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Balseros

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diciembre 07
15:29 2015

 

Esta recopilación de poemas, dada a la luz por publicaciones Entre Líneas y el Proyecto Hacedores de Puentes, resulta un homenaje a los cubanos que, huyendo de la tiranía que asola a su país, han perdido sus vidas en el mar sin alcanzar su propósito de llegar a Estados Unidos.

Balseros, por lo antes dicho, es un libro desigual, puesto que en él participan 39 poetas de diferentes generaciones, credos y alcances en su labor.

Sin embargo, resulta un documento, una ofrenda que, eso sí, de cualquier manera se atiene a un mínimo de calidad estética en cuanto a los creadores escogidos, dispersos por varias latitudes del planeta, Cuba incluida.

Los “balseros cubanos” habrán de pasar a la historia como una derivación más del empeño del ser humano de no dejarse imponer una ideología, lo cual, en mi opinión, se sobrepone al instinto tan comprensible de partir en busca de una mejor vida material, que en definitiva no es otra cosa que mejorar también en lo esencialmente humano.

Decenas de miles de cubanos han muerto en este empeño, no únicamente intentado cruzar el estrecho de la Florida, sino en diversos trazos marinos que se conectan con la Isla, que aun hoy, lamentablemente, continúa bajo la bota del castrismo y por tanto, ahora mismo, continúa “produciendo” balseros —que, en el peor de los casos, habrán de morir en el empeño—.

Intentaré dar una idea de la comunión de los poetas que participaron en Balseros exponiendo un muy breve fragmento de cada uno de los poemas.

