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Carta de Marja. 12 y 13 de agosto de 1994

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Carta de Marja. 12 y 13 de agosto de 1994

Algunas víctimas de la masacre del remolcador 13 de Marzo

Carta de Marja. 12 y 13 de agosto de 1994
julio 04
16:46 2016

 

Mi querido Joel:

<<Pido a los dioses que cuando recibas mi carta tengas mucha salud y estés más animado; que las bendiciones te lleguen día a día, cuando al despertar puedas respirar con libertad. Por acá, so, so, en realidad respirando el aire salado del mar, cosa que considero buena porque siquiera me permite decirte que aún tenemos esperanzas de sobrevivir. Saludos a tu bella familia de ahí…>>.

<<Quiero pedirte, como buena amiga y prima postiza, que tengas calma, y esto lo hago en el nombre de Gladys, Camille, de Apolo Adán y del resto de la familia (pues dicen que he vivido estos acontecimientos personalmente y, además, porque me encontré con un amigo que resultó uno de los protagonistas de algo bastante trágico). Por eso ellos me pidieron (entre los parientes, tu cuñada Ethel, a quien después le entregué la carta para que se la diera a Gladys), que no dejara de contarte todo con detalles. Quiero suplicarte, repito, que tengas calma y evites un desbordamiento de adrenalina, que podría dañar tu ánimo y tu corazón>>.

<<Ante todo, deseo que te quede claro que tu familia tiene el control absoluto de las emociones, según me aseguró la misma Ethel; cuando ellos cuentan con una puerta abierta en la vida con legítima seguridad, como lo representas tú ahora, se abstienen —como lo están haciendo— de cometer errores irreparables (espero me entiendas). Tu familia tiene el objetivo concreto de poder salir para reunirse contigo, aunque sea a largo plazo; eso les da un grado de calma y les aleja de caer en riesgos que puedan traerles consecuencias impredecibles. Espero tomes con calma cualquier acontecimiento que llegue a tus oídos, o a tus ojos si es por la televisión, con la garantía que te doy, en nombre de ellos, de que ninguno va a correr peligro, ya que el objetivo de tu esposa, hija y demás es ir tras de ti con la mayor seguridad del mundo. Por mi parte, me propongo seguir viviendo con tu primo Apolo Adán hasta que… Dios o los demiurgos que me crearon, decidan lo que vamos a hacer>>.

<<El mismo Apolo Adán me pidió que no te omitiera datos de lo ocurrido, ya que me ha dado por escribir unas cuantas crónicas de lo que está pasando a mi alrededor en esta Isla (como ya te mandé a decir con Gladys, y así me divierto y sufro placenteramente, al intentar dejar constancia de esta Sodoma o Gomorra, o Babilonia, o las tres juntas, en que estamos). Aclarado estos puntos importantes, doy paso a mi crónica, en la cual me he ceñido estrictamente a los sucesos concretos que han ocurrido en estos últimos días>>.

El Maëlstrom y la Nada

<<Comienzo con los primeros acontecimientos, ya que por haberme encontrado —como te dije— con un amigo en la calle, sé de primera mano todo lo que vivieron él y otras muchas personas, que de hecho tú no tienes ni idea de cómo fue y lo que verdaderamente pasó, y hace falta que esto, algún día, se divulgue para desmentir cualquier falsa versión de lo que ahora voy a relatarte>>.

<<Hace poco más de un mes la situación en general se ha venido cargando, han ocurrido acontecimientos que han provocado un malestar general, y llegado a un clímax sorpresivo. Bueno, el asunto es que a fines de junio empezó el desvío de barcos, un total de tres remolcadores y el secuestro de varias lanchas. El primer remolcador fue baleado y dejó cuatro heridos como resultado, pero logró ser rescatado por la Guardia Costera de Estados Unidos; el segundo llegó con susto, pero sin complicaciones y el tercero (que se llamaba 13 de Marzo y pertenecía a la empresa de Servicios Marítimos del Ministerio de Transportes) padeció algo inimaginable, una especie de maëlstrom físico y espiritual, en su escape tenaz de otros barcos del Gobierno que eran tripulados por gente vestida de civil (pero tú sabes que en realidad no eran gentes, sino agentes de la Seguridad o del Partido que seguían instrucciones del Gobierno)>>.

