Neo Club Press Miami FL

Alejandro Fonseca, siempre hay una ventana abierta

Alejandro Fonseca, siempre hay una ventana abierta

Alejandro Fonseca, siempre hay una ventana abierta
enero 05
06:44 2012

Un libro largamente esperado acaba de salir de imprenta y ya se presenta en Miami, en Delio Photo Studio, el próximo 13 de enero a las 7:00 p.m.: De un tiempo deslumbrado (Editorial Silueta, Miami 2011), de Alejandro Fonseca.

El libro, una compilación de la exquisita poesía del bardo holguinero, será presentado por los también poetas Joaquín Gálvez y Rodolfo Martínez Sotomayor (director de Silueta). A propósito del lanzamiento, Fonseca tuvo la gentileza de concedernos la siguiente entrevista:

Armando Añel. ¿Cómo se decidió la compilación “De un tiempo deslumbrado”? ¿Es usted mismo el responsable directo de la selección de los poemas o ha sido su editor quien se ha encargado de definir la antología?

Alejandro Fonseca. Un día del año 2011 decidí hacer un recuento de mi poesía, que empezó a tomar cuerpo hace más de cuatro décadas en la ciudad de Holguín. Mi propósito era dar a conocer una parte de mi obra escrita en Cuba a lectores de Miami. Y alguien como Lourdes González, que desde los sesenta nos conocemos, era la persona indicada para el proyecto. Ella seleccionó, ordenó y prologó un grupo de poemas extraídos de varios cuadernos en el volumen que llamó “De un tiempo deslumbrado”.

Paralelamente a este trabajo de antologar, ya había escogido la Editorial Silueta para cumplir con mi último deseo. Me parece que sus publicaciones, ya reconocidas en el panorama literario de Miami, han mantenido una galería de importantes autores, y un diseño gráfico que podríamos calificar de excelente. Rodolfo Martínez Sotomayor y su esposa Eva (que comparten la dirección de Silueta) se encargan, de manera profesional, de promover autores y libros que van apareciendo en su editorial.

AA. Esta antología constituye un resumen de sus seis poemarios publicados con anterioridad. ¿Cuál de estos libros contiene la esencia más depurada de la poesía de Alejandro Fonseca, o con cuál se siente más a gusto?

AF. Alguien una vez me dijo que los poemas y los libros son como hijos nacidos en diferentes épocas; algunos salen buenos, otros regulares y otros peores, pero uno sigue queriéndolos y teniendo predilección con alguno de ellos. Aunque también, en mi caso, en ciertas ocasiones tengo preferencia por los más pequeños, por los recién nacidos. Y por otros que de seguro vendrán. Así me comporto. Siempre espero escribir el mejor poema o el mejor libro. Tal vez esta expectativa es la que me hace seguir trabajando.

AA. En lo que se refiere a su formación poética, ¿cuáles considera sus mayores influencias?

AF. Siempre me he mantenido junto a la poesía cubana, porque es grande a pesar de haber nacido en una pequeña isla. No haré un inventario abrumador, pero con Eliseo, Lezama, Baquero, Casal, Zenea y otros muchos de diferentes tiempos, sería suficiente. Y en el plano poético internacional, están los mismos consagrados y de obligada lectura que todos conocemos. También tuve la suerte, en mi adolescencia, de coincidir con personas brillantes que definitivamente influyeron en mi posterior desarrollo literario. Pero lo más significativo para este punto es lo que me dijo en una ocasión un escritor cubano: “Mi hermano, se nace para poeta o para avestruz”. Todavía me corroe la duda.

AA. Usted lleva varios años residiendo en Miami. Y en libros anteriores su poesía ha abordado el extrañamiento del exilio, el dolor, o la melancolía si se quiere, del desterrado. ¿Ha asumido ya su poesía un nuevo punto de partida, un renacer en el nuevo país, o sus imágenes y motivos continúan asidos a la Isla que dejó atrás?

