Neo Club Press Miami FL

Alfredo Rodríguez vs Alfredito Rodríguez

 Lo último
  • A propósito de Pilgrim Souvenir   Este disco de AdriáNomada es un perfecto antídoto para una época tan necia como la presente, caracterizada por la búsqueda del rendimiento inmediato y las angustias cortoplacistas del voluble...
  • La piel de Michael Jackson   Ocurrió el 27 de enero de 1984. Michael Jackson filmaba un comercial para Pepsi Cola en el Shrine Auditorium de Los Ángeles cuando, durante la sexta toma del rodaje,...
  • La llave, el reguetón y la carroña   Hay una enorme disparidad numérica entre los que ahora reclaman enardecidos que le quiten las Llaves de Miami al dúo Gente de Zona y los que no dijeron nada...
  • Video: Nieto de Castro con Gente de Zona y los Yankees   El nieto y guardaespaldas del gobernante cubano Raúl Castro, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, alias ‘El Cangrejo’, apareció este miércoles bailando reguetón con el grupo Gente de Zona, y portando...
  • Bebo Valdés, la música en el exilio   De Bebo Valdés, uno de los pianistas más importantes que ha dado Cuba, uno de sus grandes músicos de todos los tiempos, apenas si se habla en las calles...

Alfredo Rodríguez vs Alfredito Rodríguez

Alfredo Rodríguez vs Alfredito Rodríguez
septiembre 10
08:16 2015

 

“Muchos piensan que lo más difícil es cruzar la frontera. Para mí era dejar mi familia atrás”.

Rodríguez se arriesgaba a no poder regresar a Cuba nunca más, o lo que era peor, a ser deportado a la isla, donde le esperaba el ostracismo profesional entre otros castigos y sepulturas por intentar quedarse fuera de su país. No miró atrás, estaba decidido a cruzar la frontera de México. Aprovechando que se encontraba en una gira artística donde acompañaba como pianista a su padre, voló sin compañía hasta la ciudad fronteriza de Nuevo Laredo. Pero un cubano capaz de correr ese riesgo no sólo se enfrenta con las nombradas incertidumbres, le acechan Los Zetas, narcotraficantes, pandilleros, y existen testimonios de que hasta las autoridades lo extorsionan. Muchos cubanos son apresados por no tener papeles. Él tuvo mejor suerte, tan sólo fue arrestado en el aeropuerto y, tras muchas horas en la sala de interrogatorios, consiguió convencer a las autoridades para que le permitieran pisar suelo norteamericano, acompañado de un austero equipaje lleno de partituras. “Yo vengo aquí a cruzar la frontera, y si no me dejan cruzar hoy, voy a intentarlo mañana y pasado”. Así les dijo. Todo por una causa irrefrenable: su música y el ahora.

Dos días antes de la celebración de los Grammys 2015, viajé de Barcelona a Los Angeles para entrevistarle por su nominación en la categoría “Mejor arreglo, instrumental o a cappella” de la canción “Guantanamera”, incluida en su álbum The invasion parade. Yo, una cubana de otra generación, también me quedé en el país que pude, a sabiendas de que no me dejarían entrar en Cuba durante varios años sin ver a mi familia. Esta vez, sin aparente discriminación, pude pasar los controles aduanales de los Estados Unidos gracias a mi pasaporte español. Había volado muchas horas desde Europa para reunirme con el pianista, arreglista y compositor cubano Alfredo Rodríguez, quien desde 2009 eligió residir en Los Angeles, California, después de su difícil experiencia migratoria.

Para la entrevista me recibió en un lugar muy especial y crucial en su carrera, las oficinas de Quincy Jones, el impulso determinante por el que estuvo dispuesto a arriesgarlo todo, y con quien mantiene más que una relación profesional. Ellos son esa familia que encuentras y eliges en el transcurso de la vida y en la pasión por la música que derrumba los muros más insospechados. Se conocieron en 2006 en el Festival de Jazz de Montreaux, y se eligieron cuando Quincy, totalmente impresionado por el talento de Alfredo, le manifestó su interés de trabajar con él e impulsarle en su carrera. Alfredo, después varios intentos y de largas conversaciones, nunca pudo trabajar con Quincy mientras vivió en Cuba; los molinos quijotescos que encontraba a su paso, lo llevaron a planear en silencio una salida.

