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Borrón y cuenta nueva

Borrón y cuenta nueva
septiembre 23
23:18 2016

 

No podemos seguir dándole brillo al pasamanos del Titanic.

En la tierra que veo un sabio meteoro (puede ser un drone) extingue carbónico al tiranosaurio racionalista que se aferra y, luego de un largo, radioactivo e irrespirable invierno nuclear, comienza paulatinamente, desde la fuerza y la resistencia de ciertas inteligentes bacterias y “gusanos” extremófilos, poco a poco a romper su crisálida (crisis/consciencia crística) y brota genésica una Terraformación moderada, respetando las valencias del esfuerzo de cada sustancia, humúnculo (Paracelso) o corpúsculo por (per)vivir.

En el futuro que veo (dice Palahniuk) contemplo a varios hombres trepando por las gruesas enredaderas que cubren la torre de Tallapiedras, el Habana Hilton o el Focsa, mientras miran abajo a otros mascando carne seca que curten al Sol, usando una única muda de ropa de cuero que les dure toda la vida, cuando los lagartos repueblen las uvas caletas y algún rumiante viejo paste sobre la yerba que crece sobre los cráneos sucios y humeantes aún de los zombies y el resto de las bestias extinguidas.

En la Tierra que veo, más allá de los escombros y “el valor de las ruinas” (Albert Speer), no hay líderes, ni jeques, ni gurús, ni maestro, ni amo, ni patriarcas, ni autoridad más que un diezmo de las tribus agotadas y enloquecidas; gente común deambulando afanada por sobrevivir y que de tanto encontrarse con la guerrera muerte (de pronto) será iluminada. La gracia que perdura por fuerza ya sin positivismo, habitando el corazón del crepúsculo tras los gritos cósmicos y la desesperación silenciosa, tan inconscientemente disimulada por tantos años.  Así, después del espanto que parecerá duradero, lentamente recuperarán modales, moderaciones, delicadeza y arcaísmos, frases o balbuceos extintos, que vuelven a ser útiles, sagrados y necesarios… Y escucharemos de nuevo el: –¡Ay Dios mío!–, el –Usted– o sencillamente, –con su permiso–.

Paciencia… y adelante, ¿quién sabe a dónde? Tal es la marcha de(l) interminable destino.

Mientras, el fuego y la electricidad les falta, sumergidos en la parálisis letanía más oscura de la caverna… Para entonces la Narrativa será importante, los imaginativos, los fantaseadores, los contadores, los rapsodas y los griots, alguien que sueñe y poetice alrededor del recuerdo de ceniza y la olla vacía, un pretexto solar que (les) enamore la sonrisa perdida, reconstruyéndonos el plexo con una emoción amparadora, empujándo(nos) a sentir el esplendor, incluso de la belleza y la maravilla tras el letal y milenario Apocalipsis.

Hemos demolido, cimentado y pavimentado hondas cicatrices en el alma de la Tierra, civilización en desequilibrio que devoró su propio Sol. La humanidad que se perdió, es hoy una escarificación que supura.

En el Mundo que veo, los insectos y las plantas avanzan preclaros –alguien dijo–: “La tierra es saqueada, maldita, bombardeada y arrasada, pero siempre, siempre, ofrece sus flores como respuesta (…) Flor que tan delicadamente perfuma el talón de quien la pisa”.

¿Ya conocéis a John Galt?

Bastarían sólo doscientos años sin nosotros. ¿No os parece una maravilla, incluso una magnífica noticia?

Sobre el autor

Adrián Morales

Adrián Morales

Adrián Morales Rodríguez es Doctor en Estética por la Universidad de la Sorbona, Paris. Artista visual, músico, compositor y multinstrumentista. Discípulo del padre de la Deconstrucción Jaques Derrida. Entre sus textos obran: “Trastornos. De lo Antropofágico a lo Antropoémico. Power Food LEXIcom” Edt: Artium, Vitoria Gasteiz, 2008. “Sobre Dalí o la Metástasis del Inconsciente”, Edt: Fundación Joan Abelló, Barcelona, 2005. “HisPánico, I, II y III”, Edt: NomadART Productions, Barcelona, 2001 o “Genética Control y Sociedades en Descomposición”, Edt: Atópics, Paris, 1995. Vive y trabaja entre Europa y Estados Unidos.

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