<<Al amigo que te he mencionado, llamémosle Moisés, lo encontré en la calle Reina, cerca de Zanja, cerca de donde yo vivo con tu primo, y cuando me vio, pensó que no lo iba a saludar, porque según él, ya se encontraba apestado, al formar parte de la lista de fichados de la Seguridad del Estado, alguien a quien se le vigila constantemente por ser considerado contrario al Gobierno, vaya, tu sabes cómo son estas cosas aquí. Pues, figúrate, primo, al verlo en la calle fui directamente y le di un abrazo (ya yo me había enterado de algo de lo sucedido) y a duras penas lo pude convencer de que fuera conmigo hasta la buhardilla que tenemos tu primo y yo en la calle Zanja… y que nada, como te digo, se emocionó en el momento en que lo abracé, porque se convenció de que yo no tenía miedo de saludarlo y caminar con él delante de todo el mundo y porque él, en esencia, no era un apestado. No obstante, aun a empujones, me lo traje a la buhardilla, para que se tomara un poquito de café de chícharo… Y fue aquí donde nos contó (a tu primo Apolo Adán y a mí), con pelos y señales, lo que te voy a trasmitir>>.

<<El asunto es que Moisés se iba en el remolcador 13 de Marzo, que trataba de escapar hacia Estados Unidos. Y, según él mismo, cuando ellos embarcaron todo estaba bien. “No había nadie”, dice, “nada que se nos metiera en el medio, ningún obstáculo”, continúa: “Sin embargo, cuando vamos saliendo vimos dos barcos apagados en la boca de la bahía. Ellos nos dejaron salir, sí, pero después nos cayeron atrás…También nos dimos cuenta de que había gente en el Malecón; parece que había alguna actividad en el muro. Yo me imagino que la gente vio cuando nos cayeron atrás”>>.

<<Y el caso es, Joel, que los dos barcos iban siguiendo al remolcador, y al rato se le unieron dos más, hasta que los dos primeros aceleraron, uno se colocó delante de la proa (eran barcos mucho más modernos y veloces), el otro a un costado y el tercero fue acelerando hasta ponerse en el otro lado, a babor; ya te digo, primo, a unas siete millas, cuando nadie podía ver nada, estaban bien alejados y había oscuridad, no se veían ni las luces del Malecón, ni el faro, nada. Y ahí fue cuando empezaron a darles los bandazos, a chocarlos, a rozarlos>>.

<<”Nosotros cogimos miedo por los niños”, me añade Moisés, “no por nosotros, sino por los niños, porque si hubiéramos sido nada más nosotros, no importa tanto; pero eran niños, y hasta de 5 meses en adelante. Empezamos a gritarles que por favor pararan, que nos dejaran ir, y ellos no hacían caso; incluso, uno de nosotros les grita: ‘¡Chino, coño, cálmate, no hagas esto, compadre. Mira, aquí hay niños y viejos!’, y les enseña a su hijastra que tenía 3 años. Pero nada continuaron y hasta se reían y gozaban. “Ellos en ningún momento dispararon tiros, no, sino chorros de agua”, afirma Moisés, “Ellos simplemente nos dejaron salir de la bahía y después nos atacaron con los barcos y con los chorros de agua a presión, donde creían que no había testigos; entonces fue cuando apareció de entre la oscuridad el cuarto barco y se nos puso detrás”…>>.

<<¡Qué incertidumbre, Joel! La cosa ocurrió en una zona de agua que le llaman La Pozeta, a unas siete millas de la bahía. Las embarcaciones que aparecieron traían cañones de agua de alta presión. Pero déjame transcribirte lo que él mismo me contó, pues no es lo mismo que te lo diga yo, a que lo leas por las propias palabras de él, ya que Moisés aceptó lo que le propuso Apolo Adán, de grabar su relato y enviártelo por escrito, corrimos ese riesgo, sí, pero lo grabamos, y como te puedes imaginar, los casetes ya desaparecieron, rápidamente les dimos camino, por si nos hacían un registro. Pero antes, transcribí todo a mano, le arreglé algunas cosas de redacción para hacerlo más claro, y aquí te envío la historia de Moisés:

Éramos un grupo de hombres, mujeres y niños que

               queríamos irnos pa Estados Unidos y nos montamos en ese

               remolcador, porque conocíamos al capitán del barco, que

               quería irse también. Pero parece que ya la Seguridad sabía de

               nuestras intenciones y nos dejaron salir pero nos siguieron

               cuatro barcos. El remolcador en que íbamos era viejo, aunque    

               se le reparó y el motor se encontraba bien. Recuerdo que todo

               estaba oscuro y no había Luna, y de pronto a unas siete millas  

               de la costa aparecieron esos barcos que eran de la misma  

             empresa marítima. Nos alcanzaron en seguida porque eran más

             veloces, y comenzaron a darnos golpes a babor y estribor; como

             eran barcos más potentes que el nuestro, uno de ellos se

             adelantó y nos cortó la huida, las mujeres empezaron a gritar

             porque traían sus hijos en brazos, eran niños pequeños y los

             hijos de puta de esas embarcaciones empezaron a tirarnos con

             chorros de agua, unos chorrotes fuertes golpeándonos como si

             fueran palos. Aquello era una agonía, coño, y solo de acordarme

             me pongo mal. De todas maneras, el barco nuestro seguía hacia

             adelante, pues el que nos cortaba no se atrevía a detener o

             reducir su marcha por miedo a que el remolcador lo averiara.

