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Adrián Morales, el nómada irreverente

Adrián Morales, el nómada irreverente

Adrián Morales, el nómada irreverente
noviembre 01
15:49 2013

Es difícil encontrar en el ámbito de la cultura cubana contemporánea un artista más multifacético, audaz, rebelde y/o iconoclasta que el filósofo, músico, videasta y pintor Adrián Morales, o AdriáNomada (La Habana, 1965)), para quien “el arte no persigue la obra, sino la libertad”. Entre los años 1985 y 1989, desde el interior de la Isla, actuó de diversas maneras contra el poder, y entre sus discos grabados fuera de Cuba figuran “Nómada” (Ventilador Edit. 1996), “Ruta sobre Ruinas” (Ventilador Edit. 1999), “Shampoo. Un Alto en el Camino” (NomadART Productions, 2001) y “Pilgrim Souvenir. Apuntes para una Cimática” (Mitik Records & NomadART Productions. 2013). Todo ello entre otros trabajos, exposiciones y activismos visuales y teóricos que realiza con una carrera avalada sobre todo por tres difíciles ámbitos consolidados: lo visual, lo teórico y lo musical.

En tiempos en que el arte cubano se acomoda al poder o escurre el bulto frente a sus estrategias de dominación, Adrián Morales (visto por Delio Regueral en la foto que acompaña esta entrevista) resulta la clásica aguja en el pajar. El artista tuvo la gentileza, desde Barcelona, de concedernos la siguiente entrevista, una joya para aquellos jóvenes en Cuba que lamentablemente no han podido disfrutar su obra o seguir su trayectoria artística.

Armando Añel. Adrián, tú fuiste uno de los primeros artistas de tu generación en Cuba en enfrentar el poder desde la crítica. ¿Qué recuerdos guardas de aquellos días y cuánto has cambiado desde entonces?

Adrián Morales: Salí de Cuba en noviembre de 1990 y jamás volví. Terminé mi Doctorado en París, en La Sorbona, tutelado por el sabio maestro y amigo Jaques Derrida, afortunadamente a estas alturas tengo obra en las mejores colecciones de arte europeo, incluso en el MoMA, pero sigo siendo el mismo de siempre, como decimos en familia: ¡No se me caen los anillos! Ahí vamos, más viejos y más tontos, hagamos lo que hagamos. Te propongo, para comenzar abordando cosas, este fragmento de un artículo que circula por Internet. Y aunque no sé quién lo escribió (lo asume un colectivo de investigadores anónimos) parece que sabe(n) mucho de la mecánica aquella. Y versa sobre: “el mito del socialismo cubano disfrazado de izquierdismo”. Habla fundamentalmente de economía política, infraestructuras, estrategias ideológicas, resistencia y mil cosas. Es un ensayo abundante donde me menciona de manera deferente (cada cual con su cruz, la honestidad y la integridad que clama para sí). Me parece certero y atinado:

“A menudo las actitudes rebeldes (se refiere a Cuba) las protagonizan personajes del llamado mundo intelectual y artístico, llegando a cotas de crítica e ironía muy fuertes. También son sus críticas las más toleradas por el régimen por ser patrimonio cultural, aunque solo se respeta o se toleran las críticas de los más conocidos, a los desconocidos se les reprime y se les lleva a la cárcel. Así escritores y cantautores (Adrián Morales y menos Carlos Varela) escriben sobre la realidad de la isla y sobre la prepotencia del gobierno. Un ejemplo divertido fue el de un pintor que, en una exposición plástica, invitó a los miembros del Partido Comunista. Entran y no hay luz, una vez todos dentro se encienden las luces y no hay nada en las paredes, y en el suelo había una enorme figura del Che que pisaban todos ellos. Este artista tuvo problemas, juicios, etcétera” (http://www.gci-icg.org/spanish/comunismo38.htm#mitocuba).

