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Breve historia del abanico

Breve historia del abanico

noviembre 16
05:12 2012

 

0 abanico rojoAcompañando al hombre desde el mismo inicio de las civilizaciones, el abanico forma parte inseparable de su entorno y culturas diversas. Aparece reflejado en las imágenes a relieve y las pinturas murales del Imperio Nuevo (1550-1070 a. C.) del Antiguo Egipto, y en los muros excavados de las ruinas asirio-babilónicas. Por entonces sólo era utilizado en funciones ceremoniales y palaciegas, aunque en una escena rescatada de la Nínive del siglo VII a. C. se muestra a los sirvientes espantando moscas con abanicos.

Más tarde, en el siglo V a. C., lo encontramos en uso mundano por las ciudades-nación de Grecia. Allí fue conocido como riphís, o el más pequeño, riphidion. Viajó con los trirremes a las colonias griegas en la península itálica, y se extendió su uso entre distintas tribus que la poblaban. Muy pronto se hizo costumbre común entre etruscos y romanos  refrescarse con abanicos fabricados con telas y plumas, como se descubre en algunas pinturas votivas en antiguas tumbas.

Por referencias en crónicas y otros documentos, se conoce que se hizo común en la clase acomodada la costumbre de perfumar los abanicos. Y denominado flabellum, es señalada su presencia en los rituales de los primeros cristianos en Roma.

En la antigua India también alcanzó características místicas, constituyendo un atributo del dios Vishnú, el amo del universo. Al atizar el fuego, era un símbolo de sacrificio ritual. Y en África representó un emblema de dignidad real, al igual que entre los mandarines de China.

El ingenioso aporte asiático

Es particularmente curioso el dato de que los chinos  lo utilizaban porque no se atrevían a abanicarse el rostro con las manos. Eso les podía atraer a los malos espíritus. Inspirados en el mecanismo del ala del murciélago, algún genial súbdito del Celeste Imperio revolucionó el diseño del abanico cuando alrededor del siglo V d. n. e inventó el plegable de papel.

El abanico aparece en el Japón en el siglo XII, en el denominado Período Heian. También allí tenía atributos mágicos para las malas influencias. Por eso iban invariablemente adornados con una marca tricolor denominada mitsu tomoye, una variante del ying-yang chino.

En ambas naciones el abanico plegable fue de uso exclusivo de los hombres. Las mujeres utilizaban los rígidos, de forma oval, fabricados con tela de seda pintada o de palma  Constituyó todo un arte del diseño que aun en el presente tiene excelentes minimalistas japoneses. Denominado Kyo-sensu, en la Tierra del Sol Naciente se afirma que es un arte de 1500 años de antigüedad.

El viaje de retorno a Occidente

El abanico plegable viajó a Europa en el viaje de regreso a Lisboa de los buques portugueses, los que comenzaron a  comerciar con los chinos y japoneses a finales del siglo XVI.

Tan flexible novedad desplazó al rígido modelo que imperaba en Europa, el que hasta entonces fuera diseñado de múltiples formas. Y ya en la Edad Media se había transformado en un útil de cotidiano uso entre  burgueses y la alta clase.

Era exhibido tanto en las funciones religiosas como en la vida corriente. Fue tan común que en algunas pinturas medievales aparece la dama ocultando su rubor tras un abanico ante el acoso del caballero. Así, en Occidente fue tan pertinaz y recurrida su presencia dentro de la cultura que también terminó incluido dentro de los rituales de la iglesia ortodoxa griega.

El arte occidental en el nuevo aporte

La novedad del nuevo plegable decididamente desplazó del gusto popular al rígido abanico. En los siglos XVII y XVIII, los abaniqueros de París se habían organizado corporativamente y es desde entonces cuando el abanico alcanza la forma que hoy conocemos.

Campo inigualable para el arte de miniaturistas y caladores franceses, italianos y españoles, los artistas-artesanos rivalizaban en diseños, hasta adornándolos con incrustaciones y metales preciosos. También grandes maestros de la pintura como Lebrun y Van Dyck fueron copiados en delicadas miniaturas sobre sus frágiles superficies. Y grandes artistas de la pintura francesa del siglo XVIII, como Fragonard y Watteau, ilustraron en ellos sus escenas pastoriles.

Finalmente, en el siglo XIX la sátira política y grabados originales tuvieron como vehículo el refrescante instrumento. Por ejemplo, entre las damas de copete constituyó un medio de comunicación silenciosa, de acuerdo a la posición en que se colocara entre sus manos o regazo.

Sin dudas consuelo de muchos calurosos, y a la vez vallado personal frente a las miradas indiscretas, el abanico ha acompañado mucho al hombre. Aun hoy, en donde los ambientes refrigerados abundan para evadir el  bochorno del verano, es muy utilizado. Decididamente, se encuentra entre los objetos más personales fabricados por el ingenio humano, volcado en un frágil y delicado entramado.

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