             Entonces es que ellos deciden hundirnos, porque otro barco, que

             como te dije anteriormente ya se había colocado detrás de

             nosotros, aceleró y nos embistió. Aquello fue tremendo, no sé

             cómo explicarlo, las mujeres gritaban mucho y nosotros

             también, pero ellas pedían por sus hijos, y unos cuantos se

             metieron en la parte de abajo, creo que le llaman el cuarto de

             máquina, para evitar los chorros de agua que no cesaban.

             El barco de atrás nos destrozó la popa y nos alumbraban con

             reflectores. Ellos veían a los niños que quedaron en cubierta y

             sabían que otros tantos niños con mujeres y viejos se habían

               ocultado debajo, pero nada, siguieron. El remolcador como

             que se levantó un poco por la parte de atrás, hasta que la popa

              se partió. La madera de repente se hizo astillas, crujía y un

             pedazo enorme de la popa se abrió y se separó. Varios cayeron

             al mar; a mí un chorro de agua salada (usaban agua de mar

             para que doliera y resecara más la piel) me levantó en vilo,

             como si yo fuera un muñeco de trapo o papel, una pluma, y me

             llevó a mi hijo, que yo lo abrazaba cuando aquel chorrazo me

             hizo caer también al mar, me tiró en segundos, pero me acuerdo

             que antes di un rebote contra la banda derecha. Ya en el agua, a

             pesar del golpe, pude nadar y agarré a mi hijo, que estaba

             desesperado, lo sostenía, pero teníamos que bracear. A una

            mujer le arrancaron también el niño de los brazos con uno de

             los chorros de agua, figúrate eran cañones de agua a presión.

             ¡Dios mío, cómo podía ser!, ¡cómo esos tipos podían hacer eso!

             La criatura que cargaba la mujer salió disparada hacia delante,

             tiene que haberse reventado contra la caseta delantera, y cayó al

               mar, la madre la vi, como si se hubiera vuelto loca, halándose

             los pelos hasta que gritó y se tiró al mar detrás de su hijo. Al

             patrón del remolcador, bueno me pareció que era él, lo

             agarraron entre tres chorros y supongo que lo hayan

             descoyuntado, porque cayó al piso de la cubierta doblado como

            si fuera de cartón, desmayado o sin vida, no sé, y el pedazo del

             barco se estaba hundiendo rápidamente, el cuerpo del patrón se

             fue al mar también. Los que venían persiguiéndonos estaban

             vestidos de civil, muchos sin camisa, y eran cuatro barcos, te

             digo, y nosotros les gritábamos: “¡Miren, nos viramos patrás,

             nosotros ya estamos parados!”, y ya estábamos parados de

             verdad, y ahí fue cuando el cuarto barco vino y nos partió la

             popa…

                   Bueno, me falta decirte que nosotros éramos un grupo, los

             que ya estábamos flotando, tratando de que nos recogieran,

             dando brazadas. ¡Oh, carajo, qué impresión!, todo estaba

             oscuro y el mar se estaba picando, supongo que eran alrededor

             de las 4:00 de la madrugada, y no nos subían, nos seguían

             tirando con los chorros de agua y entonces fue que empezaron a

             hacer círculos alrededor de nosotros para crear un gran

             remolino y nos hundiéramos más rápidamente. Sí, llegué a

             percibir (porque no se veía casi nada por la oscuridad) que a

             unos metros de mí se estaba armando un remolino enorme, cada

             vez más grande y rápido, y vi manos que se agitaban,

             chapoteaban en el agua, sentía los gritos: “¡Dios mío, sálvanos,

             queremos vivir!”…

                 ¿Cómo te puedo transmitir esto?, la desesperación tan grande

             que sentí en un viejo que suplicaba que lo salvaran hasta que le

             metieron un chorro de agua en la mismísima cabeza y

             desapareció, no salió más nunca.