balseros

Ada Bezos: “El fondo abismal fue el frío sudario/ que recibió los cadáveres inertes”. Agustín Labrada: “Un velero espiga desde el fondo del mar, que es el fondo del/ tiempo…”. Alain L. de León: “Cuando la noche se estira/ para danzar/ su danza de espuma negra/ llena de sal”. Arístides Vega Chapú: “un mar presto a la crueldad/ de no dejar tierra alguna/ sobre la cual se pueda escribir tu nombre”. Carlos I. Naranjo: “festín con la carne yerta de esas formas que a la deriva escapan”. Edelmis Anoceto Vega: “No quieras apostar, no quieras verte/ Flotando en alta mar sobre un madero”. Emma C. Zamora G.: “De la tierra secuestrada/ huye aquel héroe invisible”. Felipe Lázaro: “se desespera por la ausencia prolongada/ de una muerte anunciada/ que ya no sorprenderá a nadie”. Félix Anesio: “hoy lo abandona todo en busca de otra tierra/donde inventarse sueños; y el mar, siempre el mar/ sería el único camino antes transitado”. Frank Castell: “No vayas, hijo, deja el azul para las aves”. Gioconda Carralero Dominicis: “El viento los balancea/ sobre las inhóspitas olas”. Geovannys Manso: “A lo lejos vimos acercarse   como un alud/ la barcaza y sus motores.” Humberto Leyva: “”Los balseros que no llegaron/ desde el fondo del mar,/ o tal vez desde el cielo,/ están clamando”. Yhosvany Hernández González: “Voy a escribir de los gritos que en el océano aún se escuchan./ Palabra por palabra, hasta mi propia muerte”. Jesús Barquet: “”¿Llegué/ o naufragué?, le pregunto/ a un compatriota en harapos/ y aferrado a un tablón”. Joaquín Gálvez: “¡Tu ruta ahora es la tumba de los que a su sueño/ nunca llegaron!”. José Kozer: “Camina veinte minutos/ por la casa, y mientras/ camina enumera peces/ de ríos, de mares/ procelosos…”. Judith Gil: “¿Cómo es posible que/ no extiendas tus manos/ y salves a los niños”. Juan Calero Rodríguez: “Yo, no más que el balsero/ hijo de mi padre/ hijo también de estas islas/ acostumbradas a la emigración”. Juan Carlos Recio: “Detrás del oleaje aparecía el ahogado,/ hombre nuevo, corsario sin casa”. Karyon Kuma: “Creyó que a veces es puente el agua/ y el agua es herida que no llega a sanar nunca”. Laura Ymayo Tartakoff: “agua salada con sangre/ arena, piedra acribillada”. María Teresa Mora: “nació el balsero que arriesgando su vida/ buscó en el mar, la libertad perdida”. Margarita García Alonso: “En el lecho oceánico/ el náufrago finge ser/ roca, isla/ cuando solo es carnada”. Margarita Rodríguez González: “…quieres volar/ soltar la paloma/ que llevas dentro/ y destruir sin piedad/ un mar de olas”. Mercedes Eleine González: “Los días pasan ignotos, sin apego,/ como el vuelo sublime de las águilas,/ mientras tú te deshaces en el fondo/ incierto y oscuro de las aguas”. Nancy Díaz García: “Pero pasó mucho tiempo/ de él, no se supo nada/lo atrapó la noche oscura/ en la mar desenfrenada.” Niurka Calero: “Los miedos y fantasmas remaron con nosotros, remamos/ desde la oscuridad hasta en centro de la luz”. Odette Alonso: “Atravesar el mar es como el purgatorio: no hay garantía alguna/ de superar la prueba”. Orietta Domínguez González: “ahogados por el sol, los vientos de Cuaresma/ cuaresma en la que el perdón queda abandonado”. Orlando Coré: “El mar que siempre nos faltó/ ahora nos devuelve/ a la orilla”. Pedro Pablo Pérez Santiesteban: “Un gemido escondido/ entre aguas profundas/ me recuerda tu nombre;/ también tu sonrisa”. Pedro José Rojas González: “Hoy están/ en un paraíso de colores entre corales, caracoles, algas…”. Raúl Proenza: “suerte de algunos que llegan/ cementerio de otros que quedan”. René Dayre: “Nunca llegó la ansiada respuesta, / sólo el espeso silencio que nos deja/ el enorme vacío de la muerte”. Reynaldo García Blanco: “Remeros. Remeros que en estos bordes se van para no saber los/ salientes, los entrantes, las socavaduras que hace el cielo cuando/ el agua desgaja”. René García Ibarra: “Se escucha, entre ese chasquear/ de las olas del mar/ varias voces…”. Rolando Loriè: el ancho mar azul es el santo sepulcro/ de tantos y tantos balseros desafortunados perecidos”. Sergio García Zamora: “he pensado en las balsas nacionales/ que dejaron la borrasca para entrar en la borrasca”.

Balseros es un tributo a quienes, durante más de medio siglo, han ido a dar a la Muerte, que sabían posible en el momento de partir, antes que continuar viviendo en el “paraíso” castrista.

Sobre el autor

Félix Luis Viera

Félix Luis Viera

Félix Luis Viera nació en Santa Clara en 1945. Ha publicado seis poemarios, tres libros de cuentos y cuatro novelas, más la noveleta “Inglaterra Hernández”. Su libro de cuentos “Las llamas en el cielo” es considerado por muchos un clásico del género en su país. En Cuba, recibió en dos ocasiones el Premio de la Crítica. Su novela “Un ciervo herido” —traducida al italiano en 2005— ha recibido una notable acogida de público y crítica. Su más reciente novela, “El corazón del rey”, incursiona en la década de 1960, cuando en Cuba se establecía la llamada revolución socialista. Su poemario “La patria es una naranja” fue merecedor en 2013, en Italia, de uno de los premios “Latina en Versos”. Comenzó su carrera literaria con el poemario “Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia”, Premio David de Poesía en 1976. Desde 1995 reside en la ciudad de México.

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2 comentarios

  1. Norge Sanchez
    Norge Sanchez diciembre 07, 20:24

    Como me hubiera gustado participar.

    Reply to this comment
  2. Anónimo
    Anónimo diciembre 08, 20:46

    Excelente esta reseña de Balseros. Homenaje a los que ya no están.

    Reply to this comment

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