“Me parece profundamente inmoral eso de pasarse la vida hablando pestes del sistema aquel y después ir a cantarle ¡gratis! en sus espacios, utilizando sus instituciones, y sus infraestructuras… Cuando sabemos que en Cuba no hay alternativa mientras exista (ese maldito monismo de) un solo dueño, una sola ideología, una sola patria, una sola revolución, un solo líder, una sola política, una sola cartilla de racionamiento”. Adrián Morales

Continué haciendo fuera de Cuba lo que ya hacía dentro (con más producción claro), entonces caminar por las calles de La Habana con dreadlocks era sosa cáustica. Algo tan simple como eso era un problema. En toda Cuba, que yo conociera y recuerde, había solo cinco Rastas con el pelo así y esas pintas (guiño), dos en La Habana del Este, uno en Puerto Escondido o por ahí, que era artesano, Gerardo Alfonso y yo. Cosa que ahora no parece ninguna proeza, pero entonces era tremendo. Amaury Gutiérrez y Raúl Torres se dejaron el pelo así, luego de una Gira que hicimos por Matanzas y Santa Clara respectivamente, donde nos vieron actuar, con José Raúl, el poeta y narrador Leonardo Eiriz y la que era mi mujer Andrea Ardito, bailarina por aquellos años de Isabel Bustos y luego con Marianela Boan. Hicimos y seguimos haciendo tantas cosas, pariendo lo que luego eran en ciernes las primeras producciones independientes en Cuba. Mil batallitas. En fin, podría hablarte de mil cosas y no alcanza el espacio-tiempo (guiño).

AA: ¿En qué medida se ha adecuado tu arte a la realidad del mercado fuera de Cuba?

AM: Mira, son muchos años haciendo lo que hago sin concesiones (yo no me he puesto a hacer salsa ni ninguna sopa de esas romanticonas, ñoñas, para las titis -no me sale-), aunque respeto al que se metió en eso. Pero no yo. Todo lo que hago es un reto, como dice José Antonio Évora en un ensayo que hizo sobre mi trabajo para El Nuevo Herald: “Todo un desafío, una empresa intelectual”. Trato de hacer las cosas con la mayor honestidad que puedo y creyendo en ello, salga el Sol por donde salga. Afortunadamente me lo puedo permitir, esa bicefalia entre lo visual y lo sónico que cultivo me regala, a nivel de producción, tomarme cada serie de proyectos como lo que son: verdaderas investigaciones que disuelven las fronteras entre ciencia y arte, incluso el carcomido concepto de “identidad” en sucesivas “identificaciones”, así mismo entre el allá y el aquí, tradición y vanguardia.

AA: El llamado intercambio cultural, que en los últimos cinco años ha alcanzado, digamos, una tercera velocidad, ¿en qué medida contribuye a, o atenta contra, la democratización de la Isla? Hay personas que creen que “las cosas” están cambiando en Cuba… ¿qué opinas?

AM: En una entrevista que no sé si leíste, hace mucho tiempo, incluso antes que se pusieran de moda y cogiesen tanto auge los grupos disidentes en Cuba, ya alertaba sobre los cambios morfológicos del poder y todo el mundo se me tiró al cuello. ¡Tú mismo constata si no es exactamente lo que está pasando hoy! Eso que tú has llamado “cambio sin cambio” o “Puente Seguro”. Te copio un tramo publicado en el Blog Efory Atocha.(http://www.eforyatocha.com/2008/07/23/entrevista-con-adrian-morales-2/) Te interesará:

