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Alfredo Guevara y el suicidio de Haydee Santamaría

Alfredo Guevara y el suicidio de Haydee Santamaría

noviembre 01
02:56 2011

1-abc_alfreditoHaydee Santamaría  –como es notorio– se dio un balazo en la cabeza en torno al 26 de julio de 1980. La fecha es importante. No se mató en marzo ni en diciembre. Se mató en julio, probablemente en la noche del sábado 26, aunque las autoridades cubanas no lo anunciaron hasta la mañana del lunes 28.

Veintinueve años más tarde, Haydee Santamaría quiso unirse a los muertos del Moncada. Quiso unir su suerte a la de Boris, su novio; a la de su hermano Abel y a la del puñado de jóvenes heroicos e idealistas que murieron a tiempo, en olor de ilusión, con la última mirada puesta en el sueño de un país democrático y libre.

Haydee Santamaría se mató por fidelidad a sus muertos. Se mató como se mató Félix Pena, el comandante de la Sierra Maestra, y como se mató Alberto Mora, el comandante del Directorio Estudiantil, porque los suicidas políticos se matan para advertir y para censurar. Se matan para dar, como Eddy Chibás, un último y enérgico aldabonazo en la dormida conciencia de las gentes. Haydee Santamaría se mató por razones nítidamente políticas. Si las motivaciones hubieran sido de otra naturaleza, nadie más interesado que el gobierno cubano en revelarlas.

La formación y la información son incompatibles con la militancia castrista. El castrismo, después de más de medio siglo de práctica nefasta, sólo puede reclutar adeptos en los estratos menos educados del país, zonas en las que la emoción sustituye al análisis y la superstición al juicio objetivo. De esta situación ni siquiera se escapan los intelectuales marxistas. ¿Cómo creerle a Alfredo Guevara, por ejemplo, su incondicional apoyo a esa “revolución cubana”? Alfredo Guevara es astuto, inteligente, mordaz. Era marxista cuando Fidel no era más que un buscapleitos. Pero nunca fue un marxista de consigna y estupidez, sino un espíritu crítico que encontraba en el marxismo un método de análisis. Alfredo Guevara no necesita abjurar del marxismo para condenar al fascismo de izquierda que se ha apoderado de Cuba. El castrismo, seguramente, es condenable desde una perspectiva liberal, pero también lo es desde un análisis marxista. ¿Puede Alfredo Guevara, a 52 años del triunfo revolucionario, continuar sosteniendo que las monstruosidades del sistema son errores enmendables en el futuro?

La ineficacia, las arbitrariedades, los abusos del sistema no son fenómenos ajenos a la esencia del castrismo, sino las naturales consecuencias inherentes al modelo elegido. Es absolutamente irracional esperar la modificación de ese sistema. Por eso se mató Haydee Santamaría: porque comprendió, con lucidez, que no había espacio para la esperanza.

Una primera versión de este artículo apareció en “De la literatura considerada como una forma de urticaria” (1980).

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