El piano en las manos de Alfredo se manifiesta como un instrumento de percusión, quizá porque su sueño de niño era tocar la batería, pero en la escuela elemental a los siete años sus padres lo matricularon en piano, pues no se podía estudiar la batería hasta los diez. Fue así como se inició en la música. Sin embargo, llegada la edad para poder cambiarse de instrumento, el niño ya estaba absolutamente conectado en una indisoluble relación con el piano, un elemento que se han convertido en parte de su organismo, un amplificador de sus pulsaciones. Reconocible por su complejidad armónica y contrapunteos, paradójicamente su primera maestra de piano le dijo a su padre que la música no era el mejor camino para Alfredo.

Un padre que se había convertido en un cantante notablemente reconocido en la isla, en el más grande icono de la canción romántica y aclamado baladista, Alfredito Rodríguez. Él conquistó durante años al público con su carisma y canciones, e incluso como conductor de TV.

No es una sorpresa la tendencia de muchos artistas hijos de grandes figuras que intentan desligarse del estigma de su apellido y dejar claro que el mérito de sus logros es propio, una legítima y plausible sed de independencia que responde a la necesidad vital de un sello personal. Sin embargo, el pianista destila auténtica dulzura al mencionar el nombre de su padre, idéntico al suyo, del cual se siente entrañablemente orgulloso.

Su infancia fue feliz no sólo por lo mimado que puede llegar a ser el hijo de una estrella por su comunidad y los privilegios intrínsecos de la popularidad, sino porque desde muy pequeño, además de la admiración por un padre realizado, compartieron en la práctica la pasión por la música, incluso tocando en la orquesta de Alfredito. Si bien es cierto que el pianista Alfredo es generacionalmente menor, él se ha desligado artísticamente (quién sabe íntimamente) del diminutivo por el que se conoce a su progenitor; no es la única diferenciación que los identifica, ellos representan musicalmente caminos y estilos muy distintos, aunque han confluido y estarán ligados para siempre.

En común tienen la sorprende conexión con el público, la belleza interior y la constancia de quien sueña y se supera no importa cuán grande sea el obstáculo al que deba enfrentarse. Quizá algunos recuerden cómo el mediático Rodríguez padre, quien provenía de una familia humilde, a pesar de su éxito protagonizó una historia de duelos en los que tuvo que batirse por sus sueños: primero cuando su profesor de canto del coro de la Ópera le dijo que se dedicara a otra cosa, que no servía para ser cantante: más tarde se convirtió en el cantante más popular de la isla durante varias décadas.

Después llegaron los constantes ataques en los medios de prensa oficiales del Estado, pero el público le seguía queriendo, llenando los estadios de sus conciertos. Sobrevivió a las críticas a su indumentaria, le daban órdenes de cortarse el pelo y de no ponerse sus americanas elegantes y cruzadas con el absurdo argumento de que consumían demasiada tela en su confección. Sufrió las acusaciones de hacer canciones ridículas que deformaban el gusto de la población, prohibiciones de varias de sus canciones en la radio que recuerdan aquella anécdota cuando se presentó en la emisora Radio Progreso con un bate de béisbol, movido por la impotencia a pedir explicaciones porque le habían prohibido sus canción “Buena persona”, una situación que disparó su sistema nervioso, llevándolo al extremo sicológico. La injusticia le produjo un exabrupto que no desencadenó la violencia, pero condujo al cantante a la sala de urgencias de un hospital, por el estrés al que había estado sometido.