AF. Ya en varias ocasiones me han considerado un poeta lírico. Yo no he hecho nada para que eso suceda. Pero desde mis primeros versos, he escrito sobre lo que me ha ido aconteciendo a través del tiempo y sus espacios. El que lea la parte cubana de mi obra podrá constatarlo. Ahora aquí, fuera de mi patria, he sido fiel con mis circunstancias. Me siento satisfecho de haber reflejado parte de mi existencia siempre paralela al irremediable paso de los días. También creo, y es evidente para un lector que escudriñe en mi poesía, que he ido haciendo actualizaciones, cambios. Definitivamente la poesía es un almanaque que nos asombra detrás de la puerta.

AA. ¿Por qué no escribe prosa? ¿Cree que un poeta “en estado puro” está incapacitado para hacerlo?

AF. Siempre he estado seguro que nací sin talento para escribir prosa. Para mí sería terrible, imposible, una locura, pasarme veinte años escribiendo una novela. Yo me considero poeta, es decir, no soy un escritor propiamente. Para ser escritor hay que tener una inmensa capacidad cultural. Un escritor tiene que conocer muchísimos registros culturales que ha ido dejando el hombre en el infinito escenario de la Historia Universal. Escritores, por ejemplo, son Alejo Carpentier y Vargas Llosa, sólo por citarte dos. Por lo pronto me quedaré en ese “en estado puro” que nombras.

AA. Su amistad con Rolando Jorge, otro de los poetas de más recorrido en este exilio, es ya un clásico de la noche cultural miamense. Pero ustedes son dos poetas muy diferentes. ¿Aquí se comprueba la tesis según la cual los polos opuestos se atraen?

AF. Rolando Jorge es mi contemporáneo. Creo que en cierta ocasión lo conocí en la burundal burundanga literaria cubana. Cuando llegué a Miami, me encontré con él y también con su poesía. En estos últimos once años he sido testigo de su metamorfosis poética. Él ha ido trastocando una serie de códigos a través de una estructura casi siempre complicada para ese lector de cierta trillada poesía convencional. Para leer a Rolando hay que desprejuiciarse, y estar atento al ruido de sus versos, a un constante mensaje extraído de la cultura y de sus trotes vivenciales. A cada nueva lectura que le hago a su última poesía, le voy descubriendo algunas claves y pasadizos por donde aprehenderlo. Su poesía, en este último segmento, me parece, está retando la idea de quedarse en un tiempo del Tiempo.

Otro aspecto literario que me une a R. J. (a pesar de ejercitarnos en diferentes estilos según dices) es que somos democráticos, abiertos a cualquier opinión. Porque la mayor virtud de un creador es ser consecuente: no dejarse engañar por ciertas apologías gratuitas y a la vez estar atento a observaciones de entes no calificados en el complejo mundo de la poesía. Pero definitivamente hay que enfrentar cualquier opinión y saberla utilizar para mejorar lo que hagamos. Si grandes autores han sido capaces de aceptar críticas y revisiones de otros colegas, ¿por qué a veces nos empeñamos en esa provinciana retórica de rechazar apenas una observación? Los creadores literarios de Miami, en este caso, necesitamos ejercitarnos en un campo de verdadera opinión artística. Recuérdese que ya en el siglo diecinueve en Cuba existía el debate. Con esto quiero decir que mi amistad con Rolando se basa en la tolerancia, y en una constante crítica equitativa.

AA. La movida cultural de Miami es ocasionalmente acusada de frívola. En el caso de la literatura, vemos operar a “agentes culturales” cuya sola presencia pone en entredicho la salud de lo que promueven. ¿Qué opinión le merece a usted esta situación? ¿Debería existir una crítica que incidiera en esta problemática? ¿Hay un problema de autocensura?

