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Ángel Velázquez Callejas y la incertidumbre del infinito

Ángel Velázquez Callejas y la incertidumbre del infinito

Ángel Velázquez Callejas y la incertidumbre del infinito
Septiembre 13
12:59 2014

Ángel Velázquez Callejas no solo es prolífico, sino fundamentalmente profundo. En ocasiones sus textos conforman un laberinto de muchas variables y quizás de difícil aprehensión. No obstante, se trata de un pensador para ser releído, entonces se puede sentir un éxtasis metafísico que, en mi criterio personal, se acerca mucho a eso que he identificado siempre como “sentir a Lezama”.  Al acercarnos a Velázquez Callejas nos va embriagando un descomunal y delicioso terror en la medida en que vamos sabiéndonos ante la incertidumbre del infinito.

Si tuviera que clasificar (cosa que no me gusta mucho), si no me quedara opción, diría que la filosofía íntima de este ensayista irremediable (porque él es, por encima de todo, un ensayista) viene a ser la duda, la duda de Todo. Ello es lo que hace que su palabra vaya ahondando, penetrando hasta consumir los recursos humanos de una manera de pensar que lo abarca Todo. El ensayo El silencio de Jesús, la verdad de Cristo, por ejemplo, responde a esas ideas ocultas que este historiador ya hace bastante tiempo está dejando salir en una obra tan personal como plural.

La duda aquí, el escepticismo de Callejas, se vuelca hacia lo infinito; en mi caso muy específico, me hace sentir el espíritu propio de la palabra. Es cuando descubro que la palabra, incluso la mínima palabra, tiene su vida individual, semántica, pero al mismo tiempo forma parte, o más bien se concatena de una manera invisible, quizás, con esas mónadas de Leibniz en un intento (o hecho real) de mostrar la descomunal infinitud de la palabra-mónada. Cada palabra es un fragmento individual pero insólito del Todo, y Callejas lo detecta, lo sabe, y aun más, lo siente y lo expresa. De aquí que toda su ensayística esté llena de vericuetos con vectores que apuntan hacia el universo. Leerlo es como sumirse en un estado de vigilia al acecho de encontrar afinidades y divergencias.

Pero realmente creo que el hilo conductor de este escritor a toda prueba es la duda, tanto cartesiana como borgiana como lezamiana: una duda esencial. Y es por eso que a sus lectores nos pone siempre en ascuas, en la divina incertidumbre y la intranquilidad pervertidora de nuestros propios lenguajes, de nuestros propios deseos de ser para descubrirnos a nosotros mismos y al universo que nos rodea.

Si tuviera que describir muy escuetamente quién es Ángel Velázquez Callejas, diría: Callejas = palabra = duda = universo = Dios. Y me quito el sombrero.

Sobre el autor

Manuel Gayol Mecías

Manuel Gayol Mecías

Manuel Gayol Mecías, escritor, investigador literario y periodista cubano, ganó el Premio Nacional de Cuento del Concurso Luis Felipe Rodríguez de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) en 1992, y en el año 2004 el Premio Internacional de Cuento Enrique Labrador Ruiz del Círculo de Cultura Panamericano de Nueva York. Ha publicado, entre otros libros, “Retablo de la fábula” (poesía), “Valoración múltiple sobre Andrés Bello” (investigación), “El jaguar es un sueño de ámbar” (cuentos), “Marja y el ojo del Hacedor” (novela) y “La noche del Gran Godo” (cuentos). Reside en California.

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