Según entrevistas que se le han hecho, Alfredito alega que la prohibieron por el hecho de que la canción se hizo tan popular que llegó hasta la iglesia. Las más jóvenes generaciones de cubanos no lo recuerdan, pero la isla que se inclinó al Papa Juan Pablo II hasta poco tiempo antes había repudiado severamente a quienes públicamente se manifestaban religiosos. La religión se había convertido en una práctica secreta por temor a las nefastas consecuencias en el ámbito social y profesional, era un tema del que no se podía hablar y era aconsejable no ser visto entrando en una iglesia, tampoco saliendo de la consulta de un babalawo.

El cantante, además de ser religioso, lidiaba con trabas constantes por parte de los censores en Cuba. Aparecieron otra vez los problemas cuando conducía uno de sus programas, “La diferencia”, un espacio que apostaba por la libertad de expresión, donde Alfredito no vetaba declaraciones como las de la poetisa Carilda Oliver, quien dijo que para ella tenía el mismo valor Mario Benedetti que José Angel Buesa, un poeta cubano del exilio anulado por la censura y que era conocido como el poeta enamorado.

Era previsible que el excelente instrumentista Rodríguez hijo, con semejante influencia paterna de superación, no haya escuchado a su primera maestra de piano, posicionándose como uno de los pianistas revelación del jazz cubano contemporáneo en el panorama internacional. Ya en las puertas de la treintena, su notoriedad aumenta con dos magníficos discos en el mercado y una nominación a los Grammy. Suma que su productor y mentor, el gran Quincy Jones, ha voceado a los cuatro vientos que estamos ante “uno de los pianistas de jazz más prolíficos y talentosos del siglo XXI”. Podemos coincidir o no con Jones, pero es su criterio realmente considerable.

DSC_1777 (1)

Quincy representa otro sueño realizado a base de talento y constancia, proviene de una familia muy humilde de Southside de Chicago, existen testimonios de su infancia realmente duros. En su autobiografía nos revela una etapa de su vida de extrema pobreza: “Comíamos ratas porque mi abuela sabía cómo cocinarlas. Pero, sobre todo, comíamos ratas porque era lo único que había para comer”. Después de superar muchas vicisitudes, se ha convertido en un importantísimo compositor, arreglista, productor, director de orquesta y empresario. Su extensa relación con la música, rodeado siempre de sus mejores exponentes, bastaría para avalar su afirmación. Él es una autoridad, un nombre indispensable y activo en la historia de la música contemporánea. Sería un sacrilegio omitir el dato, por repetitivo que sea, de que Quincy fue el productor de Thriller de Michael Jackson, reconocido como el disco más vendido de todos los tiempos. Pero sobre todo, es difícil refutarle por una sencilla razón, y nada tiene que ver con su prestigio: simplemente detenerse a escuchar a Alfredo Rodríguez puede ser una de las experiencias más sublimes de nuestra memoria.

La aportación es pobre si hacemos comparaciones, probablemente estaréis pensando en muchos otros nombres que se han ganado a pulso ser considerados de las o los mejores pianistas del siglo. Es al margen de la técnica y la innovación, una afirmación que tiene que ver con la capacidad de estos músicos de emocionarnos, y esta capacidad en Alfredo alcanza la plenitud con su virtuosismo. Pero afirmar algo así depende también de nuestro propio background, por tanto una vara de medir muy subjetiva. Midiendo el de Quincy, oh Dios mío, ¿cómo contradecirle?

Pasear por las influencias que configuran la fuerza interpretativa de Alfredo, puede ayudarnos a conocerle mejor y a no guiarnos por cabezas ajenas. Está además de la transmisión de su padre, por descontado la música clásica adquirida desde su temprana formación en Cuba. No es una novedad la extensa tradición pianística de la isla, y el ejército de excelentes intérpretes dentro del mundo clásico que han percutido las cuerdas magistralmente, extrapolando a su vez esas enseñanzas hacia otros géneros. Y no se trata de un logro de la llamada “revolución” de 1959, es algo que viene aconteciendo desde el siglo XIX; nombres como Manuel Saumell, muy respetado como compositor, Cecilia Arizti, magnífica compositora y pedagoga, o Ignacio Cervantes, uno de los más prestigiosos e importantes músicos de esta saga, podrían hacer un extenso recorrido hasta nuestros días. Ellos son apenas tres grandes referentes, pero, ¿quién podría pasar a otro tema sin mencionar al prodigioso Lecuona?

