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Benemelis, Jaldun y el desplazamiento del horizonte epistémico

Benemelis, Jaldun y el desplazamiento del horizonte epistémico

Benemelis, Jaldun y el desplazamiento del horizonte epistémico
abril 12
18:28 2014

Mi maestro de filosofía me decía que hay dos tipos de intelectuales. Unos, aquellos a los que él llamaba de sobaco, pues a las húmedas y usualmente fétidas transpiraciones acompañaban un reblandecido lomo de libro con el que se pasaban horas y horas caminando —pavoneándose— y mostrando a todo posible curioso su “apreciado” tesoro. Lo que sí nunca se les veía era leyendo, de ahí el calificativo de intelectual de sobaco.

La segunda tipología de intelectual era esa que Antonio Gramsci llamara “orgánico”. No se alarme nadie, lo orgánico aquí no tiene nada que ver con esa consideración atrincherada y “guerrillera” que cierta, incierta, desierta izquierda ha querido encasquetarnos para diferenciarnos a unos de otros y a otros de uno. Lo orgánico aquí debe ser considerado como la pausa y el comedido impulso que va condicionando al investigador y lo conduce a eso que puede ser llamado “saber verdadero”, como esa insignificante gota de agua que en un estanque logra hacer convulsionar la superficie aparentemente inmóvil, que es como usualmente le parece al viajero conmigo. Juan Benemelis califica en esta tipología y califica con derecho propio.

Pero si este argumento ha parecido demasiado académico y rebuscado, podríamos entonces decir que Juan Benemelis las mata callado, como esos abelarditos cuyas profundidades ópticas cuelgan en la cartilaginosa extensión que está entre los ojos. Como esos niños que siempre se llevan la mejor novia (por eso Juan está casado con María Elena Cruz Varela).

Juan Benemelis nos sorprende —y digo que nos sorprende con toda intensión— con un bello, profundo pero, sobre todo, enciclopédico libro. Ibn Jaldun: el genio africano es un texto extraordinario —dispénsenme la cursilería floridana y oceánica— una vez que para cierta tradición cubana de pensamiento es un hecho insólito. No existe, y lo digo con propiedad y conocimiento, un estudio similar en la Cuba de los últimos 100 años. Lo más “cercano” es la antología sobre pensamiento musulmán, antecedido por esa otra antología del pensamiento medieval que compilara Eduardo Torrez Cuevas. Sin embargo, un texto como este no ha tenido en nuestra tradición un antecedente ni republicano, ni “revolucionario”. Vale destacar al mismo tiempo que gana su terreno una vez que supera el deseo irrefrenable ante tanta antología desmedida e injusta, atizada con descomunales notas al pie.

Y es que lo significativo es como el autor desciende a las profundidades de las culturas primordiales y tele-transporta los modos fundacionales de la civilización para analizar cuáles elementos subsisten y bajo qué formas podemos, podríamos, hablar hoy desde esta tradición fundadora.

Las primeras palabras recuerdan el sentido oracular que tanto influyó y condicionó a las culturas primordiales y, aunque la pregunta no se formula en estos términos, una interrogante gravita en todo el libro: ¿Tiene algún futuro la cultura clásica? Y aquí lo clásico —hay que subrayarlo— no está entendido en el sentido mediterráneo del término. Y es que en el texto todo se respiran los vapores de muchos otros textos —de ahí su carácter inter-textual— que han tenido en la búsqueda arqueológica y genealógica sus fuentes de inspiración, desagravio, intersección y conjetura. La legitimidad de la pregunta —que aunque no se formula, gravita— engarza con toda una tradición que desde Alfred North Whitehead y muchos otros ha tenido a bien apuntar-apuntalar las disquisiciones con centro en la obra de Platón y Aristóteles y que en esta oportunidad Juan Benemelis hace girar —epistemológicamente hablando— hacia otro horizonte.

Estamos ante un texto extraordinario —dispénsenme la cursilería floridana y oceánica— una vez que para cierta tradición cubana de pensamiento es un hecho insólito. No existe, y lo digo con propiedad y conocimiento, un estudio similar en la Cuba de los últimos 100 años.

Con razón o sin ella, lo cierto es que con Ibn Jaldun: el genio africano regresa a esta zona de hechizo para exhumar el cuerpo de quien —según un argumento in-extenso desarrollado— cimentó y operó uno de los más significativos giros en la cultura oriental y, por extensión, en la occidental.

Con tono hiperbólico en oportunidades, pero cargado de una exhaustiva búsqueda historiográfica, Ibn Jaldun: el genio africano descubre en una muy bien documentada base histórica, elementos de tipo biográfico a partir de los cuales se “clarifica” aún más las relaciones personales, textuales y analíticas que se han tejido y tejen en torno a esta figura ciertamente “desconocida”. Aunque en el texto sobrevive de manera fantasmal el enfrentamiento a la condición gravitacional de nuestras excluyentes contraposiciones, se introducen elementos que vienen a subrayar el carácter paradojal de nuestra occidental compresión de los procesos y fenómenos. Una comprensión que ha excluido sostenida y enfáticamente todo esfuerzo no occidental de pensamiento.

Pero lo verdaderamente sustancial en el texto –aunque no siempre compartamos este punto– es cómo se subraya una tesis que parece haber “pasado desapercibida” dentro de cierta indagación historiográfica en la cultura filosófica clásica. Juan Benemelis retoma uno de los conceptos más significativos de la producción teórica del Karl R. Popper —no sé si es consciente de ello— en función de poner a dialogar a toda una tradición a partir de lo que este autor ha llamado “la inversión” en la cultura clásica. Es cierto, no lo dice con estas palabras, pero este es el sentido de lo que pretende.

