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Adrián Morales presenta Diálogos Litorales

Adrián Morales presenta Diálogos Litorales

Adrián Morales presenta Diálogos Litorales
marzo 28
14:36 2011

Nuevo espectáculo de Adrián Morales en Madrid el próximo viernes 1 de abril en la sala Olvido (Calle Olvido 15, Metro: Usera), a las 22:30.

Diálogos Litorales es una propuesta donde comparte escenario con el poeta canario Antonio Puente y el músico Jordi Rallo. Puente leerá sus haikus y el músico integrará con su percusión un diálogo de Oriente con Occidente. Fusionado ello con el canto y el sonido experimental de Adrián Morales, que se llama a sí mismo AdriáNomada. 

Multifacético, multidisciplinar,  pluridisciplinar, en fin, como yo le llamo: incombustible. Adrián Morales, casi inclasificable, es hoy por hoy uno de los artistas con más talento en el panorama creativo de Cuba. Solo. Él solo, sin el soporte que a otros le da rentabilizar lo que se vende como “cubano” en el ámbito internacional, y sin apoyo de multinacionales, sino con su solo talento, paso a paso, se hace un sitio propio y muy personal, digamos que intransferible,  en la cultura. Pero no sólo se inserta en “lo cubano”. Su propuesta es más ambiciosa, vasta y abarcadora. Lo que llamo un verdadero genio.

Compositor, cantante, artista plástico y audiovisual, teórico del arte más transgresor y vanguardista, lo que lo excita e incita es la indagación en lo experimental. Tiene sus raíces en Derrida y otros filósofos e intelectuales de la vanguardia más transgresora, o lo que se ha dado en calificar la transvanguardia. Ajeno a las leyes convencionales del mercado de la ideología o el capital, es de los pocos creadores que no tienen nada que deberle a la tradición repetitiva y reiterada en los artistas y compositores cubanos, todos tan parecidos hasta el agotamiento, nacidos después de la Revolución. Está a mil años luz de ellos y nada, pero absolutamente nada, le debe a Silvio Rodríguez o a Pablo Milanés.

Es una especie de Basquiat en los escenarios. Radicado en Barcelona ya hace casi veinte años, su obra ha tenido una repercusión que traspasa las fronteras de España. En su vida personal, durante su formación en Cuba, vivió situaciones extremas: la prisión de su madre, el encarcelamiento de amigos por opinar o ser diferentes; la defenestración de los miembros de su generación que no le hicieron ningún juego al poder como Juan-Si, Jorge Crespo, Marcos Abad, o el compositor y cantante Julio Fowler. Es de las pocas excepciones que no se han plegado –de ahí su eticidad– ni dejado seducir por los cantos de sirena que le envían desde La Habana, donde se ha negado a actuar con rotundidad.

En una entrevista para la página www.eforyatocha.com declaró: “Me cuesta ir de vacaciones o a cantar al mismo lugar donde me apretaron los huevos”. Y es que afirma que de Cuba salió harto de la represión, el despotismo, pero también de la ignorancia. Sus afirmaciones suelen ser incendiarias: “Yo no creo en la democracia que los cubanos podamos inventar (…) la estupidez colectiva llama al suicidio en masa”. Sí, incendiario y difícil, al mismo tiempo que lúcido y compasivo, excesivo e incisivo, Adrián Morales es un artista de difícil ubicación.  Canta por eso: “Mi patria es mi cuerpo pero cualquier lugar es pequeño” Para él toda represión o autorepresión es inaceptable, degradante y obscena.  Señala que “no puede contar la historia ni habiéndola vivido, y si digo lo que pienso me crucifican como a Cristo”. Pero no se calla.

