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Almelio Calderón Fornaris: Poniendo orden en sus tierras

Almelio Calderón Fornaris: Poniendo orden en sus tierras

Almelio Calderón Fornaris: Poniendo orden en sus tierras
febrero 01
12:30 2014

PORTADA-LIBRO-Almelio (2)En eso que llamo una modernidad retenida me sostengo, levitando a la vez que diviso nuevos y más novedosos artilugios, todos con la expectativa de mejorar nuestra experiencia  como lector, liquidar el libro tal como lo hemos conocido. Quizá sea importante resaltar que siendo un hombre semi-autodidacta, pues autodidacta jamás se puede llegar a ser completamente, ello influya en mi corta visión de editor, la terquedad del guajiro descreído y curioso que sigo siendo.

“La vida humana representa, la mayor parte de las veces, una ecuación entre el pasado y el futuro”. José Ingenieros

Mi decisión para continuar con la publicación, el atrevimiento de proponer en un mundo donde la poesía importa cada vez menos, y autores que no están dentro de los magros circuitos de las grandes editoriales, la industria, padecen el más delicado de los silencios, se debe también a la confianza y, sobre todo, la necesidad de hacer visible a determinados escritores que sencillamente no entran dentro del juego establecido y por ende no están ni en los centros espirituales, que se suele decir en el ambiente afrocubano de donde vengo.

Porque más allá de la voluntad del escritor para desaparecer, que en este libro el prologuista asevera,  también lo desaparecen.

En el año 1988, si mal no recuerdo, fue que escuché  los poemas de Almelio Calderón Fornaris, y no fue precisamente de su voz. Tal como hoy Pedro Marqués de Armas estaba para sacarlo del apuro, poner el tono y el sonido.

Aunque ya Almelio superó la etapa en que otros leían sus versos, mientras él miraba con cara de no romper un plato, de niño bueno al que nadie calcula sus aventuras, hasta que no las cuenta, nos las escribe.

Ahora se entrena, llama por teléfono para darte la certeza: oye, ya estoy preparándome, tengo repasados los poemas que voy a leer. Lo que trasmite además una seguridad que es importante destacar. Un cambio que confirma aquella máxima esgrimida por otro amigo de verso con seso, contra la delgadez que alguna vez tuvo Pedrito, “la poesía se hace con el cuerpo”. Almelio, el tranquilo chico que ni siquiera leía sus poemas fue el primero en zarpar de otros muchos que nos creímos, quizá, más duros. Y quemó las naves hasta que entendió que su casa no era un regreso, era siempre una llegada. Almelio, el trabajador de labores agrícolas, agrimensor del tiempo acopiando en su silencio una obra, un testimonio original, con la luz de estar siempre en crescendo: la poesía de Almelio, antes más de gestos para adentro, poblada de un surrealismo, absurdo divertido, de abundantes palabras que procuraban definir una imagen,  con el tiempo se ha ido economizando, rasurando, poniendo conocimiento en el relato, en la poesía.

Palabras leídas durante la presentación del poemario “De la pupila del ahorcado” (Efory Atocha Ediciones), de Almelio Calderón Fornaris, el 30 de enero pasado en la Sala Cervantes de la Casa de América, en Madrid.

Madurez, le llaman, yo prefiero pensar en horizontes.

Entonces estamos aquí para ratificar nuestro compromiso con la Poesía hecho hace ya más de 25 años, en una casona de provincia, en un festival de poetas jóvenes en el Caribe. No estoy seguro si hago bien en no escuchar augures avisos sobre la inutilidad de mi ejercicio, trayendo más papel que, también dicen, solamente será ventajoso para contaminar nuestro encogido planeta.

La buena literatura mancha hoy más que nunca.

Tengo el convencimiento sin embargo de saber detectar la poesía, un largo olfato para el verso auténtico. Soy incluso capaz de más: reconozco en ella el agotamiento, cualquiera de las ranuras naturales que con el tiempo la permean. ¡No todos salieron a salvo de las abundantes antologías de los ochenta! Aquella manera de maratonear al bulto a los que escribían.

Reconozco igualmente a salvo a Almelio de las superfluas modas, de cualquier decadencia, falta de vigor en su escritura.

Sigue teniendo la misma intuición, más ingenio que cualquiera.

Presumo que para libros así, por autores como Almelio, percuto en la edición, la poesía.

Sobre el autor

L. Santiago Méndez Alpízar/ Chago

L. Santiago Méndez Alpízar/ Chago

L Santiago Méndez Alpízar (Las Villas, 1970) es escritor y editor cubano. Ha publicado los poemarios “Plaza de Armas” (Letras Cubanas), “Rockason con Virgilio Piñera” (Editorial Betania), “Bagazo (poemas íberos)” (Efory Atocha Ediciones) y “¿Entonces, qué?”, antología de tres libros escritos entre 1994 y 2006 (Editorial Verbum). Reside en Madrid desde 1996, ciudad donde dirige Efory Atocha Ediciones y edita el sitio homónimo (http://www.eforyatocha.com/).

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