                   No sé si había tiburones o no, creo que no hubo tiempo para

             que llegaran, los desmadrados de las otras embarcaciones se les

             habían adelantado.Yo llevaba mi niño, mi niño de 10 años, y

             no lo soltaba, trataba de mantenerme a flote con él, pero yo no

             nadaba bien, y nos hundíamos y salíamos. Entonces en una de

             las veces que sacamos la cabeza vimos a una viejita que ya

             estaba ahogada y flotaba (¡qué importa su nombre!; era una

             vecina) y mi hijo y yo nos agarramos a ella —había mucho

             oleaje—, entonces nos tiraron varios chorros de agua, a mi hijo

             y a mí, y mi niño se zafó de la mujer y se me fue, se me fue, se me

             perdió en la oscuridad, y me decía: ‘¡Papi, papi, ayúdame,

             sálvame, me ahogo!

                   ¡Oh, Dios mío, mi hijo de 10 años lo tapó una ola y se hundió

             y no lo vi más!, cumplía 11 en agosto. Me dio la impresión de

             que fue el remolino que ellos hacían con sus barcos. Yo solté a

             la mujer muerta y lo busqué dando brazadas y palmadas,

             chapoteando, y lo encontré pero ya estaba ahogado, bueno, creí

             eso, no respiraba, yo nada más gritaba, de que lo subieran para que

             mi hijo se salvara; entonces seguí con él, seguí aguantándolo, pero

             ya no tenía fuerzas para resistir aquellos empellones; y entonces

             me sonaron otro fuetazo de agua y me lo sacaron de los brazos,

             y de pronto el remolino se hizo gigantesco, lo vi por los

             reflectores que lo alumbraban; el remolino se convirtió en un

             embudo descomunal, muy negro, muy profundo, y por poco yo

             también me ahogo, tragué mucha agua; estaba muy oscuro, me

             hundí; en segundos no me importaba morir, no, pero en

             segundos mis instintos me hacían subir, sacaba mi cabeza dando

             arqueadas y respiraba con desesperación, movía mis brazos en

             todas direcciones, como un loco, pedía socorro, ¡Ay, Dios,

             cojones!, si me hubiera dado un infarto en aquel momento lo

             hubiera agradecido… Me sentí dando vueltas, girando alrededor

            de un hueco enorme, que se estaba tragando todos los restos de

             lo que había quedado, hasta que de repente apareció un pedazo

             de madera, fue como que era mi destino salvarme para padecer

             ahora todo lo que estoy sufriendo, y otros y yo nos agarramos a

             ella. Entonces llegó la Grifin, la torpedera, y nosotros les

             suplicamos que nos salvaran, que nos subieran, que habían

             niños y mujeres, entonces oímos cuando de los otros barcos se

             reían y nos insultaban, nos decían gusanos, que nos jodiéramos,

             apátridas, vendidos a los yanquis y nos gritaban que si

             queríamos salvarnos que le pidiéramos ayuda al Dios en que

             tanto creíamos, o a la Virgen de la Caridad, pero mejor era a la

             Grifin, a ver si ellos decidían salvarnos, y así, riéndose, se

             fueron los hijos de malamadre.

                   Los guardacostas estaban allí, no hicieron nada, estaban

             dejando que esos hijos de puta nos ahogaran. Entonces, alguien

             gritó que se acercaba un barco grande, una luz que había

             surgido como a media milla (a los días se supo que era un

             carguero griego) y es cuando las patrulleras deciden intervenir,

             y les gritan a los otros: ¡Está bueno ya, coño, déjennos

             recogerlos!. Y es cuando nos suben antes de que el remolino

             grande nos llevara… Entonces no se veía nada; los de las

             torpederas alumbraron con sus reflectores potentes, a ver si

             quedaba alguien, habían recogido ya unos 31, pero no se veía a

             nadie manoteando ni se sentía grito alguno; todo era silencio y

             las olas un poco picadas que brillaban con las luces de los

             reflectores. Después se volvió a hacer la oscuridad. No había

             Luna, era la Nada, y yo me arrodillé llorando hacia la negrura

             del mar y le pedí a la virgencita que donde quiera que estuvieran

             mi hijo y los demás, que ella los sacara y los llevara con

             Dios… ¡Qué Dios ni un carajo!, me dije, ¡si Dios permitió que      

             nos pasara esto!

     <<En el 13 de Marzo iban 72 personas, te repito, Joel, de las cuales perecieron 41 entre los de la bodega y los que cayeron al mar, y no se rescataron sus cuerpos. Entre estos 41 estaban 20 niños. ¿Te imaginas, primo? Esto trajo como consecuencia que en Regla, Cotorro y Guanabacoa el malestar aumentara y la situación se pusiera muy tensa, aun cuando los hechos fueron desmentidos por la dictadura; hubo detenidos; en fin, tú sabes bien cuál es la política de represión que se sigue contra los disidentes o los que quieren abandonar el país…>>.