“Me parece profundamente inmoral eso de pasarse la vida hablando pestes del sistema aquel y después ir a cantarle ¡gratis! en sus espacios, utilizando sus instituciones, y sus infraestructuras… Cuando sabemos que en Cuba no hay alternativa mientras exista (ese maldito monismo de) un solo dueño, una sola ideología, una sola patria, una sola revolución, un solo líder, una sola política, una sola cartilla de racionamiento. (…) Démonos cuenta de que se trata sólo de un cambio morfológico del poder, adaptándose a los nuevos tiempos, la serpiente que se retuerce para mudar de piel, pero no la esencia. En los sesenta muchos sufrieron cárcel por oír a los Beatles, ahora John Lennon tiene incluso dedicado un parque en el centro de la ciudad; en mi generación te metían preso siendo hombre por vestirte diferente, llevar aretes o el pelo largo, ahora “ya no”; ahora son otras las causas, siempre habrá otras… el poder muda de formas, de representación, para sostenerse a toda costa, pero la esencia y su toxicidad sigue siendo las mismas. Forma parte de sus estrategias de resistencia. Sólo hay que tocar los puntos neurálgicos del momento para que notes como se recrudece instantáneamente la cuestión, y si no, que se lo digan a las Damas de Blanco. Si los Aldeanos, la Habana Abierta o Carlitos Varela te parecen calentitos y contestatarios, sugiéreles que en algún concierto suyo les den espacio público a Las Damas de Blanco, tal como hiciese Sting, inglés, extranjero y además, coincidentemente justo después de las Malvinas en la Argentina. Allí sucedió algo similar, con las análogas Madres de Plaza de Mayo, cuestión que ni la supuesta “comunista” coleccionista de diamantes Mercedes Sosa (que en paz descanse) ni ningún argentino famosillo de entonces, se atrevieron a hacer. Eso lo sabe hoy todo el mundo. La abuela de mi ex-mujer Andrea (con sus dos padres desaparecidos) estaba allí, avergonzada por la cantidad de veces que se lo pidieron a la negra Sosa y a muchísimos otros artistas nacionales (hoy vacas sagradas del establishment). ¡Y tuvo que ser el inglesito mono y popero! (…) Pronto me di cuenta de que se trataba de cambios morfológicos en las estrategias del poder, que iban a ser lapidarios, irreversibles y decisivos (por no decir definitivos) con respecto a muchas actitudes y voluntades auténticamente libertarias. El poder aprende y sabe comprender cada vez más lo que verdaderamente le mella y lo que no (aunque siempre haya cosas, revulsivos repentinos e inesperados no controlados que le hagan estremecerse, pues no se trata de un estamento eterno e infalible, nada lo es) pero rápido asume hacer la vista gorda con aquello que ya (re)conoce, aceptando(lo), integrando(lo), “tolerando” con verdadero control eficaz, encaminado a dar una ilusión (“real”) de “libertad” (vigilada), en la que muchos (internacional o nacionalmente) se embarcan confusos, algunos de colaboracionistas conscientes e inconscientes, otros de testigos mudos, el resto borregos o cómplices tácitos. Una asepsia anodina de absoluta apatía anatematizada, recorre cada vez más el insípido horizonte de las perversiones del lenguaje y los modos de representación de ese poder en relación con la masa. Lo que me temía es que eso ya estuviese pasando y sin duda está comenzando a suceder (ejemplos abundan al respecto), se trata del aquí y el ahora, cuestión que está cumpliéndose” (…) con una hoja de ruta espeluznante. Una obstinada intención articulada como endemoniado designio, que sólo será desmontada con consciencia. El problema es que no se trata de una condición económica, ni política, ni social, sino de niveles de consciencia. Así mismo quiero puntualizar lo que dije en una entrevista para Rock en Cuba realizada por Félix Mundo:

http://www.rockencuba.com/interviews/2569-entrevista-a-adrian-morales

Respecto a la panorámica del Rock Nacional Cubano, creo que se están produciendo muchas cosas de manera muy alternativa e independiente, que está muy bien, pues resulta un sabio modo de auto-gestión y sortear mecanismos de control y censura declarada y no declarada que resulta igualmente ofensiva y terrible, que encuentro de una calidad impresionante. Veo vídeos con vestuarios, decorados y cantidad de producción metida ahí. Muchos de los más altos exponentes que voy descubriendo, a veces por lo jóvenes que son, quizás no calculan el grado de terminación que la tecnología ahora les permite, que en nuestro tiempo hubiese resultado imposible concebir, tanto en los vídeos, como en la promoción y la existencia en los medios y la comunicación pública. Así mismo el sistema de cooperativas que desarrollan en sus asociaciones les permite compartir los medios y enrolarse con proyectos donde pueden validar lo que hacen sin ser dueños, ni alquiladores de la tecnología que usan, se dejan los unos a los otros las pocas pero buenísimas cámaras que ruedan entre los platós y las instituciones públicas que desde nuestro tiempo se procuraba, digamos, tomar prestadas, sin que a veces los que las controlan den su beneplácito o a sabiendas de ellos y poder hacer verdaderas joyas de trabajo, que aquí en el extranjero podría ser absolutamente impagable.

