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Apuntes para una dama de honor

Apuntes para una dama de honor

Apuntes para una dama de honor
julio 05
14:16 2014

Sucede a veces. Un escritor se interesa especialmente en nuestra lectura y tal deferencia nos coloca en el lugar de destinatario comprometido. Y es claro que cada libro que llega a nuestras manos por medio de semejante deferencia, merece especial atención. Fue así que Leonor Acuña de Marmolejo, escritora colombo-estadounidense, me convirtió en destinataria comprometida a través de la deferencia de poner en mis manos su más reciente libro: La dama de honor y otros cuentos, publicado en Miami, junio del 2014, con el sello de René Mario, editor independiente.

El libro, cuya portada ilustra Leonora con un cuadro de su autoría, “La dama de honor”, llega como la del cuento que confiere título al libro, en compañía del elogioso prólogo de José A. Albertini, escritor y periodista cubano. Sería ahondar en lo ya dicho por Albertini, destacar aspectos que el prologuista toca eficazmente además de aportar un referente particular para cada uno de los cuentos, motivo por el que si desea el eventual lector ponerse al tanto de tales particulares, deberá, supongo, adquirir el libro en cuestión.

A mí me toca, a pedido de la Sra. Acuña, hacer referencia escrita a la impresión que, de forma personal, devino de la lectura de su libro. Para ello voy a valerme de la misma sencillez con que la autora relata.

Los cuentos de Leonora por su construcción de inicio a fin, dan llana y matemática fe del género al que se suscriben. Todos con comienzo, nudo y desenlace; todos historias que carecen de elaboración o de complicaciones tanto en la trama como en la escritura; todos cuentos cortos que,  a pesar de estar escritos en la actualidad, desde el primero hasta el último parecieran situarnos en otro tiempo frente al sillón del abuelo contador de historias; todos como aquellos que la manera de contar hizo parte de la tradición oral tanto en la nuestra como en otras lenguas y en las que el empleo de frases hechas a partir de adjetivaciones que marcan el territorio del énfasis a la vieja usanza y, desde el comienzo con el “érase una vez” (en los cuentos de Leonora descartado), lograron captar la atención de generaciones. Precisamente por alcanzar a gran diversidad de interlocutores ayudados por su aparente llaneza, han llegado a nuestros días adjudicándose merecido carácter de universalidad.

La dama de honor y otros cuentos es un título que sin dudas también parece tomado de otra época; más bien, parece suavemente sustraído a la costumbre de contar historias, al peso que de esa misma costumbre tenía la ubicación de las  palabras, el color de las palabras y el énfasis de las mismas para poder sustituir las imágenes a base de robustecer la narrativa. Y ello por medio de acentuaciones marcadas con el poder de la expresividad oral, a partir de adjetivos y técnicas gestuales que generasen un escenario anímico, espiritual y especulativo alrededor de una trama que, ya fuese por real o por imaginaria, estaría incuestionablemente ligada a un precepto de universalidad por su natural encabalgamiento logrado desde la vida misma.

Tal es la manera en que Leonora Acuña, que también es pintora, como debe hacérnoslo suponer “La dama de honor” antes citada, hace valer ese precepto como vector entre la narrativa de tradición oral –que en este caso, el de Leonora, debe prescindir del arte gestual– y su particular manera de instalarla en sencillas pinceladas que reproducen la pintura que es la vida cotidiana a pesar de que estas pudieran ser concebidas en el imaginario.

Nuestra autora, en su llana manera de contar, reviste lo tangible y palmario de esa actualidad a la vieja usanza y, afincada en una escritura sin artificios, sin rebuscamientos, la recubre con especial tinte de arcaísmos para dar cuerpo a la argamasa que, teniendo lugar en nuestros días, entraña el arte de los abuelos contadores de historias de otro tiempo. Aquellos que lograban reunir familias enteras y vecinos en especial sintonía, alentados por la dulzona sencillez de las palabras.

Sobre el autor

María Eugenia Caseiro

María Eugenia Caseiro

María Eugenia Caseiro nació en La Habana. Narradora, poeta, es Miembro Correspondiente de la Academia de la Historia de Cuba-Exilio, Miembro Colaborador de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE). Integra la Muestra Permanente de Poesía Siglo XXI de la Asociación Prometeo de Poesía, y el comité editor de La Peregrina Magazín. Es Miembro de la Asociación Caribeña de de Estudios del Caribe, de la Unión de Escritores y Artistas del Caribe y de la Unión Hispanoamericana de Escritores. Ha publicado “No soy yo” en edición bilingüe (español y rumano), 2005; “Nueve cuentos para recrear el café” en edición bilingüe (español y francés), 2010; “Escaparate, el caos ordenado del poeta”, en 2011, y “Arreciados por el éxodo” en 2013. Reside en Miami.

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