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¿Qué sucedió con Oswaldo Payá Sardiñas?

¿Qué sucedió con Oswaldo Payá Sardiñas?

Angel Carromero

¿Qué sucedió con Oswaldo Payá Sardiñas?
julio 27
21:08 2012

 

 

En estos días me he sentido conmocionado por la muerte de Oswaldo Payá. Lo confieso de corazón: me he sentido muy triste, aun cuando no lo conocí personalmente. He querido esperar para no dejarme llevar por el apasionamiento y lo escrito no se contamine de subjetivismo. Pero ya a tantos días de su muerte y tras ver que hay tantos hechos oscuros, con dos extranjeros retenidos por la Seguridad del Estado sin poder hacer declaraciones públicas; después de haber visto el auto chocado en que iban Payá, Harold Cepero (quien también murió), el sueco Aron Modig y el español Ángel Carromero, he podido darme cuenta de que la primera impresión que tuve el mismo domingo 22 de julio, cuando me enteré de su supuesto “accidente”, era correcta.

Mi corazón no me engañó, pero antes de destacar esa impresión prefiero hacer algunas conjeturas.

Lo primero es que el gobierno de los Castro nunca ha sido transparente, siempre ha demostrado todo lo contrario. Cualquier suceso, por banal que parezca, en el mundo exterior es algo de esta vida, algo que la gente tiene que saber, algo que se hace público de una manera normal. En la Isla no: cualquier hecho, entre los que destacan los accidentes de algunas personalidades (recuerdo la desaparición de Camilo, que quedó en el misterio y la duda para la opinión pública internacional; recuerdo el accidente de Piñeiro, Barba Roja, un hombre que sabía demasiado y que murió al timón de su auto sin que se supiera qué fue lo que falló; recuerdo el infarto en la cárcel del que fue, durante muchos años, el jefe de las escoltas del Comandante y después ministro del Interior, José Abrahantes), entre muchos otros casos de muertes extrañas, se oculta o se empequeñece.

Este secretismo (todo en Cuba puede ser secreto de Estado), este ocultismo de la más mínima bobería, o también el hermetismo que rodea a hechos y situaciones de gran importancia para el conocimiento de los pueblos sobre sus gobernantes (recordemos la enfermedad de Fidel Castro, que hasta pudo ser decretada Top Secret; y ahora la supuesta enfermedad de Hugo Chávez), da pie, con toda razón, a que haya que imaginar, especular, deducir las cosas incluso a veces a través de silogismos.

Por estas razones, en relación con la muerte de Payá no se hace difícil deducir intuitivamente algunas cuestiones extrañas que, al sumarse o enlazarse unas con otras, evidencian no ya solo un clima más de sospecha sobre la culpabilidad de la dictadura, sino además prueban que el régimen tenía gran interés en su muerte.

Sus dotes:

—    Oswaldo Payá había sido nominado en dos o tres ocasiones al Premio Nobel de la Paz, y existía la probabilidad, muy objetiva, de que en el próximo evento se le otorgara este importantísimo galardón. Esto es conocido, se ha dicho ya públicamente y, de hecho, resultaría casi catastrófico para los Castro, puesto que en la arena internacional la disidencia cubana ganaría más relevancia y poder de convocatoria.

—    Payá no solo tenía un alto prestigio en la disidencia interna, sino que era uno de las figuras más reconocidas de la oposición cubana a nivel mundial.

—    Payá, además de ser un católico probado (y de pura cepa, como diría un español), era un líder carismático, de inteligencia política y de alta sensibilidad social para darse cuenta de lo que necesitaba realmente el pueblo. Era asimismo una persona de visión larga, de presente-futuro, que ya tenía una brillante trayectoria de audacia con su palabra y su Proyecto Varela.

—    Payá había sido reconocido por gobiernos, instituciones y líderes mundiales en los más altos términos de confianza y de admiración. Lo que también lo convertía en un candidato perfecto para ser uno de los grandes estadistas de la futura democracia en Cuba.

El accidente:

—    Es dado por seguro que Payá y sus tres amigos (Harold Cepero, el sueco Aron Modig y el español Ángel Carromero) realizaban ese viaje al oriente de Cuba para investigar cuál era la verdad sobre el brote de cólera en esa región de Bayamo y Manzanillo (el cólera se presenta como epidemia donde existen condiciones sanitarias deficientes, hacinamiento, guerra e inanición, y se propaga con mucha rapidez). Realmente, al gobierno no le conviene que se sepa que no han podido controlar el cólera por obvias razones.

—    Los seguidores de Payá y los familiares han confirmado de que el automóvil fue embestido por otro vehículo. Se sabe de llamadas telefónicas que hicieron durante el viaje tanto Aron Modig como Ángel Carromero a amistades en Suecia y España respectivamente y en las que informaban que estaban siendo perseguidos.

—    “El mércoles [25 de julio] la esposa de Payá, Ofelia Acevedo, dijo a El Nuevo Herald que ella, su hija Rosa María y su hijo Oswaldo manejan testimonios que indican que el accidente fue causado por otro vehículo que golpeó en repetidas ocasiones el auto de Carromero y lo obligó a salirse de la carretera” (citado de El Nuevo Herald digital, 26 de julio de 2012).

—    Cuando se aprecian en una foto de Facebook los golpes del auto, se puede ver que la mayor colisión está localizada en la puerta trasera del lado del chofer. Esa parte del auto queda siempre hacia la carretera, por tanto es totalmente factible que haya sido otro vehículo el que aboyó el auto. No es creíble que un carro, aun cuando pierda el control, choque de costado contra un árbol.