Cuba es para él una herida supurante y el castrismo lo considera castrante y castrense. Muy joven animó en el Museo de Bellas Artes de La Habana “La Peña de los Lunes del Cuento”. Pronto fue prohibida, al igual que los performances en 23 y G. Como otros artistas jóvenes y contestatarios pasamos –aquí me incluyo–  de ser creadores-promesas a vivir en una especie de limbo sin sentido. Los que se doblegaron al poder pronto, como cerdos, engrosaron sus currículos, porque, como Adrián Morales afirma –este ácrata irredento-: “El poder sabe a quien elige para su juego”.

Reiteradamente le han propuesto actuar en Cuba. Se niega a tener que pagar una visa para entrar al país en el que nació. Como dice la Carta Magna de los Derechos Humanos, tiene derecho a entrar o salir del país en que nació sin que nadie se lo prohíba. Denuncia el oportunismo tanto de los productores extranjeros que van a Cuba a rentabilizar lo que de la Isla puedan promocionar a beneficio propio, como a los artistas  cubanos que radicados allí, o alternativamente en Cuba y fuera de ella, coquetean con el poder usufructuando el beneficio de un estatus que le da la complicidad con el régimen castrista. Lo que ellos buscan es, unos y otros, rendirle culto al dólar, al capital, al ego.

Sus influencias son diversas y a primera vista inconexas. Las reconoce en el trovador santiaguero Pepe Sánchez o Boby Carcasés (padre), en Laurie Anderson o Brian Eno, pero nada tiene que ver su obra musical con la trova tradicional, ni con el jazz latino al uso ni la electrónica radical. De Cuba, reivindica a una artista transgresora de los años 80, María Antonieta, una especie de Lady Gaga tropical que llegó a desbancar a Rosita Fornés como icono gay de la isla y que tenía un extenso registro vocal. Y del panorama internacional, a Sting, con quien comparte su postura ética. Nos recuerda que fue él quien le dio voz en Argentina –ningún artista se atrevió a ello, ni siquiera Mercedes Sosa, esa coleccionista de diamantes– a las Madres de la Plaza de Mayo que se enfrentaron abiertamente a la dictadura argentina, y que paradójicamente hoy, por su postura de izquierda, no le reconocen su valor a Las Damas de Blanco, mujeres que hacen bajo la dictadura de Castro lo mismo que ellas en su momento.

A veces voy a ver en el Ateneo de Madrid al filósofo, poeta y traductor Agustín García Calvo en su tertulia de los martes. Alguien que no se amolda tampoco a “las libertades democráticas” de la España de hoy. Se mantiene al margen de una España que dice haber ya superado con la transición el pasado negro de la Guerra Civil Española de 1936 y otros traumas nacionales. García Calvo es como una voz clamando en el desierto. Adrián Morales le admira. Se identifica con este otro ácrata que como él sabe que no hay moldes que lo seduzcan al punto de someterse a convenciones. Ambos están en contra de todo despotismo y creen firmemente que toda intolerancia es repudiable.

El crítico e investigador Joaquín Borges-Triana ha redactado un libro de unas 400 páginas sobre la obra de Adrián Morales, que es además un pintor y dibujante de extraordinaria importancia en el panorama de las artes plásticas.  Este espectáculo de poesía y música audiovisual está realizado por NomadARTketeveo produccions. Pronto, con nuevas propuestas, irá a los Estados Unidos y otros países.

Sobre el autor

Alberto Lauro

Alberto Lauro

Alberto Lauro (Holguín, 1959). Escritor, poeta y periodista. Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de La Habana y por la Universidad Autónoma de Madrid. En Cuba colaboró desde muy joven en los medios de comunicación, hasta que su libro “Con la misma furia de la primavera” (1987) fue censurado. Publicó en la Isla dos poemarios para niños también premiados: “Los tesoros del duende” (1987) y “Acuarelas” (1989). Exiliado en España desde 1993, ha publicado, entre otros, los libros “Cuaderno de Antinoo” (1994) y “En brazos de Caín” (Premio Odisea de novela, 2004). En 2011 obtuvo el XVI Premio Internacional de Poesía Luys Santamarina-Ciudad de Cieza por su poemario "Hijo de mortales". Reside en Madrid.

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