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Arte e Ideología

Arte e Ideología

Arte e Ideología
Septiembre 15
00:43 2014

Está claro que el artista se opone al ideólogo. ¿Puede en verdad afirmarse que el arte es hostil a toda ideología si uno recuerda que mitologías y religiones reveladas han sido las formas primeras y sin duda las más reveladoras de eso que lla­mamos “ideología” solo desde el siglo XIX?

Antes de Destutt de Tracy, inventor de la palabra “ideología”, y antes de Marx, su vul­garizador, ¿no tenía el arte ninguna relación con las leyendas y las Sagradas Escrituras, las jerarquías y las relaciones sociales? ¿Con los monarcas, los santos, los ángeles y los papas se puede decla­rar en verdad que “el arte es la destrucción simbólica de los pode­res”?

Esa “aura”, cuya fuga a causa de la “reproductibilidad técnica” Walter Benjamín deploraba, no se ha desvanecido como él temía, sino personalizado. Ya no idolatramos las obras sino a los artistas.

El impresionismo musical encontró paralelismos con el divisionismo pictórico respecto a la forma de abordar la estructura armónica y la técnica de orquestación, en la cual primó el valor de la disonancia musical, para destacar los elementos cromáticos que integran la composición.

Debemos recordar que la disonancia armónica se balbuceaba en el Tristán de Wagner. El verdadero impresionismo en la música lo encontramos en el Pelléas et Mélisande de Claude Debussy, y en La Valse, de Maurice Ravel.

En la literatura, la obra poética de Mallarmé sería una de las inspiradoras de tal corriente. Frente a la simetría se elevó la inestabilidad en la composición como un valor en sí mismo, liberando las ataduras formales en las que la poesía se encontraba constreñida, y que Mallarmé llevó hasta sus últimas consecuencias.

La anulación del poeta en el verso revelaba la imposibilidad comunicativa del lenguaje, y con ello de la racionalidad instaurada por la civilización occidental. Desde esta perspectiva, la obra de Mallarmé fue más cierre que apertura.

El libre albedrío en el arte configura una contradicción ante la sociedad tecnocrática, que enfatiza en la función y naturaleza del arte.

Ese fue el desgarramiento de Mallarmé y el grito de protesta de Rimbaud contra una sociedad tecnológica que considera los sostenes habituales del arte como una rémora del pasado; que establece una tábula rasa para todos los ciudadanos sin distinción: el de ser productores y atenerse a las reglas de juego de la compra–venta; donde se bautiza de perturbador y subversivo al auto–marginado del reglado proceso productivo, como la ramera, el peregrino o el villano, y también al artista.

Sobre el autor

Juan F. Benemelis

Juan F. Benemelis

Juan Benemelis (Manzanillo, 1942). Diplomático, historiador y ensayista. Ha publicado más de una veintena de libros centrados en diversas temáticas, que van de lo científico a lo histórico. Entre ellos, "Las guerras secretas de Fidel Castro", "Castro: subversión y terrorismo en África", "Paradigmas y fronteras. Al caos con la lógica", "De lo finito a lo infinito", "El Corán y el Profeta", "Islam y terrorismo" y "La memoria y el olvido". Reside en las afueras de Miami.

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1 comentario

  1. Armando Añel
    Armando Añel Septiembre 23, 22:56

    Excelente, muy comprometedor! La pregunta que se me queda colgada al final del ensayo del maestro Benemelis es si el arte, el poeta, el artista, no pueden superarse a sí mismos frente a la sociedad tecnológica, e incluso gracias a ella. No debe el creador responder a las preguntas de su tiempo jugando con sus claves, mejorar la calidad de su tiempo a través del feeling de su tiempo, en lugar de reaccionar oponiéndose, protestando, mirando al pasado? No es eso arte reaccionario en lugar de arte profundo, innovador, vivo, capaz de regenerarse y asumir las nuevos retos de la época?

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