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Asimetrías raciales entre cubanos: Un tema serio, profundo y amplio

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Asimetrías raciales entre cubanos: Un tema serio, profundo y amplio

Asimetrías raciales entre cubanos: Un tema serio, profundo y amplio
abril 20
11:55 2016

 

Cuando, quizás instintivamente, no atinamos a otra cosa que a tirar algo a relajo, deberíamos distinguir si estamos en la sala de la casa o en un espacio que, incluso si creemos íntimo, no lo es tanto. Esto último nos sucede con las redes sociales, donde nos mostramos lo que comemos y donde también dejamos criterios quizás no siempre muy pensados y que, sin embargo, trascienden o pueden hacerlo.

Ante nuestra cubana tendencia a tirar las cosas a relajo debería pensarse ante todo qué es ese algo, si es importante, por qué, para quiénes, por qué no lo es para mí, etc. Y menciono esto porque está la posibilidad de no habernos detenido antes a pensar sobre ese asunto.

Eso también es ser nación. No únicamente hablar y debatir de aquello que me interesa y que creo tiene que interesar a los demás. Algo nada positivo está pasando cuando se necesita demeritar aquello que a los otros le interesa pero no a mí. Y eso, es evidente, estamos precisando aprenderlo quizás, y exteriorizarlo sin dudas, los cubanos y las cubanas de cualquier parte.

Lo acontecido este martes 19 de abril en Facebook, con imágenes colocadas por el Dr. Juan Felipe Benemelis y reproducidas por María Faguaga da muestra de ello. No se trataba de motivo para el jolgorio. Nos guste o no, estén los que lo creen importante o no, la étnica-racial es problemática importante, fundamental y esencial, en el mundo. Y nunca ha dejado de serlo en Cuba.

Nuestra tendencia a negarlo y a intentar convertir el racismo y los prejuicios en asunto light no nos libera ni va a liberarnos de una realidad, fuerte y traumática, que está ahí. Realidad que muchas personas son forzadas a experimentar como drama.

Que alguien se crea que no le toca porque no es negro, o que siendo negro se crea que no le toca e ingenua o manipuladoramente afirme nunca haber sido discriminado étnica y/o racialmente, sólo dificulta más enfrentar un asunto cardinal de la nación. Un asunto que, por supuesto, tiene incidencia política, tanto como política es su naturaleza, pese a que interesadamente estén quienes pretenden presentarlo como una consecuencia de la (perenne) crisis económica de los últimos casi sesenta años de castrismo.

No por gusto desde la Isla se ha atacado al presidente Obama, desde su primera campaña para ganar las presidenciales, precisamente desde los prejuicios étnicos-raciales. Lo mismo acaba de suceder recientemente, tras su visita a La Habana.

obama

El presidente Barack Obama en el estadio Latinoamericano de La Habana

Curiosamente, hoy en el ómnibus, de regreso a casa, me senté junto a un joven gay que se mostró visiblemente disgustado por mi presencia. Habitualmente los ómnibus en Sao Paulo van atestados de pasajeros, así que es difícil suponer que el muchacho no esté acostumbrado a compartir espacio o cercanía. ¿No querría él estar al lado de una mujer o de una persona negra o de una mujer negra? Él sabrá. Estaba demasiado agotada para darle la reacción que se merecía. Caso contrario habría pedido la presencia de la policía y habría impuesto una denuncia por discriminación racial. Entonces, que demostrara él lo contrario.

Pero habrá quienes lo considerarán (mi apreciación y no el hecho en sí) una exageración. Él claro que podría acudir al viejo ardid del amigo negro, o del enamorado negro, o de la abuela o el pariente negro, etc., etc., etc. Todo eso que ya conocemos quienes en nuestras vidas tenemos que lidiar con situaciones similares y que tienen las mismas esencias: es decir, con el racismo estructural e institucionalizado.

En cualquier caso, el joven estaba intentando discriminarme, y no se detuvo para pensar el daño emocional o psicológico que eso pudiera suponerme. Eso no es algo que importe a algún discriminador. O en ocasiones sí. He visto y escuchado a los que incluso confesamente expresan cuánto agrado sienten infligiendo ese dolor.

En fin, similares historias de conformación de las naciones afroamericanas, arrojando similares historias de asimetrías étnicas-raciales hasta el presente. El etnocidio sigue funcionando. El genocidio también.

