y trabaja para el Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles. Ha sido editora de Lahoja, Night Birds (Chuparosa Writers) y de La Luciérnaga.com. Selecciones de sus poemas han sido publicados en La Porte des Poètes (Francia), el periódico La Opinión, Infinite Space y Poets at Work. Es activista de grupos literarios como Beyond Baroque, Utopía y la peña literaria La Luciérnaga, y dirige la serie Camelback Readings.

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