De la clásica Alfredo confiesa tener una fuerte conexión con el barroco, esencialmente influenciado por Bach, siente que la música barroca tiene que estar presente siempre en su búsqueda y por supuesto la música cubana. Pero la improvisación la conoció cuando cayó en sus manos el disco de uno de los maestros del jazz de vanguardia.

Ocurrió en su adolescencia, cuando su tío permutó a una casa nueva y le regaló un disco que los anteriores inquilinos habían olvidado. Ese accidente abrió para el joven un inagotable “jardín de las delicias”, se trataba de la obra maestra The Köln Concert, de Keith Jarret, el álbum de jazz solista con mayores ventas de toda la historia, de una improvisación infinita que va desarrollando hasta redundar en un ciclo armónico en dilatadas fases de tiempo. Este histórico disco sorprende en sus tres partes, dejando instaurada en el imaginario colectivo la memorable “Parte I”, donde Keith improvisa durante varios minutos suspendiéndose entre los acordes Am7 (La menor séptima) y GM (Sol mayor). Jarret, como Alfredo, tiene una fuerte conexión con el barroco de Bach. Keith suele vocalizar de forma expresiva cuando toca. Alfredo en cambio baila tocando.

El percusionista que hay en el pianista, quizá le aproxima a libertad de Thelonious Monk, un genio por el que siente especial predilección. Alfredo siempre lo asocia a un rumbero, concretamente a un quintero, por el hecho de que una de las tres tumbadoras en la rumba cubana es el quinto, y por ese ritmo donde Monk saca y mete la mano en el piano, como lo hacen los rumberos cubanos.

La autora junto a Alfredo Rodríguez

La autora junto a Alfredo Rodríguez

Nombres como Prokofiev, Stravinsky, Messiaen, Bela Bartok, también son influencias que configuran a Alfredo, probablemente esa sea una de las causas de su enfoque disonante de la Guantanamera de Joseíto Fernández (1920). Otra es que la modernidad de la Guantanamera que interpreta Alfredo, proviene de su experiencia de vida, de su generación, la mujer de hoy que él conoce, con las preocupaciones de su tiempo, con otro universo y realidad. Una Guantanamera que ha pasado de mano en mano, que ha sobrevivido a través de las incontables interpretaciones que se han hecho en todo el mundo desde su creación, acumulando en cada una de ellas una transformación, y que llega hasta aquí ecléctica, renovada por la visión particular de Alfredo, que bien merece su nominación.

Dentro del disco, la “Guantanamera” está acompañada de otros arreglos como “Veinte años”, “Quizás, quizás, quizás”, el tema “A Santa Bárbara”, donde hizo un homenaje cuando todavía vivía a Celina González, una de las más grandes figuras de la música campesina cubana, quien estuvo también nominada al Grammy Latino en 2001 por su disco “50 años como una reina”. En el álbum conviven otros temas inéditos de Alfredo como “El Güije”, “Snails In The Creek”, “Cubismo”, “The Invasion Parade”, que es el título del disco donde logra transmitir la energía de la conga santiaguera, inspirado en el tradicional desfile del carnaval de Santiago de Cuba para conmemorar el final de la Guerra de la Independencia. En la grabación confluyen ritmos cubanos y sonidos latinos mezclados con el jazz, e incluso impresionantes relámpagos de la música electrónica en su composición “Timberobot”.

Para lograr el mestizaje de las raíces afrocubana con el jazz, el oleaje electrónico y el preciosismo vocal, cuenta en el disco con invitados de primera línea como la bajista y vocalista Esperanza Spalding, el percusionista y vocalista Pedrito Martínez, Henry Cole en la batería, los saxofonistas Billy Carrion y Roman Feliu, Javier Porta en la flauta y el bajista Peter Slavov.