Claro, en Cuba todo el mundo trabaja (relativamente) gratis, con entusiasmo y con el deseo de sacar adelante su obra. Todo esto es tremendo y a veces injusto porque luego no encuentran los modos internacionales de canalizarse de manera global, pero como mínimo puede existir. En nuestra época ni eso. Es muy curioso que entonces hacíamos prácticamente de una a tres actividades y conciertos semanales, con las peñas y todo y no existen casi documentos de todo eso. La mayoría de las veces gracias a la buena voluntad de extranjeros que traían sus cámaras y filmaban o alumnos de la escuela internacional de cine, que se tomaron por años muy seriamente la idea de documentar una época donde todos los materiales escaseaban y hoy se torna prácticamente una labor imposible rescatar, ya no restaurar, ni siquiera encontrar en los archivos tanto privados como públicos los difíciles documentos y registros que a veces terminan siendo grabaciones, fotografías y copias amateurs de muy baja calidad pero que fue el fermento en ciernes de este tipo de producción que ahora es. Registros que primero no parecían nuestros y fueron vilipendiados como extranjerizantes y luego fueron los únicos que tuvimos, toda una época birlada al traste, pues aquello que no se ve, no se registra o de lo que no se escribe, no existe, no está, no fue y no es historia.

Quiero llamar poderosamente la atención de todos estos creadores que respeto, a no desaprovechar y tomar consciencia de todo esto dentro de Cuba. Pues con relativa facilidad allí se puede sostener una obra íntegra, coherente y el sistema mismo perversamente lo favorece (sobre todo porque se va tirando como se puede y al final se sobrevive en otros órdenes, de gratis, pero sobre todo sin una presión del mercado encima, que esto es vital). La gente no imagina lo que significa siquiera hacer eso mismo, al nivel competitivo internacional fuera de Cuba, no solo por lo caro que resulta y concuerdas conmigo en que es toda una proeza, sino con la atenuante facilitadora que si en algún momento no tienes la última tecnología, la procedencia ya la auto-justifica y el mercado mismo y la critica lo entiende (claro, como viene de Cuba) y the show must go on, pero afuera, si no eres competitivo, si no estás a la altura profesional y el estándar técnico, sólo por hablar de un ítem, ni la crítica ni el mercado te perdonan, tengas el nivel que tengas o estés acabado de venir de Cuba con una mano delante y otra detrás. Y ese es el verdadero riesgo, proeza y calibre de enfrentar el exilio, como una forma de “sacrificio” (sacro-facere, hacer sagrado) que pone en tela de juicio al precio de degradar y comprometer la obra misma con tal de mantener una actitud coherente y consistente moralmente hablando según la crítica política, que pueda hacerse a la institución y los medios en Cuba, sin concesiones. Hay que aprender a mirar a la comunidad cubana artística no desde el estrecho marco de lo nacional excluyente, sino como un principio de colaboración acentrada y poliédrica, dentro-fuera que beneficia a todos, por un proteccionismo mayor y una conservación responsable del espacio plural, documental y creativo general comprometido de nuestra cultura, sociedad e historia sin concesiones. Esto es un problema gravísimo que no se dice y no está siendo ventilado en el terreno o centro de mesa de los debates de los eufemismos y asimétricos intercambios culturales, que primero permite la especulación y la explotación de unos sobre otros. Y del otro lado, tampoco nadie quiere implicarse y así que no parezca que le afecta, cuando es evidente.

Es perverso que sea un sistema presuntamente ajeno al capitalismo el que nutra de mano de obra barata, punta de lanza para reventar el propio mercado instituido internacionalmente sin ningún escrúpulo. Y que además no se aporte ni una formación de gestión necesaria que les dé un mínimo de herramientas para defender su patrimonio cultural e intelectual, con el respeto que merece desde una equidad, pero sobre todo una verdadera validación en los auténticos baremos a la altura global que se exigen en este tipo de funciones, y no hablo solo de mercado, sino de ubicación legítima y sin colonialismo en el mapa cultural global.