AF. En todas las ciudades un tanto civilizadas del planeta existen esos grupos, que con agudeza Delfín Prats llamó “paraliterarios” y que también, en cierta ocasión en Cuba, el maestro Manuel Díaz Martínez denominaría “Piojos de la cultura”. Pero en una ciudad como Miami, que me recuerda el bar intergaláctico que aparece en la película “La Guerra de las Galaxias”, donde concurrían tantas criaturas diferentes, aquí todo también puede ser posible, y por supuesto, agregándole algunas significativas peculiaridades. El éxito económico del sur de la Florida es innegable, pero no paralelo a la autenticidad cultural y, específicamente, al ámbito literario, como existe en otros parajes. Eso tal vez ha traído como consecuencia que cualquier ciudadano que pague impuestos y tenga cierta capacidad empresarial monte su tinglado. Es decir, cualquier persona puede hacerse llamar poeta o novelista, crítico, publicar un libro, abrir una galería de artes plásticas, abrir tertulias, alquilar un almacén y convertirlo en teatro, y aun elaborar terribles antologías de supuestos poetas. Y a la inversa: donde hubo bardos y trovadores aletargados y un pintor de corte renacentista, de pronto puede surgir una venta de mangos y aguacates.

Y si cambiamos la vista hacia la prensa escrita (esa que se hace llamar cultural), nos percatamos que de ella escapan algunos acontecimientos de verdadera trascendencia artística. Y es también notable en ella esa inclinación funesta hacia la apología y el amiguismo. Y como casi única vía más rápida para informar o deformar, la Ciudad del Sol cuenta con los llamados blogs culturales, caracterizados a veces por su satanismo, y por emergentes incursiones hacia la crítica literaria, carente de rigor y sin que haya antes una verificación de su calidad. A veces se sospecha que los autores de algunas anotaciones parecidas a críticas literarias, los que frecuentemente enarbolan títulos pedagógicos de las provincias cubanas, se aventuran a escribir entelequias sin apenas hacer una lectura rigurosa de los textos en cuestión.

En realidad, por los aspectos antes mencionados, el sur de la Florida todavía está atravesando un proceso que llamaríamos provinciano. Pero como decía un poeta francés: “Siempre en las noches de París hay una ventana abierta”. Sobre todas estas malas andanzas culturales de Miami, y su cantidad (todavía no hechizada) de incontables apócrifos promotores, y pésimos hurgadores de la poesía, creo hay un grupo de artistas, escritores, periodistas e intelectuales serios, con experiencia, que al final tendrán su merecido lugar. Recuérdese que la historia cultural del mundo ha sido como un río crecido, la basura siempre ha ido quedando en la orilla.

Sobre el autor

Armando Añel

Armando Añel

Armando Añel (La Habana, 1966). Ghost Writer, fue periodista independiente en Cuba. En 1999 recibió el Primer Premio de Ensayo de la fundación alemana Friedrich Naumann. Ha sido columnista de periódicos como Tiempos del Mundo, Libertad Digital y Diario las Américas, y editor de revistas como Perfiles, Encuentro de la Cultura Cubana, Islas y, actualmente, Herencia Cultural Cubana. Ha publicado las novelas "Apocalipsis: La resurrección" y "Erótica", la compilación de relatos "Cuentos de camino", los poemarios "Juegos de rol" y "La pausa que refresca" y las biografías "Instituto Edison: Escuela de vida" y "Jerónimo Esteve Abril, apuntes y testimonios", entre otros. Vive en Miami.

Artículos relacionados

0 Comentario

No hay comentarios

No hay comentarios, escribe el tuyo

Escribe un comentario

Escriba un comentario

Video destacado:

Letras Online

LA REVISTA INTERACTIVA DE NEO CLUB PRESS
  Kiko Arocha

Las deudas

Kiko Arocha

  Miró a su hermano menor con penetración, como miran los felinos, para decirle: —Te veo nervioso, suelta la botella que no va a pasar na. —Mira mi hermano, estoy

0 comentario Leer más
  Manuel Gayol Mecías

Fidel ha muerto

Manuel Gayol Mecías

  Las palabras y los muertos (Premio Internacional Mario Vargas Llosa, Universidad de Murcia, España, Seix Barral, 2007), del escritor cubano Amir Valle, trata sobre la muerte de Fidel Castro y los

0 comentario Leer más
  Jorge Olivera Castillo

Pan (de yeso) y circo

Jorge Olivera Castillo

                El circo no es el pasatiempo donde lavamos las llagas del hambre con sonrisas espontáneas y puras. Tampoco es el lugar para

0 comentario Leer más

Festival Vista Miami