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Armando de Armas y el posmodernismo

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Armando de Armas y el posmodernismo

Armando de Armas visto por Delio Regueral

Armando de Armas y el posmodernismo
mayo 15
05:08 2017

Publicada en el 2014 por la [madrileña] Editorial Atmósfera Literaria, adquirí la noveleta Caballeros en el tiempo, del narrador y periodista cubano Armando de Armas, en una reciente edición del concurrido Festival Vista sobre la literatura y el arte del exilio —celebrado en Miami bianualmente y dirigido por Idabell Rosales—, sin duda atraído por la nota de la contracubierta o contraportada, donde el editor escribe:

Jorge navega en una nave de guerra al frente de un comando que se propone desembarcar por la costa norte del oriente cubano como parte de una táctica de distracción. Mientras, en el centro de la isla, se desarrollan los combates de Bahía de Cochinos. Jorge se había propuesto liberar la isla, porque estaba convencido de que un hombre en el exilio era un hombre en dos mitades.    

Por su parte, Amadís, un proxeneta cubano, se encuentra en la Guerra Civil Española cumpliendo una misión muy distinta de la que le encomendara el Partido Comunista. Quería apartar a España de la orgía sangrienta en que chapoteaba a través del desenfreno libertario del sexo y el alcohol. Terminada la contienda, Amadís marcha a Cuba de donde escapa en 1994 en un barco secuestrado bajo los tiros y persecución de las naves guardafronteras.

Años más tarde, en ese incontrolado devenir del Tiempo, Amadís y Jorge regresan en lo que aparenta un nuevo amanecer para la isla.

Apenas comencé la amena lectura, pensé que Caballeros en el tiempo era un texto reciente por su filiación posmoderna; mas, por sus peculiares rasgos (hábil incongruencia, imaginativa estructura, continua acción como novela de aventuras y el desafío con el esquema de la historia de Cuba, aquí vuelta a contar con desenfado, a saltos y con a propósito disipada incoherencia, entre uno y otro siglo, período y etapa) solo en la página final (la 77) me enteré que había sido escrita durante los más duros años del absurdo Período Especial (o «Espacial», tal yo lo [re]nombraba cuando aún vivía en La Habana, en íntimos corrillos y entre confiables colegas, por recordarme el ambiente de una novela de Science-Fiction o Fantaciencia). De ahí mi asombro por la «iluminación» rimbaudiana del narrador, pues, en la Isla, sobre todo durante los aún más oscuros años de la mencionada etapa, era muy poco conocida esta importante corriente estética y, en particular, literaria. En consecuencia, tras poner el punto final a su obra, el escritor añade la siguiente aclaración: Armando de Armas en la ciudad de Cienfuegos, Cuba, y en enero 1992.

Ciertamente, el posmodernismo marca y fija su bien armada noveleta o «nivola», neologismo de Unamuno con el que subtitulara su Niebla (1907) afín de distanciarse de la novelística realista ad usum. De tal suerte, el también ensayista y poeta establecería su distintiva pauta, dando al traste con los tópicos del común canon surgido en el siglo XVII con la novela inglesa, francesa y española, y entronizada en la centuria del XIX, cuyas particularidades eran, a saber: la caracterización psicológica de los personajes, la ambientación realista, la narración omnisciente en tercera persona…

Pero, no conforme, lo reiteraría en el prólogo de su novela Amor y pedagogía, rasgo no raro en el igualmente destacado pensador e integrante de la Generación del ’98 y, en particular, del brillante «quinteto autoral» conocido por BAVUM: [Pío] Baroja, Azorín, Valle [Inclán], Unamuno y [Antonio] Machado.

Y aun continuaría su loable tarea con otros títulos, tales La tía Tula que escrita en 1907 y publicada en 1921, sería incluida en la lista de las cien mejores novelas en español del siglo veinte por el diario El Mundo y, en 1964, la llevaría al cine Miguel Picazo en su formidable filme homónimo, con el que marcara la emergente cinematografía de la península en los ‘60s) y Abel Sánchez.

¿Rompecabezas o puzzle?: acierto

Dividida en seis capítulos, el corpus narrativo va articulándose como un rompecabezas o un puzzle (cercanos al de la cortazariana Rayuela, por su andamiaje). Caballeros en el tiempo construye y deconstruye su armazón invitando al lector a participar en el incitante juego que implica toda genuina creación.

Así, desde el primero de los capítulos, «Frente a la isla», hasta el último, «La Guerra Civil Española o la Guerra del Tiempo», pasando por los cuatro restantes («España», «Mambrú se va a la guerra», «Caballeros en el tiempo» y «España, Cuba: imágenes y apuntes de una misma guerra»), se advierte el influjo de los grandes narradores del posmodernismo o neobarroco cubanos, tales prima facie Alejo Carpentier, de cuyo libro de relatos Guerra del tiempo parte para la concepción de su noveleta, si aceptamos que —tal en la filosofía analítica del siglo XX— el concepto era el elemento mediador entre el signo lingüístico y el significado.