<<Te habrás dado cuenta de la tragedia de mi amigo Moisés, así como la de los demás que sobrevivieron. Ese hombre ha quedado destruido para toda su vida, perdió a su hijo, perdió a vecinos y amigos, y perdió la esperanza. Era medianamente joven, y en unos días sus cabellos se han vuelto grises y de un blanco opaco; da la impresión de ser un viejo enfermo; cuando se mueve lo hace al igual que alguien muy debilitado; tiembla y se asusta con mucha frecuencia, tal parece que sus nervios han quedado crispados. Está muy delgado, a veces su rostro tiene un color plomizo y su mirada da miedo porque se siente muy perdida. Hay momentos en que no para de hablar; se pone a contar lo que le sucedió una y otra vez, una y otra vez, como si estuviera volviéndose loco: “¡El chorro de agua”, repite, “el remolino, nada, no hay nada, el remolino es muy hondo, nada, nada, nada!…”. Creo que está rondando los bordes de la locura si es que ya no ha caído en ese infinito e insondable hueco de la soledad, porque en otros momentos se queda callado por mucho tiempo y su mirada se va hacia arriba o hacia el cielo, supongo entonces que se encuentra en una especie de Nada, con la cabeza bien inclinada como mirándose los pies y cuando logras verle la cara sientes una desolación inexplicable, un vacío extremadamente profundo, y casi no puedes soportar su mirada perdida, sus ojos oscuros, sus ojos sin brillo. Sientes que hasta te molesta verlo así, porque no puedes ayudarle. Solamente Dios, milagrosamente, puede darle su consuelo. Es como si su vida, desde ese día, oscilara entre el remolino del mundo y la Nada>>.

En el fragor de la batalla

<<El 5 de agosto, un mes después del hundimiento del 13 de Marzo, la gente empezó a aglomerarse en el Malecón alrededor de las 10:00 de la mañana, pues se corrió la bola de que se iban a robar otro remolcador, y las personas estaban en espera, tanto en Regla como en la capital. A la 1:00 de la tarde, se robaron la última lanchita y la gente como que enloqueció, y comenzó a bajar en tumultos por las calles que desembocan en el Malecón a unirse a los que ya se encontraban allí; no se sabía si esperaban algo o si se unían por una fuerza superior a ellos que los guiaba>>.