No consigo dejar de pensar en el futuro de Cuba, también, en términos de las históricas y siempre reactivadas asimetrías socioeconómicas por motivos étnicos y raciales. Me espanta tanto que el futuro de Cuba sea neocastrista como que sea etnicista y racista. Y el choteo, en tal sentido, apenas es un modo cuanto menos poco responsable de encarar un asunto en el que debe ir tanto de responsabilidad como de sensibilidad.

Desde que nací he tenido que lidiar con el racismo castrista, que es constante, hipócrita y debo suponer que revolucionario. Es decir, he tenido siempre que vérmelas con la discriminación, asimismo, por motivos étnicos y raciales, al tiempo que no podría ni mencionarla. ¿Es eso lo que va a continuar sucediendo? Entre otras cosas, por hablar del racismo castrista fue clasificada como opositora política y tratada en consecuencia.

Debería tenerse claro que, cuando abordamos la problemática étnica-racial, nadie se está poniendo por encima de nadie. Nadie está reclamando de más. Se está exigiendo, y así tiene que ser, el respeto y la equidad que corresponde. Se está planteando un asunto que viene de lejos, de la formación misma de la nación. E incluso de antes, de los cimientos que serían luego los gérmenes de la nación.

Negarlo no nos beneficia. Y no es ni será valedero motivo de ocultamiento la existencia de causas mayores. Porque esa causa mayor que sería la libertad, no va a ser real si fuera en favor de unos y en detrimento de otros, como hasta el presente ha sido en toda Afroamérica.

Ser realistas no nos hace victimistas, mas tampoco debería hacernos victimarios ni por omisión. Omisión que puede estar dada en la inercia y en la insensibilidad basada en la certeza de que lo que no me toca, no existe.

No es casual que a las opositoras negras en Cuba se les injurie precisamente con intentos de ofensas de claro contenido racial. Llamarlas negras monas es tan frecuente como en Brasil lanzar plátanos a los futbolistas negros o llamarlos macacos. En Brasil eso y más sucede pese a recientemente contar con leyes para intentar establecer un control sobre la injuria étnica-racial.

En Cuba, donde los castristas niegan la existencia de discriminación y es reciente su muy tímido reconocimiento de la existencia de prejuicios raciales (no étnicos), los gobernantes niegan la necesidad de similares leyes. Necesidad incluso rechazada por el expresidente de la Asamblea Nacional, Ricardo Alarcón de Quesada.

Según este señor no podría hablarse de racismo porque eso sería reconocer un fracaso del socialismo. Lo que pudiera traducirse más o menos como: a fastidiarse las personas negras cubanas para ocultar fracasos de un sistema sociopolítico. Así de cínico se ha llegado a ser, cuando lo que está en juego es el bienestar y hasta la vida de cubanas y de cubanos, ni siquiera importa de cuántos.

Me preocupa que el futuro de Cuba sea más de lo mismo. Pero entonces al amparo de la democracia, de la libertad, reproduciendo un todos somos iguales que no es tal. Que nunca lo sería porque claro que no somos iguales. Lo que sí tenemos es que respetarnos en nuestras diferencias, tener las mismas oportunidades y sentar las bases para que realmente podamos hacer uso de iguales oportunidades.

Nada de eso vamos a alcanzar si seguimos postergando el reconocimiento del problema. Nada va a solucionarse si la afrodescendencia cubana sigue callándose, más preocupada en no herir la susceptibilidad del otro y continuar “escapando” que en participar de la solución de un trauma y de un drama real, constatable a cada momento, que nos afecta moralmente a todos pero que sin dudas es a la gente negra a la que perjudica en la realización de nuestras vidas.

São Paulo, abril 20 de abril de 2016, 0: 47 a.m.

Sobre el autor

María Ileana Faguaga

María Ileana Faguaga

María Ileana Faguaga (Mimi) es historiadora y antropóloga. Nació en La Habana, Cuba. Investigadora y Profesora-Directora del programa de diálogo cultural e interreligioso de CEHILA-Cuba (para el Estudio de la Historia de la Iglesia en Latinoamérica). Fue corresponsal en LH de Radio Única (Miami). Actualmente reside en Brasil.

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1 comentario

  1. zenaida
    zenaida abril 21, 01:13

    Excelente artículo dificil el debate sobretodo en las redes sociales por el choteo implícito y el racismo disfrazado de paternalismo

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