Mas, igualmente, el autor parafrasea el título en innumerables ocasiones, no solo tomando el Tiempo como categoría decisiva del acontecer vital sino además empleándolo como locución en los títulos de los capítulos y dentro de los mismos. Incluso, le sirve de medio para otorgarle a su texto, en no pocos momentos, un tono poético gracias a la reiteración del término y, a la vez, convertirlo en sintagma nominal y adjetivo.

Pero más le importa al narrador la categoría de algún modo universal conferida al Tiempo (en mayúscula) por el también autor de El reino de este mundo. Categoría retomada por De Armas, quien le otorga, además, el tópico del non sense posmoderno en sus rejuegos y saltos jamás cronológicos, según se advierte, igualmente, en las primeras líneas del asimismo primer capítulo:

La nave llevaba cinco días al pairo a unas quince millas de la costa oriental de la isla. Cinco días que podían ser cinco siglos. Jorge no sabía, pues la embarcación estaba cubierta por las espesas brumas del Tiempo; un tiempo viejo, preñado de alaridos, de aspaventosos ojos abiertos ante el descubrimiento de lo inconmensurable, arrastrar de cadenas y grilletes, tráfago de salazones y salaciones y emboscadas por entre canalizos de horror.

Al propio tiempo, el lector se percata del influjo de dos narradores que definen el posmodernismo o neobarroco latinoamericanos: Guillermo Cabrera Infante —del que toma los constantes e icónicos juegos de palabras, tal las barrocas enumeraciones en párrafos sin comas en Tres tristes tigres (1967) y La Habana para un Infante difunto (1979), como en sus libros de «misceláneas» Exorcismos de esti(l)o (1976) y Vidas para leerlas (1998)—, y Reinaldo Arenas —de quien asume el humor cubano en la versión que estudiara y definiera Jorge Mañach, en su clásico ensayo Indagación del choteo (1928) y, en fecha mucho más reciente, por Narciso J. Hidalgo en su no menos valioso estudio Choteo. Irreverencia y humor en la cultura cubana (2012). Un libro donde Hidalgo, tras realizar «una relectura conceptual» de esta particular categoría de la cultura popular cubana que aunada «a la risa y el humor en diferentes situaciones se torna en actitud crítica y en una experiencia estética», acuña el término «joda-con-rigor».

No en vano menciono arriba al también autor de La ninfa inconstante (2008), ya que, en su relevante narrativa, el choteo es inseparable de su particular canon. Por otro lado, se intuye el aliento de Kundera en la combinación multigenérica de ensayo y narrativa.

Mas, del propio modo, asoma el aliento posmoderno en el trasiego de fechas y sucesos históricos que, mezclados y entremezclados, provocan el goce del lector informado, quien, como el autor, juega con esta deliciosa boutade en la que —y he aquí otro aspecto no menos singular— acusa con innegable razón a «El Primer Monicongo» y tirano de la isla como máximo responsable de tantos males acaecidos durante 58 años.

Asimismo, en el aspecto histórico, destaca el diálogo de Jorge, narrador omnisciente, con Martí [«prójimo-poeta, a quien hizo cargar con la culpa del asalto a un cuartel en la mañana de Santa Ana», como alusiones al tirano Fidel, ya que:

esa vocación del prójimo-poeta al sacrificio y la inmolación había condenado a la Isla y facilitado las cosas al Primer Monicongo que no solo asaltaba al cuartel sino al país y encontraba, de paso, un gran culpable. ¿Qué has hecho, Maestro? Tú que pudiste haber erigido una república de letras, de palabras, una república en la imagen, república que se hiciera y deshiciera suave y eternamente. República Barroca. Barro-co-tapo-nador de los agujeros, de los vacíos, de las tierras realengas consecuencia del Sistema de Mercedes de Hatos y Corrales durante la colonización de la Isla; ba-rro-co-con-compañero. ¿Compañero de qué? ¿Compañero son los bueyes y se fajan.

Todo eso tenías que haberlo logrado tú, Maestro, y haberte coronado Rey de la Palabra, del Verbo, de la Victoria. En cambio, ¿qué nos legas con tu proceder? Una república de ensangrentadas vestiduras y sombras de tenebrosidades carcelarias; una república signada por tu fantasma, castrada de tu verbo. República de comparsa, trágica en rictus de dolor que podría redimirnos, aceptado, pero, ¿hasta dónde el dolor? Cuando el dolor parece el fin y no el medio, no queda entonces más alternativa que renegar del sacrificio, de la inmolación, del dolor.