<<A mí la cosa me sorprendió en la calle Galiano (ese día andaba buscando infructuosamente una tela para hacerme un vestido que necesitaba a gritos, pues quería ir a una embajada adonde tu primo últimamente ha logrado colarse, tocando saxofón). Yo tampoco sabía bien qué estaba sucediendo, pero de repente me dejé llevar por la ola de gente que por Galiano se dirigía hacia el mar. El caso es que se formaron grupos de personas que empezaron a gritar cosas contra el Gobierno, y la policía intentó rodearlos. Alguien me dijo que desde las 9:00 de la mañana la fiana andaba rondando por la parte vieja de la ciudad, en camiones que venían de Tallapiedra. Sin embargo, aún no había ocurrido nada, ni siquiera el secuestro de una de las lanchas, que sí pasó a la 1:00 de la tarde y que, incluso, fue filmado por los agentes del Gobierno; o sea, ellos sabían lo que iba a ocurrir; lo que pasó es que no calcularon las dimensiones que tomaría todo. Aun cuando la policía pretendía amenazar a la muchedumbre, las personas al bajar hacia el Malecón comenzaron a gritar: ¡Libertad, basta ya! ¡Libertad, libertad, libertad! Y yo también me di ese gusto, nunca se me puede olvidar que esa tarde grité como una loca: ¡Libertad, Libertad, libertad! Muchos andaban ya con palos, piedras, cadenas, botellas, lo que apareciera y la gente le fue arriba a la policía que se lanzó a correr, a huir. Pero la revuelta no se daba exclusivamente en el Malecón, también subió a las calles San Lázaro, Neptuno, San Rafael, Prado, Parque Maceo, 23, dentro de la universidad, Zanja (el tumulto fue muy grande en esta avenida), en Galiano también, donde yo espontáneamente me había envuelto en la muchedumbre (o la muchedumbre me había envuelto a mí), y por cuatro horas esa multitud se fue haciendo de más de 20 mil personas, dijeron, o quizás más, bueno, según se llegó a decir alcanzaron hasta más de 30 mil personas, y yo lo creo porque estaba allí y lo viví, aquel gentío formidable tomó el control de la situación. Se rompieron vidrieras, saquearon las tiendas de área dólar; las cajas con las mercancías eran tiradas a la calle y muchos cargaban con ropa, zapatos, comida. Yo no pude hacerlo, porque no me daban tiempo y la gente estaba como desesperada, llena de rabia y de necesidades, y a mí por lo que me dio fue por gritar: ¡Libertad, libertad, abajo la dictadura!; el encabronamiento que tenía se me iba por ahí, lo que quería era destruir la estructura turística de ese apartheid, pero te juro que la gente no me daba chance, te repito: cuando iba a ver, ya lo que tenía frente a mí había desaparecido o estaba destrozado; pero en fin, muchos, sí te digo, cargaban con todo. Es que aparte de la necesidad de libertad, los isleños tienen hambre, tenemos hambre, bueno, tú lo sabes. Te confieso que siempre, en algún momento, pude darme el gusto de desbaratar unos cuantos cristales en el hotel Deauville (en las calles Galiano y Malecón). Otra multitud, podían ser unas dos mil personas, rodeó la estación de policía de la calle Zanja, con la intención de tomarla, principalmente para coger las armas, decían, pero no pudieron porque los policías se pertrecharon y dispararon al aire (en realidad no quisieron tirarle a la gente). Entonces las personas enardecidas se fueron hacia otro lugar y asaltaban los turistaxis y sacaban de ellos a los turistas (te aseguro no haber visto a nadie a quien le hicieran daño físico), lo único que hacían es que volcaban los autos en medio de la calle. Parece que inconscientemente lo que quería todo el mundo (queríamos) era destruir la dictadura, hacerle daño al Gobierno. Por esto volcaban las perseguidoras que se encontraban; incluso, vi una a la que le pusieron encima un tanque de basura de los grandes y le desbarataron los cristales a cabillazos y pedradas; a otras las quemaron con botellas llenas de alcohol (cócteles Molotov); en resumen, le dieron (¿le di?, sí, bueno, yo me puse un pañuelo en la cara para que no me identificaran) y le dimos, repito, tremendo jan a la policía; yo colaboré con patadas y taconazos a los que impedían que entráramos en una tienda y acabáramos; claro, eran tiendas para turistas extranjeros nada más, shoppings, diplotiendas (¿a qué íbamos a entrar a las tiendas que mantiene el Estado para la población?, eso era perder el tiempo). A las guaguas [ómnibus] que transportaban a la gentuza afín al Gobierno, esos abusadores y cobardes que se visten de civil y pertenecen a las brigadas de acción rápida, les tiraban más botellas encendidas desde los edificios; hubo tiroteo, y no dudo que debió haber muertos y heridos de ambas partes, porque eso sí te aseguro, contra esa gente, al igual que contra los chivatos de los comités y los chivatos profesionales (estos últimos que andan encubiertos en las calles, y les pagan, lo que ahora no me acuerdo cuánto, pero sé que les pagan), hay mucho rechazo y odio. Se pintaron paredes con lemas contrarios al Gobierno. Aquí yo sí me di banquete, porque había un muchacho con una lata de pintura, al parecer de una de las tiendas saqueadas, y le ofrecía brochas a los que pasaban, para que pintaran su horror o su fantasía sobre unos carteles que tenían la cara de varios dirigentes de la Isla, y ya tú sabes, saqué mis dotes de pintora y les pasé la cuenta a esos descarados y desalmados; y con el Bablador me di gusto sacándole las cejas, afinándole los labios, haciéndole bigotes tipo Hitler>>.

<<Pero de pronto me quedé paralizada, pues a un costado de las paredes donde estaba el cartel que yo convertía en mi obra maestra, corriendo su mirada, de mi rostro a mi mano con la brocha, se encontraba parado Felito, un ex amigo que había estudiado junto conmigo en la Secundaria, y desde hacía dos años, cuando había entrado al mismo preuniversitario en el campo donde yo estaba, él aceptó una beca en la Unión Soviética para estudiar radar y telecomunicaciones como militar. Desde la primera vez que vino de vacaciones no me había vuelto a saludar porque alguien le dijo que yo era una jinetera de la más puta que había en la Isla (supuestamente porque al graduarse, Felito saldría de teniente o capitán, no sé, y no le convenía que supieran que él era amigo de una jinetera)… Y ahora estaba allí, en medio de aquella revuelta, viendo cómo yo tomaba parte de un acto contrarrevolucionario…>>.

