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Humor amargo, espíritu yacente

Humor amargo, espíritu yacente

Febrero 26
21:18 2012

1-0_aelEscucho sobre ataques contra esta página o contra creadores que publican en esta página, y me aburro. Hay que entenderlo después de casi tres años y dos blogs Cuba Inglesa seguidos. Ya sólo me entero por alguna que otra llamada de algún que otro amigo muy divertido ante la dependencia de los susodichos (que no por sus letanías en sí, siempre tan esquemáticas y previsibles).

No obstante, cuando esas letanías motivan, indirectamente, una observación al margen, ya es otra cosa. Algo es algo.  Así que aprovecho para deslizar una observación sobre el humor amargo que caracteriza a tantos cubanos (no sólo es cosa de “intelectuales”).

Le llaman “choteo”. Pero me parece, humildemente, que funciona mejor esta denominación de “humor amargo”. Y en el caso que nos ocupa (el de los que atacan obsesivamente a los colaboradores de Neo Club Press), pero también en muchos otros, constituye un mecanismo de defensa activado para combatir la sensación de fracaso que interiormente agobia al choteador, al envidiador. No hay alegría en el choteador, aunque intente vendernos lo contrario. El suyo no es un espíritu lúdico, la suya no es una existencia feliz. Este humor amargo no es más que la expresión de un derrotismo que se disfraza con el objetivo de soportarse. El escritor (el envidiador), pongamos, ha fracasado en tanto personalidad pública –según su estrecho concepto de lo que es el triunfo y el fracaso– , y tampoco ha conseguido crear una obra verdaderamente original, por lo que “se sabe” muerto. Entonces reacciona, sin reconocerlo, expulsando su frustración en forma de choteo.  Ya no tiene nada que decir y dedica sus esfuerzos a parodiar o atacar, tras invertir caudalosamente su tiempo en la lectura de lo que supuestamente desprecia, lo que dice el objeto de su rencor.

Es el lado triste, la cara oculta de la cibercomedia: descubrir cómo estas personas que “se saben” a sí  mismas fracasadas, que han aceptado amargamente que su “obra” –en la mayoría de los casos todo un compendio de repeticiones y expresiones de desilusión, reproche, etcétera— no es apreciada más allá de la pequeña piña a la que pertenecen, se echan a morir, a envidiar. Entrecomillo el “se sabe” precisamente porque estos envidiadores se creen muertos, aunque no lo reconozcan.

Habiéndose aferrado a un pasado colectivista, agitando currículos sobre los que cualquier persona sensata extendería un piadoso manto de olvido (nada más alejado de lo cubano que lo sensato), dependientes de un ayer histriónico que no volverá y que además constituía y constituye, en esencia, una falsedad –pues fue construido y lo sigue siendo sobre la mentira y la manipulación–, mueren en vida, esclavos de su ego fracasado, derrotado.

No entienden que hay futuro más allá y que pueden –tienen talento para ello– reinventarse. Pero les falta el valor y el instinto. Digamos que carecen del espíritu necesario.

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Sobre el autor

Armando Añel

Armando Añel

Armando Añel (La Habana, 1966). Ghost Writer, fue periodista independiente en Cuba. En 1999 recibió el Primer Premio de Ensayo de la fundación alemana Friedrich Naumann. Ha sido columnista de periódicos como Tiempos del Mundo, Libertad Digital y Diario las Américas, y editor de revistas como Perfiles, Encuentro de la Cultura Cubana, Islas y, actualmente, Herencia Cultural Cubana. Ha publicado las novelas "Apocalipsis: La resurrección" y "Erótica", la compilación de relatos "Cuentos de camino", los poemarios "Juegos de rol" y "La pausa que refresca" y las biografías "Instituto Edison: Escuela de vida" y "Jerónimo Esteve Abril, apuntes y testimonios", entre otros. Vive en Miami.

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