Visitar a Alfredo fue una jornada extraordinaria, me incluyó en su universo del que aún no consigo ni quiero salir, su pasión y nobleza nos ancló sin resistencia. Ya habíamos terminado la entrevista y él tenía aún un cargamento de transmisión, sabía que no sólo me estaba hablando a mí y a los seguidores de mi proyecto cultural Papito Project Más Que Cultura. Sabía que estaba de alguna forma vertiendo en un recipiente su esencia para los músicos del mañana. Fuera y delante de las cámaras, pudimos hablar de muchísimos temas, de su gusto por la poesía, su necesidad de seguir creciendo musicalmente, acerca del trabajo de otros músicos de su generación, la música que escuchaba en su casa familiar, la preocupación por su país, del que piensa debería como mínimo cambiar de problemas, considera que llevamos demasiados años con los mismos. A pesar de que lo ha asumido, no comprende por qué hay leyes que le impiden regresar a su país y tocar para el público con el que creció. Sus palabras y mirada emiten el sonido de un rapsoda romántico, y eso sólo es posible porque Alfredo Rodríguez es esa “Buena persona” que su padre Alfredito diseñó en aquella canción que fue censurada en la isla, no hay más que recordar una estrofa de su letra:

Ayer tuve un bello sueño

y quise no despertar,

soñé que todos los hombres en esta tierra se iban a amar,

con una sola creencia y una sola religión,

tener abierta la mano para estrecharla con mucho amor.

Yo quiero soñar despierto y que mi sueño sea realidad,

yo quiero que no sea un cuento, quiero que sea pura verdad

quiero que cante mi canto, todo el que sea “buena persona…

—————————-

El contenido de esta entrevista forma parte del documental “Un sueño cubano”, que está en producción bajo la dirección y guión de Selene Perdomo Chacón.

Papito Project Más Que Cultura

Sobre el autor

Selene Perdomo Chacón

Selene Perdomo Chacón

Selene Perdomo Chacón es una activista cultural, creadora de Papito Project Más Que Cultura, un proyecto que brinda soporte y difusión a los artistas de diferentes disciplinas, y que presta atención especialmente a la música y la cultura cubana fuera de sus fronteras. Realizó estudios en la ENA de Cuba, en el Estudi Formaciò de l'actor Nancy Tuñón de Barcelona y es licenciada del Institut del Teatre de Barcelona en la especialidad de Dirección Escénica y Dramaturgia. Directora de la compañía Teatro Fragmentario Selene CIA. Actualmente realiza su primer documental musical como directora y guionista.

Artículos relacionados

2 comentarios

  1. DAMIAN MONTERO
    DAMIAN MONTERO julio 19, 21:02

    Gracias ,excelente articulo autenticamente cubano.

  2. DAMIAN MONTERO
    DAMIAN MONTERO julio 19, 21:08

    Admirable.Sigo a Alfredo padre hace mas de 20 anos cdo Alfredo hijo siendo un adolescente acompanaba a su padre se sabia q llegaria lejos.Gracias un bello articulo.

Escriba un comentario

Radio Viva 24

Trasladar la embajada americana a Jerusalén contribuye a la paz – por Carlos A. Montaner

Letras Online

LA REVISTA INTERACTIVA DE NEO CLUB PRESS
  Juan Carlos Recio

Sonámbulo

Juan Carlos Recio

                  Si fuera el enemigo al que le quebré su corazón cuando lo resucitaba de su propia violencia. Si pudiera mirar en

Leer más
  Manuel Vázquez Portal

Celda número cero (XIX)

Manuel Vázquez Portal

                  Yo asesiné en París a una muchacha, le recité a Verlaine, la llevé a Montparnase, ella creyó que estaba ingrávida en

Leer más
  Armando Añel

El poeta está de guardia

Armando Añel

La irreverencia de la perspectiva y el lenguaje, narrativa lúdica donde la forma cabalga el contenido y ambos desembocan vertiginosamente en la anécdota, caracteriza a El guardián en la batalla,

Leer más

Capitolio de La Habana – Daphne Rosas (2011)

Festival Vista Miami