<<Pensé que el ejército se había presentado ya, y por eso él estaba allí, y la redada iba a comenzar por mí, suponía. No cabía duda, aquello significaba el fin… De pronto, él se rió mientras me miraba, y me dijo: “Motoneta” (de la misma manera cómo me llamaba el grupo de amigos en la Secundaria), “¿pero qué haces, coño, estás loca?, ¿cómo es que tú sola vas a darte ese gusto, muchacha?”, y me quitó la brocha de la mano para darme un abrazo fuerte… Yo me había quedado pasmada, y después, juntos, dimos algunos brochazos y nos perdimos en la multitud…>>.

<<En fin, se dañaron restaurantes para turistas y se trataron de llevar otro remolcador y una lancha, que como no tenía motor, no pudieron robársela. El ejército fue acuartelado y Regla sitiada (que también su población se había echado a la calle). A las 5:00 de la tarde fue que de verdad empezaron a bajar las tropas y carros antimotines, con mangueras de agua a presión (son cañones que tienen 1,500 kg. f/pulgadas). Ya yo me había logrado escabullir con Felito por una calle que atraviesa Galiano, y me alejé, hasta que cerca de Carlos III nos despedimos con otro abrazo fuerte, y recuerdo que él me dijo: “Salúdame a tu músico, el Flautista, y no te preocupes que volvemos a ser amigos, ‘Motoneta’”, me dio un beso en la frente y se fue… Por mi parte, yo logré montarme en un auto viejo, que había estado boteando, haciendo de taxi, vaya, tú sabes. El chofer se veía atemorizado, pero paró cuando le enseñe un billete de cinco dólares, y me dejó en la calle Zanja, frente al edificio donde tu primo y yo tenemos el cuartucho. ¡Al fin!, entré en la casa… asustada pero con la sensación de un placer extraño, como creo hacía mucho tiempo no tenía>>.

La resaca

<<Vino a ser nada más en la madrugada del día 6 cuando comenzaron a controlar algo aquel disturbio. A eso de las 5:30 de la tarde, más o menos por ahí, llegó el tipo, o sea, quien tú sabes, por la calle Prado, con una enorme escolta, pero la gente le lanzó su ración de piedras (llevaban en las bicicletas cartuchos llenos de piedras). Él trató de hablarle al público, pero lo abuchearon, le tiraron botellas y le gritaron todo lo que se merecía y tuvo que virar y echar un quinto para atrás. Después, otra vez el Rex se unió a un grupito pendejo que venía bajando por Prado con los diputados de la Asamblea Nacional, encabezado por el muy conocido Agapito (el hermano de tu vecino Leandro. ¡Que desperdicio de hermano, compadre!). El Bablador habló a las cámaras de televisión la misma baba de siempre y, por supuesto, en su discurso dijo que esas miles de personas eran delincuentes; y reafirmó que era un pequeño grupo de unos 700. ¡El pobre, cada día está más ciego! Así pasaron las horas y a las 9:00 de la noche, Quien-tú-sabes se presentó de nuevo por televisión, y como siempre, el “totí” (USA) cargó las culpas, porque según él, desde tan lejos, fueron los que dirigieron, organizaron y subvencionaron a esta muchedumbre…>>.

<<Ya después de su verborrea, en el transcurso de las horas, los sublevados se fueron retirando poco a poco; las cárceles y los hospitales estaban llenos y entonces los partidarios del Sempiterno tomaron las calles: gritaban a reventarse sus consignas mierderas. No obstante, aún el domingo quedaban pequeños focos que se enfrentaban a golpes con las turbas gubernamentales…>>.

<<En la madrugada del sábado sitiaron el pueblo de Cojimar, a causa de lanchas que vinieron de Miami a buscar familiares; el ejército tomó el Malecón de Cojimar con bazucas. En Guanabo una enorme cantidad de manifestantes se lanzó a las calles, la gente tomada de los brazos, en un gran bloque humano. De forma pacífica y muda avanzaban unidos; muchas personas pensaron que el Rex se había caído, pero por desgracia el tiranosaurio seguía ahí, no fue más que un malentendido, por los deseos que hay de que eso suceda. En el barrio de Miramar la gente pasaba en los carros gritando abajo el Bablador. Hubo pequeños incidentes en Marianao y por la zona del Vedado se esperaba algo, pero solo fue eso, la tensión de una espera, no sucedió nada…>>.

<<Un grupo grande se encaminó a la Oficina de Intereses de Estados Unidos, pero fueron interceptados en las calles 23 y Malecón por las tropas especiales. En la estación de policía de Teniente Rey no se sabía quién era quien, pues de manera igual los presos le daban golpes a la policía como la policía en grupos le caía arriba a un solo infeliz…>>.