Esencialmente, la “inversión” consistió —según Popper— en un cambio de actitud ante las afirmaciones tradicionales acerca del mundo y el lugar que ocupa el hombre en este; pero sobre todo acerca de los orígenes de ambos. Y Juan Benemelis —aunque no lo declara— retoma este punto en función de establecer las líneas generales de una tradición que se condensa desde una perspectiva integradora. De este modo lo que Benemelis nos está proponiendo con su texto es también un ejercicio de recursividad que nos convida a pensar la filosofía de la filosofía, la historia desde la propia historicidad. Y lo curioso es que lo hace retomando una de las máximas que viene de la tradición budista y que nos asegura que no existen los problemas en el sentido occidental del término. Ya las culturas orientales, especialmente el budismo, habían planteado que no existe ningún problema en realidad; en todo caso, a lo que podemos acceder es a las problematizaciones culturales del problema. Y este también es uno de los aspectos que gravitan en todo el texto en tanto crítica a la cultura occidental, una cultura que se ha estructurado desde círculos lógicos de problema-solución, estructura que ha prevalecido especialmente en la filosofía, pero también en el saber todo.

Para “finalizar” hay que destacar el carácter abarcador que ha pretendido el autor. Este es un libro donde se analizan los núcleos seminales de la cultura para establecer un balance en términos historiográficos, pero sobre todo antropológicos. Nuestro usual y nada comedido euro-ego-centrismo es una de las primeras claves que se pretende desmontar. De este modo, Occidente, o al menos su comprensión hegemónica, no sale muy bien parado, una vez que —desde el minucioso análisis histórico— Juan Benemelis desbroza una comprensión del “Oriente” poco usual, una vez que trata de establecer en un análisis “comparativo” de cómo se va hilvanando una tradición que producto de los hegemonismos y las licitaciones del poder no siempre es justamente ponderada. Y es aquí donde aparece la figura de este inclasificable pensador norafricano. Y digo inclasificable pues en el tiempo histórico que ocupa a Juan Benemelis no existen parcelaciones de pensamiento y lenguaje, una vez que todo ejercicio de pensamiento parte de una comprensión holística. Por eso en uno de los pasajes del texto el autor hace visible el posible vínculo —en tanto metodología— con los esfuerzos de lo que ha sido conocido como “teorías de la complejidad”, una vez que el entramado de las interacciones de los componentes de los fenómenos y procesos no puede ser analizado desde una perspectiva reduccionista.

Saludo este nuevo esfuerzo teórico de Juan Benemelis, quien demuestra, desde una erudición anclada en la difícil sencillez, que el pensamiento cubano vive en lo historiográfico y lo filosófico, y vive plenamente más allá de las fronteras de la isla infinita. No importa si es considerado o no en otras antologías, lo importe es el hecho, y Ibn Jaldun: el genio africano demuestra que hay vida y pensamiento mas allá también de las relamidas compilaciones que nos hacen creer que todo termina y comienza con un marxismo travestido de contemporaneidad.

Sobre el autor

Antonio Correa Iglesias

Antonio Correa Iglesias

Antonio Correa Iglesias (La Habana, 1976) es filósofo, escritor y ensayista. Es coordinador del Programa de Filosofía y Ética, Programa de Ética, de la Universidad de Miami. Entre los años 2003 y 2012 fue Profesor Asociado por el Departamento de Filosofía de la Universidad de las Artes de La Habana. Ha sido crítico y curador de arte contemporáneo en varias revistas especializadas y ha trabajado con diversas galerías de arte en Alemania y Holanda (ancoiglesias@gmail.com Celular: 786-239-9642).

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6 comentarios

  1. Armando Añel
    Armando Añel abril 15, 13:32

    Brillante.

  2. Augusto Gomez
    Augusto Gomez abril 15, 13:38

    Muy bueno, felicidades.

  3. Callejas
    Callejas abril 15, 18:35

    un gran ensayo, a los que nos tiene acostumbrados el amigo Correa

  4. Beatriz Borges León
    Beatriz Borges León abril 16, 08:16

    Excelente!! Felicitaciones de tu esposa mi amor!

  5. Makatikal
    Makatikal abril 16, 12:45

    Me parece exagerada y demasiado aduladora una critica que trata a Abenjaldun como si fuera un desconocido pasando por alto su papel como el maximo inspirador de la monumental Historia General de las Civilizaciones de Lefevre y Bloch y del descomunal monumento de teoria historica de Toynbee. Abeljaldun es un precursor de toda la historiografia occidental que no se aferre al positivismo y de las ciencias sociales: sociologia, demografia, estadisticas que no sea esclavas del marxismo…ahora el vivio la decadencia del pensamiento musulman en los estertores de la edad Media y como historiador y filosofo se engarza perfectamente en el pensamiento occidental que irrumpio como consecuencia del cristianismo: Renacimiento, Reforma , Contrarreforma, Racionalismo, Empirismo…nadie mejor que el para predecir la oscuridad y la barbarie en la que caeria la cultura arabe y musulmana…por ptro lado Aben jaldin nacio en Andalucia y siempre vivio en la costa mediterranea que poco tiene que ver con Africa, por su cultura y formacion fue tan “africano” como San Agustin

  6. Callejas
    Callejas abril 17, 22:41

    El tema aquí no atañe a un problema geográfico, ni a un conocimiento gramatical. Correa se ha limitado a exponer (muy pocos lo harían), a partir del libro de Benemelis, la grandeza epistemológica en el contenido de una obra escrita en el siglo XIV.

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