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A propósito de la muerte de Armando Hart

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A propósito de la muerte de Armando Hart

El autor tras su salida de Cuba, en Ciudad México

A propósito de la muerte de Armando Hart
noviembre 29
10:12 2017

No teman los lectores de Caritate ni de mi página personal en Facebook: no le voy a dedicar un In Memoriam al exministro de Cultura de Cuba fallecido el domingo 26 de noviembre, casi al año de la muerte del destructor de Cuba (que si existe el infierno tal y como lo describió Dante en su Divina comedia, debe estar rotando todavía por ocho de los nueve círculos infernales descritos en esa obra: 2] pecadores incontinentes y en particular los lujuriosos, 3] golosos, 4] avaros, 5] iracundos y perezosos, 6] herejes, 7] violentos: a) contra el prójimo (asesinos y tiranos); b) derrochadores, que en vida destruyeron y desgarraron sus dominios, c) contra Dios, la naturaleza y el arte; 8] pecadores que usaron la malicia, pero de modo fraudulento: a) embaucadores, b) malversadores, que tomaron provechos ilícitos de sus cargos públicos, c) hipócritas, d) ladrones, e) sembradores de la discordia; y 9] los traidores: a) a los allegados, b) a su ciudad y pueblo, c) a sus huéspedes, d) a sus benefactores). Aclaro que el Ceniciento no rotará por el Círculo No. 1, llamado Limbo, porque, según la doctrina cristiana, algunas almas pudieran salir del Limbo y acceder al Paraíso, pero la del caso que nos ocupa no tiene redención posible.

Regresando al difunto más reciente, me limitaré a contar una anécdota de primera mano con el occiso que fue una de las cosas que me decidió a escapar del antiparaíso castrista:

Cuando se celebró el VIII Congreso Nacional de la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media (FEEM), Fidel Castro asistió a la clausura, el 6 de diciembre de 1991, y yo tuve que explicarle mi estrategia para incrementar la presencia del arte en la arquitectura cubana, ejemplificada con abundantes fotos de los 7 edificios donde se había involucrado a los alumnos de la Academia San Alejandro en la ambientación de los mismos. “Si en cada escuela de arte del país se hace lo mismo, en vez de archivar sus creaciones artísticas de mayor calidad, la estética de las nuevas construcciones mejorará notablemente”, le dije. Para empezar, Fidel no me saludó, no me miró, ni me dirigió la palabra; se marchó a toda prisa con sus guardaespaldas.

Me dije entonces: “Gracias, Dios mío, por demostrarme que este país no tiene remedio con este hombre en el poder, porque si a él no le interesa una propuesta sencilla y viable para mejorar la estética de la arquitectura cubana, esto no tiene arreglo… ¡de aquí hay que irse!”.

Para que no me quedara ya duda alguna, tomé del brazo al entonces Ministro de Cultura, Armando Hart Dávalos, y le dije: “Compañero Ministro, por favor, venga conmigo, que quiero mostrarle algo”. Me miró con extrañeza y molestia, y accedió de mala gana. Lo llevé hasta la exposición que mi Grupo ARAR (Arte y Arquitectura) había montado en el Grand Foyer del Palacio de las Convenciones de La Habana, y le repetí lo mismo que le había explicado a Fidel Castro, ejemplificado con fotos de los dos círculos infantiles, el consultorio del médico de la familia, la escuela especial en Ciudad Libertad, la Sala infantil del Hospital Oncológico del Vedado, y los dos edificios de 20 plantas de Cayo Hueso, todos ellos pintados y ambientados con diseños de los alumnos y profesores de San Alejandro, bajo la dirección de la arquitecta Martha Padrón, también allí presente, y del que ahora les comparte esta anécdota.

Mientras le mostraba y explicaba las fotos, Armando Hart Dávalos no ocultaba su incomodidad, y como si siguiera el ejemplo de su amo y mentor, no pronunció ni una sola palabra y se escabulló en cuanto pudo sin despedirse.

Martha y yo nos miramos y comentamos bien bajito: “Si al Presidente y al Ministro de Cultura no les interesa mejorar la estética de la arquitectura cubana con obras de arte de calidad, a quién entonces”.

El 4 de septiembre de 1994, a casi tres años de aquella aleccionadora experiencia, Martha Padrón y yo logramos salir de Cuba hacia México, donde nos quedamos a vivir, felices de haber podido escapar de estos dos nefastos personajes y de su legado de destrucción, sordidez y doble moral.

Sobre el autor

Baltasar Santiago Martín

Baltasar Santiago Martín

Baltasar Santiago Martín (Matanzas, 1955). Ingeniero estructural, en 1987 fundó en La Habana el grupo “Arar” (Arte y Arquitectura). Tiene publicados “Amaos los unos a los otros” (Betania), “Esperando el velorio” (Alexandria Library), “Calentando el bate” (ZV Lunáticas), “Una vida, un tren”, (Alexandria Library) y “Visión 21/21”, (Linden Lane Press), entre otros libros. En 2008 creó la Fundación Apogeo para el arte público, y en 2013 la revista cultural Caritate, tras casi cuatro años como columnista y jefe de redacción de la revista Venue. Es corresponsal en Miami de la revista Newsweek en español.

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