Luego de consagrarte a lo que haces con el respaldo internacional suficiente y el aval de 23 años fuera de Cuba haciendo lo que me da la gana (todos tenemos abundante anecdotario que contar en los procesos de novatadas y experiencias encontronazo con el Mundo fuera de Cuba), el saldo de análisis es este: es necesario para cualquier creador, vivir esa experiencia y pasar por ella, sin el agravio discriminante o la tensión de una obligatoriedad condicionada por la tendencia política al secuestro o la “Cultura del Rehén”.

Fuera de ese marco el pulso creativo sigue siendo elevado, pero necesita conjugar fuerzas transterritoriales, para complementarse en una integridad global en los procesos de confirmación y legitimación, pero sobre todo lo que es más importante, buscar autonomía, ya no sólo dentro de Cuba, sino igualmente fuera, allá donde esté o se infiera el marco de la tan necesaria solidaridad entre creadores que comparten un destino común. Nuestro “Egregor”, aquel “ente” emergente creado en/de los procesos necesarios e inevitables de asociación e inteligencia colectiva, debe crecer y madurar esto, salir del estado de sociedad pueril, sospechosa y psicótica. “La madurez es dolor bien gestionado”. Una inteligencia que heredamos de los fenómenos adversos…”.

Me parece igualmente rotundo este artículo explicando algo que debemos comprender definitivamente los cubanos por más que nos pese, y es que el cambio no vendrá de ninguna rebelión popular. Asumámoslo de una vez y no sigamos perdiendo el tiempo alimentando esperanzas fatuas aunque suban los decibelios de desobediencia civil del acusado malestar interno. Es un texto muy preciso y comedido, incluso dando una especie de decálogo bastante realista, a la medida de cada cual, para acabar con ciertos programas, automatismos, y hábitos: mentales, políticos, sociales, conductuales y colaboracionistas a la hora de enfrentar aquello, con honestidad y eficacia, pero sin contemplaciones, desde un pragmatismo íntimo, y lógico. Audaz pero responsable, valiente pero honesto y sobre todo decente: Sobre la hora de la Verdad: http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/esta-es-la-hora-de-la-verdad-284132

Hemos de crecer en compasión, pero también en un arte y una retórica en general menos prudente. Que pierda el terror a equivocarse. Si un bote te va a llevar a la otra orilla no te fijes en si está mal pintado. Del mismo modo y para concluir anuncia el sabio Wittgenstein: “la sabiduría y la risa se confunden (…) Nada es tan difícil como no engañarse (…) Revolucionario será aquel que pueda revolucionarse a sí mismo (…) Nuestras palabras sólo expresan hechos, del mismo modo que una taza de té sólo podrá contener el volumen de agua propio de una taza de té por más que se vierta un litro en ella (…) Un filósofo no es ciudadano de ninguna comunidad de ideas (…) Una palabra, una idea nueva es como una semilla fresca que se arroja al terreno de la discusión (…) Trabajar en filosofía -como trabajar en arquitectura, la música o la pintura, en muchos sentidos- es en realidad un trabajo sobre uno mismo. Sobre la propia interpretación. Sobre el propio modo de ver las cosas y lo que uno espera de ellas (…) En filosofía el ganador de la carrera es aquél que sabe correr más lentamente; o el que llega último (…) y resulta en definitiva, una lucha contra el hechizo -la fascinación y la superstición que produce- nuestra inteligencia por el lenguaje.” Gracias por tu interés y delicadeza de compartir tiempo y lectura.

¿Qué tal de Resonancia?
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Sobre el autor

Armando Añel

Armando Añel

Armando Añel (La Habana, 1966). Ghost Writer, fue periodista independiente en Cuba. En 1999 recibió el Primer Premio de Ensayo de la fundación alemana Friedrich Naumann. Ha sido columnista de periódicos como Tiempos del Mundo, Libertad Digital y Diario las Américas, y editor de revistas como Perfiles, Encuentro de la Cultura Cubana, Islas y, actualmente, Herencia Cultural Cubana. Ha publicado las novelas "Apocalipsis: La resurrección" y "Erótica", la compilación de relatos "Cuentos de camino", los poemarios "Juegos de rol" y "La pausa que refresca" y las biografías "Instituto Edison: Escuela de vida" y "Jerónimo Esteve Abril, apuntes y testimonios", entre otros. Vive en Miami.

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