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Armando Añel: La absurda certeza de la muerte

Armando Añel: La absurda certeza de la muerte

noviembre 23
05:00 2012

1 ANNELEn medio de la noche y de la muerte, que es lo que tanto temen. En medio de la incertidumbre y la ansiedad, que genera el temor incesante.  Sobreviven. En medio de todo eso, del instinto de conservación que es atraso –una religión en sí mismo–, que patalea como el ahorcado colgando de la rama de cristal del arbolito de Navidad, la idea de poder morir algún día constituye sin embargo un absurdo porque, ¿cómo se puede temer lo que no se conoce o no se recuerda, aquello de lo que no se tiene experiencia alguna?

 No se trata de morir, sino de la idea de morir. Ese es el problema (la espada de Damocles). La absurda presencia vital de la muerte. Como afirmar que los marcianos son bípedos y verdes sin haber visto nunca uno. Si no conoces algo, ¿cómo puedes temerle, huirle, estresarte ante su supuesta proximidad? Es comprensible temerle al dolor, pero no a la muerte. El miedo a morir constituye una entelequia, una broma cruel de lo animal que desmiente siglos, milenios de evolución espiritual.

Háblame de tu estancia en el útero materno, en el vientre de tu madre, incluso de tus primeros años de vida. ¿Alguna vez miraste atrás mientras brotabas del corazón de tu madre?  ¿Cómo puedes garantizar que brotaste del corazón de tu madre? ¿Acaso no morías en lugar de nacer, puesto que no recuerdas nada? Y esos primeros tres años, o cuatro, o cinco, ¿los viviste realmente, puesto que no recuerdas nada, puesto que no conoces a Ciencia Cierta de ellos, puesto que no puedes asegurar que los experimentaste? Nada. La memoria no alcanza, no trabaja en esa zona del pasado que supuestamente alguna vez existió.

Te han hablado de esas cosas, te han mostrado incluso fotos, videos, ¿pero recuerdas algo? ¿Viviste algo formalmente? Entonces, ¿por qué le llamas vida? ¿Por qué no llamarle muerte a esa niñez primera?

Igual pasa con la muerte futura (si es que así puede llamársele). No la conoces. Nadie recuerda nada. Ni siquiera ha sido posible conservar imágenes. Por lo mismo, temerle constituye uno de los mayores absurdos registrados, asumidos, a lo largo de la historia por la cultura occidental, tan incapaz de quebrar la rama de cristal del arbolito de la que permanece colgada.

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