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Ayn Rand y el drama del intelectual socialista

Ayn Rand y el drama del intelectual socialista

Ayn Rand y el drama del intelectual socialista
junio 27
11:36 2014

Hubo un tiempo en que me era imposible entender por qué tantos intelectuales se reconocían castristas, socialistas o, para utilizar un término suficientemente ambiguo, “progresistas”. Si la principal característica del intelectual supuestamente consiste en disponer de un intelecto por encima de la media y ponerlo a funcionar, ¿cómo podía ser que comulgara con regímenes, teorías e individuos minuciosamente refutados por el día a día, por la realidad de un mundo interconectado, desplegado ante sus ojos como una bandera?

Luego accedí al mercado y pude “sufrir” en toda su intensidad la ley de la oferta y la demanda. Como asegurara el profesor Adolfo Rivero Caro, “es difícil vivir en el capitalismo, es demasiado revolucionario”. Por supuesto, en un marco en el que la demanda –salvo excepciones– desdeña lo literario, el intelectual típico se siente descolocado, cuando no ninguneado. Su producto no se vende: la gran masa no lo compra. El capitalismo es injusto, concluye entonces, porque no valora en su justa medida su talento, ni su obra, ni su currículo, ni su capacidad.

ayn-rand-stampAsí, reacciona atacando el sistema y, en consecuencia, defendiendo regímenes estatistas por el estilo del cubano, que suelen subvencionar lo “insubvencionable” (¿sería justo, por ejemplo, que en una Cuba capitalista subvencionáramos con nuestros impuestos a Abel Prieto?). Se trata, en el fondo, de puro interés personal.

Pero sin duda el drama del intelectual en la economía de mercado lo resume mejor Ayn Rand en Qué es el capitalismo (The Objetivist Newsletter, 1965):

“Un manufacturero de lápices labiales puede amasar una fortuna mucho mayor que la de un fabricante de microscopios, aun cuando pueda racionalmente demostrarse que los microscopios son científicamente mucho más valiosos que los lápices labiales. Sí, pero valiosos… ¿para quién? Un microscopio no es valioso generalmente para una modesta taquígrafa que lucha por ganarse la vida con su trabajo y, en cambio, un lápiz labial sí lo es. Un lápiz labial puede significar para ella la diferencia entre la confianza en sí misma y la desconfianza, entre el esplendor y el sudor”.

Sobre el autor

Armando Añel

Armando Añel

Armando Añel (La Habana, 1966). Ghost Writer, fue periodista independiente en Cuba. En 1999 recibió el Primer Premio de Ensayo de la fundación alemana Friedrich Naumann. Ha sido columnista de periódicos como Tiempos del Mundo, Libertad Digital y Diario las Américas, y editor de revistas como Perfiles, Encuentro de la Cultura Cubana, Islas y, actualmente, Herencia Cultural Cubana. Ha publicado las novelas "Apocalipsis: La resurrección" y "Erótica", la compilación de relatos "Cuentos de camino", los poemarios "Juegos de rol" y "La pausa que refresca" y las biografías "Instituto Edison: Escuela de vida" y "Jerónimo Esteve Abril, apuntes y testimonios", entre otros. Vive en Miami.

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4 comentarios

  1. Manuel Gayol Mecias
    Manuel Gayol Mecias junio 27, 14:49

    Ayn Rand fue un ser brillante; desde niña sufrió el stanilismo, y cuando pudo llegar a Estados Unidos se hizo filósofa y escritora (su trilogía novelística “La rebelión de Atlas” fue todo un éxito), y en realidad devino un ser genial, su filosofía del objetivismo resulta muy interesante, aun cuando no estoy de acuerdo con todo lo que planteara Rand, si hay muchas cosas, pero muchas, que son acertadas y extraordinarias. Una de ellas es de que el ser humano tiene que hacerse por sí mismo (lo que terminaría siendo el reconocimiento y necesidad del ego racional), y un intelectual de igual manera no debe esperar a tener dependencia de ningún gobierno. Prodigaba el Estado pequeño y solo administrativo. Y supo muy bien reconocer que el comunismo era la debacle para la humanidad, y que EE.UU. no era el mejor de los mundos posibles, pero sí el menos malo de los mundos posibles. Y, por último, dijo algo que ha sido mucha verdad: “Identify the dominant philosophy of a society and you can predict its future”. Gracias Añel por este certero comentario, un abrazo, Manuel

  2. Armando Añel
    Armando Añel junio 28, 12:15

    muy atinado Manuel! Gracias otra vez, un abrazo

  3. antonio ramos
    antonio ramos agosto 08, 18:05

    El artículo, con su breve maestría, me hace recordar a algunos intelectuales que “viven del cuento ideológico” como decía creo Horowitz, sustentando su “compromiso” en la sinecura, algo ya típico. Martí y Lezama hablaron de las plumas vendidas, de los “zurdos”. Creo que la “decadencia del intelectual clásico” viene de ahí, de perder su autonomía volviéndose producto, no todos. Pero en Cuba tenemos muchos ejemplos y en los 70 se les llamaba “uneacoides”. El intelectual crítico (objetivo) es una rareza, salvo en los casos de rebeldía anti dictatorial y contrasistema. Los intelectuales auténticamente anticastristas siguen el modelo crítico no políticamente correcto y de compromiso y es por eso que el sistema les rechaza. En cuanto al drama del intelectual en el capitalismo, es cierto, pero no solo en el caso del intelectual. Un futbolista, pelotero, golfista, rockero o cuenta chistes de TV gana más que un cirujano, un maestro o un astronauta. Creo que los dictadores son los anti-intelectuales que más ganan en el mundo. Todos deberíamos leer a Ayn Rand, es genial. Gracias, Añel, como siempre nos hace reflexionar.

  4. Quantaflo
    Quantaflo octubre 23, 08:30

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