—    “Mi esposo había sido amenazado de muerte muchas veces por agentes de la Seguridad del Estado”, explicó Ofelia Acevedo en entrevista telefónica con El Nuevo Herald [Tomado de El Nuevo Herald, 26 de julio de 2012].

Muchos elementos más aparecerán y seguirán apuntando a que Payá y sus tres amigos resultarían no solo indeseables, sino además muy contraproducentes para el régimen si lograban investigar lo que realmente estaba sucediendo con el cólera en esa región de la Isla y darlo a la publicidad internacional. Pero el gobierno y sus acólitos en el extranjero, por supuesto, lo continuarán negando. Y será posiblemente un caso más que quedará en la oscuridad o, quizás, para definirse en un futuro. Todos estos entresijos de arbitrariedad, confusiones y secretismo conforman un conjunto de pruebas de que, cuando las cosas no se dan de una manera transparente, es porque se oculta algo muy importante. Y si se esconde algo muy importante (el desenlace de la muerte, cómo murió y por qué murió Oswaldo Payá) es debido a que el ocultista (en este caso el gobierno) no está lejos de ser la causa, de haberla propiciado o de no haber podido controlar las acciones del ejecutor, de quien o quienes se les fue la mano.

Después de lo sucedido, la actitud del gobierno ha sido indecorosa; hasta el momento ha sido la de restarle importancia al caso y permitir la burla y el atropello verbal sobre la familia de Payá y sobre él mismo. Una prueba más de que la dictadura no se va a detener ante nada; que no va a admitir nunca un diálogo verdadero con el pueblo ni con la disidencia; que no va  a permitir la democratización de Cuba; que no le importan en lo más mínimo los disidentes cubanos reconocidos internacionalmente; que ellos (los Castro, sus “históricos” y sus familiares) son los únicos que tienen y tendrán el poder en la Isla. La dictadura se ha caracterizado siempre por una extrema intolerancia hacia todo lo que se le oponga, y no le arredra en lo más mínimo defender sus “conquistas” a sangre y fuego, como lo intentó Gadafi y como lo intenta ahora Bachar al Assad. Este ha sido el lenguaje de sus discursos (de los Castro y de sus “históricos”) durante casi 54 años en el poder. Si se quiere tener una idea de lo letales que son (tanto el Gobierno como sus servidores) en su odio a todos lo que se le oponen, puede consultarse el sitio del Partido Comunista en Facebook, donde se ofende reiteradamente a Payá.

En realidad, esta es una hora importante para la disidencia y para las ansias de libertad y democracia en Cuba. Y lo es porque la opinión pública internacional y los gobiernos que se consideren democráticos, realmente democráticos, tienen que exigirle a esa tiranía totalitaria que cese en sus atropellos. Porque es demasiado el desprestigio en que ha caído; porque es demasiado el desprecio con que ha tratado a su propia gente durante más de cincuenta años; porque no se puede seguir construyendo un camino de odio y revanchas en un pueblo al que han vaciado de alma y de espíritu.

Oswaldo Payá era uno de los activistas más pacíficos y nobles con que contaba la oposición. Pero también resultaba ser uno de los más inteligentes y estaba preparado cultural y espiritualmente para mantenerse incólume, imbatible, ante un régimen de octogenarios intransigentes. Payá ha sido una pérdida inmensa no solo para la disidencia de estos tiempos, sino a muy largo plazo para la futura Cuba que tendrá que venir. Era un ser de seres, un líder indiscutible que podía ayudar mucho a dar un sentido humano (para no decir solo cristiano) a la nueva dimensión democrática que obligadamente tendrá que suceder. Payá era la posibilidad de la verdadera Iglesia Católica, de un sano y esencial sentido católico para tanta gente confundida. Era, en un futuro, la alegría de poder disfrutar una libertad con decencia, con decoro. De seguro hubiera sido un dirigente siempre en la oposición, vigilante ante los desmanes y corrupciones por venir. Habría sido un necesario orientador, y hubiera podido convertirse en la conciencia de una nueva época en Cuba.

Aun cuando estas palabras ya parezcan manidas, en resumidas cuentas y esencialmente son verdades a las que siempre hay que acudir: Me refiero a las viejas frases de “ser ejemplo”, “ser valiente”, “ser un verdadero creyente no solo en Dios y en su Iglesia, sino también en la fe de un hombre que quería el bien para su país”. Repito, tal vez su muerte rinda, a partir de ahora, frutos de libertad, de protesta, de reconocimiento internacional, y abra la puerta, a corto o largo plazo, de una definitiva y pacífica primavera cubana.

Que en paz descanses amigo, hermano; que estés con Dios, con el verdadero Dios de los humildes, de los que sufren las atrocidades de las dictaduras; que Dios (tu Dios y el de todos los hombres de buena voluntad en este mundo) al fin escuche tu voz, al fin se conmueva y traiga de una vez y para siempre amor, justicia y libertad a Cuba. Así sea.

Sobre el autor

Manuel Gayol Mecías

Manuel Gayol Mecías

Manuel Gayol Mecías, escritor, investigador literario y periodista cubano, ganó el Premio Nacional de Cuento del Concurso Luis Felipe Rodríguez de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) en 1992, y en el año 2004 el Premio Internacional de Cuento Enrique Labrador Ruiz del Círculo de Cultura Panamericano de Nueva York. Ha publicado, entre otros libros, “Retablo de la fábula” (poesía), “Valoración múltiple sobre Andrés Bello” (investigación), “El jaguar es un sueño de ámbar” (cuentos), “Marja y el ojo del Hacedor” (novela) y “La noche del Gran Godo” (cuentos). Reside en California.

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