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Armando Añel: La indescriptible extinción del deseo

Armando Añel: La indescriptible extinción del deseo

abril 05
05:23 2012

1-0_1ANNELEl placer, la satisfacción, no son problemas en sí, más bien todo lo contrario –y abro refiriéndome a algo tan elemental para establecer, de inicio, por si las moscas, la diferencia: al placer y el deseo los separa el abismo de la realización–. El problema radica en el deseo, anterior al placer.

Vivimos secuestrados por el deseo. Somos, en aplastante mayoría, rehenes del deseo. De triunfar, de hacer dinero, de tener a una mujer o un hijo, de fumarnos un cigarro, de ser admirados o seguidos, de imponernos como referente… La imposición es deseo en tanto reflejo del anhelo egotista de primar, presente ya en los animales y los insectos. Por eso tanta gente sufre, llora, gime, pelea, envidia, se corta las venas. El sufrimiento es hijo del deseo. Desear es caer prisionero.

Ni siquiera la vejez nos libra de la esclavitud de anhelar. Sólo los iluminados, como Siddharta Gautama, están en condiciones de librarse completamente del grillete del deseo, es decir, de liberarse en la realización. Decía Gautama:

1. Toda existencia es sufrimiento (duḥkha).
2. El origen del sufrimiento es el anhelo (o deseo, sed, “tanhā”)
3. El sufrimiento puede extinguirse extinguiendo su causa.
4. Para extinguir la causa del sufrimiento, debemos acceder al nirvana.

¿Pero cómo aprender a hacerlo si el nirvana –estado trascendente, beatitud eterna– es indescriptible y sólo puede conocerse desde su experiencia?

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