Otras figuras de la historia cubana aparecen fugazmente en el discurso narrativo, como «un tal Pepe Antonio, defensor de una pintoresca villa próxima, un tipo valiente, alguien a quien indiscutiblemente le roncaban. Lo de valiente y testículos roncadores parecía ser un mal endémico en la isla».

Asimismo, surge el Obispo Cabezas Altamirano, que, extraído de Espejo de paciencia, es vinculado con otro personaje de la obra: «el negro Salvador Golomón».

Del legado afrocubano, llegan «los tormentosos vientos del Señor Elegguá que rige los caminos; torbellino del Tiempo trastocando las cosas y ubicando la nave no frente a la Isla, sino escapando de la Isla», como «las tropas guardafronteras monicongas», persiguiendo la nave pesquera de la que Jorge y sus hombres habían logrado apoderarse.

Entre otros acontecimientos vinculados con la historia y la cultura de la Isla, incluye además:

los buenos caballeros de Cervantes y el Quijote, cada uno atribuyéndose la paternidad del otro, llamándole loco al otro, el Quijote vituperando de galeote a Cervantes y Cervantes vituperando de engendro de galeras al Quijote, en tanto el buenazo de Sancho a carcajadas ríe satisfecho.

Igualmente, en el último capítulo (VI), «La Guerra Civil Española o la Guerra del Tiempo», aparece Amadís, quien:

se iría a España no a pelear con los milicianos, como Pablo de la Torriente Brau [a la Guerra Civil en la España de 1936], sino a pelear con las putas y los chulos de Madrid. Inundaría los frentes de combate con bocoyes de alcohol y toneladas de marihuana. Crearía no un comité de vigilancia en cada cuadra, sino un prostíbulo en cada trinchera; no nidos de ametralladora, sino nidos de amor, ¡y a ver quién se resiste!

Otro personaje singular en la historia de La Habana y Cuba emerge con la presencia «del zar Alberto Yarini en la lucha por el control de San Isidro de La Habana en la Guerra de las Portañuelas». Y otro surge cuando Amadís va a ver a Ramón Nicolau, el encargado del Partido Comunista Cubano que reclutaría a los voluntarios que irían a la Guerra Civil.

Vale mencionar aún otro rango posmoderno: De Armas hace guiños al lector con paráfrasis de versos de Bécquer («Volverán golondrinas en estampida…»), Machado («¡A Madrid no pasaran!, pa-sa-rá-sien-do-ca-mi-no, camino sobre la mar») y Martí («arena fina y Pilar García echando un bote a la mar» y «una novia que espera vestida de palma y corona de rosas blancas»).

Del propio modo, en el capítulo V, «España, Cuba: imágenes y apuntes de una misma guerra», descuella lo posmoderno, ya que revela fotos y apuntes al pie de las imágenes, en las que mezcla datos de décadas atrás con otros más cercanos, en uno de los cuales muestra a Raúl Castro compartiendo con internacionalistas cubanos participantes en la Guerra Civil Española.

Valga otro ejemplo donde el autor describe a Raúl: «bigotito a lo Hitler, boquita de marañón; estrecha en un fuerte abrazo a dos viejas jamonas, rodeado de fósiles que sonríen entre solícitos y satisfechos».

En fin, podría seguir aportando ejemplos posmodernos o neobarrocos que definen esta atendible noveleta de Armando de Armas, pero creo que con las anteriores muestras ya el lector tiene una idea aproximada de sus valores literarios, por los que Caballeros en el tiempo resulta un título de valía que se inserta, con derecho propio, en la no tan amplia lista de volúmenes de la nueva narrativa creada y publicada en Miami por escritores cubanos del exilio y donde figura, por solo mencionar otro volumen decisivo y también reseñado por este comentarista, Erótica, de Armando Añel.

https://www.amazon.com/Caballeros-en-el-tiempo-Spanish/dp/8415918267/

Sobre el autor

Waldo González López

Waldo González López

Poeta, ensayista, crítico teatral y literario, periodista cultural, es graduado en la Escuela Nacional de Teatro (ENAT) y Licenciado en Literatura Hispanoamericana (Universidad de La Habana). Autor de 20 poemarios, 6 libros de ensayo y crítica literaria, diversas antologías de poesía, décima y teatro, desde su arribo a Miami (2011) ha sido ponente y jurado en eventos teatrales y literarios internacionales. Merecedor del 3er. Premio de Poesía en el X Concurso “Lincoln-Martí” 2012, colabora con las webs teatroenmiami.com (Miami), Encuentro de la Cultura Cubana (España), Palabra Abierta (California), el Boletín de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (New York), el blog Gaspar El Lugareño, la revista bimestral y digital Otro Lunes y la digital y en formato de papel Baquiana, por cuyas Ediciones Baquiana publicó en 2015, y en su Colección Poesía, su antología “Trazo estos signos en la arena”.

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