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Amazon, los eBooks y la gran ruptura

Amazon, los eBooks y la gran ruptura

marzo 07
15:19 2012

1-1_amazon-kindleEn los últimos doce meses, nunca he comprado menos libros impresos y nunca he leído tantos libros. Ahora leo libros electrónicos. Mi biblioteca personal me acompaña a todas partes en mi iPad, iPhone y en “la nube”, lo que me permite cambiar de dispositivo de lectura según las condiciones lo exijan. También tengo un Kindle que utilizo sobre todo durante el verano, para leer a plena luz del día, porque en un iPad no se puede leer en una terraza soleada.

No me interesa el dispositivo mismo, dejo que el mercado decida, pero me preocupan algunas funciones clave: la calidad de la pantalla me es esencial: la del iPhone con luz propia es imbatible, y el Kindle de tinta electrónica es simplemente perfecto con luz natural. Debido a que a menudo devoro al menos dos libros al mismo tiempo, no quiero pasar trabajo para aterrizar en la página que estaba leyendo cuando cambie de dispositivo. El dispositivo debe recordar dónde me quedé en la lectura, y la mayoría de las veces, lo hace.

Soy un converso a los libros electrónicos. No por ideología (me encantan los libros de árboles muertos, y me gusta regalarlos a amigos y familiares), sino por puro pragmatismo. Los libros electrónicos son ideales para la compra por impulso. Digamos que leo un cuento en una revista y encuentro al autor particularmente brillante, o quiero profundizar más en cierto tema. Pues corto y pego en la librería Kindle de Amazon o iBooks de AppleBooks y un clic más tarde el libro es mío. La mayoría de las veces es mucho más barato que la versión impresa (especialmente en el caso de los libros importados).

Esto nos lleva al siguiente pensamiento acerca de la próxima ruptura que causarán los eBooks: ¡todavía no hemos visto nada! Hace dieciocho meses se me pidió que organizara una mesa redonda acerca de los libros electrónicos para el Foro de Avignon (encuentro cultural ultra-elitista establecido en el Palais des Papes). Mientras preparaba el evento visité a la mayoría de los editores franceses y comprendí lo ciegos que estaban sobre el terremoto que se avecinaba. Consideraban su capacidad de alinear a grandes autores como un dique contra el tsunami digital. En sus mentes, podrían en algún momento lograr un acuerdo con Amazon o Apple a fin de canalizar la distribución digital de sus obras para que la leyeran cretinos como yo. Pero el grueso de su producción quedaría sabiamente apilada en los estantes de las librerías. Demasiados editores profesionales confiaban en una transición suave.

Cuán equivocados estaban.

En menos de un año el terreno ha cambiado de una manera que los jugadores no previeron. Y que causó la desintegración de la industria editorial, alterando los componentes claves de la “cadena alimentaria”, tales como la estructura de los negocios y los acuerdos de distribución.

Consideremos lo que está pasando con la autopublicación.

La “publicación de vanidad” había sido vista a menudo como la manera más miserable de  aterrizar en un estante de librería. En un país como Francia, con una fuerte historia de editoriales magistrales, confesar que un libro se había publicado a expensas del autor, causaba un repudio social. En el Reino Unido o los Estados Unidos ya no es el caso. Los blogs y publicaciones están llenos de historias sobre textos exitosos venidos de no se sabe dónde, así como de autores destacados que brincaron al “hágalo usted mismo”, saltándose al agente y al editor.

Y adivinen, ¿quién fue el gran acelerador de esta tendencia? Amazon. Para tener una idea hay que leerse estos dos artículos del The New York Times del pasado octubre: Amazon Signs Up Authors, Writing Publishers Out of Deal (Amazon firma acuerdos con autores dejando fuera las editoriales), y un reciente artículo de portada de Bloomberg BusinessWeek: Amazon’s Hit Man (El asesino a sueldo de Amazon). El villano de esas historias es el ex-agente literario Larry Kirshbaum, contratado en mayo pasado por el gigante electrónico minorista para acorralar a escritores famosos con anticipos de seis cifras. (Por cierto, el artículo de BBW lleva como subtítulo “Una historia sobre libros, traición y conspiración secreta (supuesta) para destruir la literatura”). Por supuesto, también puede usted leer sobre el éxito de Amanda Hocking en The Guardian.

Esto es lo que está sucediendo:

Amazon tiene la intención de hacerse cargo de la mayor parte de la industria editorial capturando las capas principales de intermediarios. En algún momento Amazon se apropiará de los buscadores de talento de la “cadena alimentaria” de clase alta mediante el despliegue de agentes bajo la dirección del Sr. Kirshbaum y sus delegados regionales. Respecto a la clase baja, una empresa de alta tecnología como Amazon está bien posicionada para monitorear y detectar tempranamente en tiempo real a un autor que gana terreno en las ventas electrónicas, provoca agitación en la blogosfera o suena en las redes sociales. Explicar este proyecto a un editor francés es como hablarle en urdú.

Para los autores, el crecimiento de la publicación electrónica hace que el modelo de negocio sea cada vez más atractivo. A pesar de la deflación vertiginosa de los precios (con libros electrónicos que se venden a $ 2.99), los mayores volúmenes y el mayor porcentaje de regalías cambian el juego. En la historia de Amanda Hocking, demasiado buena para mostrar como ejemplo, veamos la matemática como la explica el artículo de The Guardian:

Aunque el precio de $ 2.99 es módico comparado con los $10.00 o más que se cobra por los libros impresos, la Hocking obtuvo una proporción mucho mayor por los derechos de autor. Amazon le daría un 30% de regalía por los libros de 99 centavos, llegando al 70% para las ediciones de $ 2.99, una proporción mucho mayor que el tradicional de 10 o 15% que las editoriales asignan a sus autores. No hay que ser un gran matemático para comprender el atractivo de estas cifras: 70% de 2.99 dólares es igual a $2.09; 10% de un libro de bolsillo a un precio de $9.99 son 99 centavos de dólar. Multiplique por un millón —el pasado noviembre Hocking entró en los sagrados recintos de la Kindle Million Club, con más de un millón de copias vendidas.

Una vez más los aspirantes a autores (también los consagrados) necesitan sosegarse cuando ven estas cifras. El Club del Millón de Kindle mencionado anteriormente sólo cuenta con 11 miembros hasta la fecha, y la mayoría eran anteriormente best-sellers en el mundo del libro físico.

Pero en algún momento el iceberg se volcará y el libro electrónico se convertirá en el principal motor del mercado editorial. Los autores irán primero a la tecnología digital, y los más exitosos conseguirán un contrato para publicar el libro tradicional con los editores existentes.

Los cambios son inevitables. Y a veces suceden de manera brutal.

Publicado originalmente en Guardian.co.uk. Traducción: Kiko Arocha

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