13 de agosto

<<Hoy, día 13, tengo más que contar, pues a partir de todo lo dicho quedó una calma aparente, con una atmósfera sobrecargada: las calles totalmente vacías, como en estado de sitio; la electricidad (que antes la quitaban todos los días por la noche en toda la capital) después de esto no la han vuelto a quitar, y tropas del ejército tomaron las calles de día, noche y madrugada, custodiando las zonas, durmiendo en el césped, en los parques y en los portales de los edificios del Malecón y de las calles principales, también por la calle Monte. El acoso y los arrestos llovían; a un panadero se lo llevaron preso por tirarle pan a la gente en la calle (para que comieran); en la discusión en una bodega, por uno que se coló, llegaron las tropas de acción rápida, se bajaron de unos carros y dieron leña de todos colores a la gente que se encontraba en la cola, mujeres y viejos, sin consideración. Joel, todo esto es algo que hay que vivirlo para darse cuenta de que el silencio también clamaba libertad…>>.

<<Así las cosas, hace pocos días secuestraron una embarcación de fibrocemento, que pertenece a la Marina de Guerra, y mataron a un teniente de corbeta, que apareció a los dos días en el mar, tras una intensa búsqueda (¿qué te parece esto?, y aún las personas del remolcador 13 de Marzo siguen hundidas en el océano)… [Hasta el momento en que reproduzco esta carta de Marja en la historia de Joel, el Gobierno de la Isla no ha hecho absolutamente nada por sacar los cadáveres ni los restos del remolcador, y ya han pasado unos cuantos años]… Los que robaron el fibrocemento llegaron a Estados Unidos sanos y salvos, fue un milagro, pues cuando recogieron al último (eran 26 personas) la embarcación se hundió. Ese mismo día también se llevaron una avioneta de fumigación de dos plazas, 14 personas que llegaron sin dificultad a Cayo Maratón. Continúa la cosa: otro día un grupo se robó un pesquero y un remolcador, que los desviaron para Jamaica. Todo esto ocurría en el Mariel. Cientos de personas, unos 500 o más tomaron posesión de un buque-tanque que se encontraba anclado en ese puerto, después de una formal invitación del capitán y su tripulación, todos griegos, con bandera maltesa. Pero la zona fue tomada por el Ejército, que hizo zafra de golpes y cientos de personas que no pudieron montarse fueron enviados a la cárcel y a los hospitales…>>.

<<Antes de terminar, te añado que me dijo Ethel que su hijo, tu sobrino Sorbito, está bien, y que ya se encuentra en la casa, sano y salvo. No te había mandado a decir nada hasta ahora para que no te preocuparas. En otra oportunidad, él mismo te hará una carta y te explicara cómo le fue. El no va a hacer ninguna locura más, pues se trató de montar en un buque de carga que estaba anclado en el Mariel. De allí lo sacaron y lo detuvieron, pero eran tantos los polizontes y los que ya se hallaban presos, que no lo ficharon y le dijeron que se fuera para la casa…>>.

<<Esta carta te la he hecho a insistencia de tu primo el Flautista, y como ya te dije, de tu cuñada Ethel, con el visto bueno de Gladys y de Camille, debido a que yo viví la cosa en la calle y además por la transcripción de Moisés. Y como ya ves, he unido todas estas vivencias en una sola para hacértela llegar con el mayor detalle posible. Espero que tu hermano Alberto el Genético, con calma, te cuente algo cuando te llame desde Alemania, porque estas cosas sucedieron unos días antes de él irse. Pero supongo que muchas de estas cosas él aún no las sabe, y para que estés al tanto de todo es que te lo hemos hecho llegar, quizás seas tú quien le cuente a él…>>.

<<No tengo que decirte cuánto te recuerdo y queremos. Mi cariño y mi ánimo cada día más unido al tuyo. Hasta otra vez, y que los dioses estén contigo>>,

Marja, tu Seráfica

Sobre el autor

Manuel Gayol Mecías

Manuel Gayol Mecías

Manuel Gayol Mecías, escritor, investigador literario y periodista cubano, ganó el Premio Nacional de Cuento del Concurso Luis Felipe Rodríguez de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) en 1992, y en el año 2004 el Premio Internacional de Cuento Enrique Labrador Ruiz del Círculo de Cultura Panamericano de Nueva York. Ha publicado, entre otros libros, “Retablo de la fábula” (poesía), “Valoración múltiple sobre Andrés Bello” (investigación), “El jaguar es un sueño de ámbar” (cuentos), “Marja y el ojo del Hacedor” (novela) y “La noche del Gran Godo” (cuentos). Reside en California.

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