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Carta para salvar una dictadura

Carta para salvar una dictadura

Carta para salvar una dictadura
mayo 25
15:21 2014

El presidente Barack Obama debe de haber recibido ya una misiva pública (abierta) solicitándole una ampliación considerable de su política de relajar las sanciones contra la dictadura castrocomunista. Sus promotores le piden, implícitamente, que lo ejecute por decreto, sobrepasando así la rama legislativa. En otras palabras, quieren que la Casa Blanca ignore la voluntad de la mayoría de los representantes electos de los EE UU. Lo peor no es ni siquiera que los firmantes de este documento le están, en efecto, planteando al jefe ejecutivo norteamericano que atropelle el objetivo de la separación de poderes y de la noción de frenos y contrapesos, dos baluartes de la democracia estadounidense. Lo más repulsivo de esto es que la gestión que están haciendo sólo sirve los propósitos de la supervivencia dictatorial en Cuba.

Leer la epístola es aventurarse olímpicamente en la ignorancia. Esto puede ser la ignorancia de los autores o la suposición de una ignorancia por parte del lector y de la opinión pública. Estoy más inclinado a apostar que los artífices de esta carta están tirando su suerte por la segunda variante. La estrategia calibrada detrás de esta hazaña audaz para neutralizar el “embargo” (más bien “embarguito”) contra el régimen tiránico cubano, para ser exitosa, depende de una tergiversación de los hechos, de la realidad, de la historia y de la naturaleza de dictaduras como la que está en el poder en Cuba. La premisa de depender de la ignorancia del receptor, se refiere no a Obama sino al criterio popular. Decir que el presidente norteamericano es ignorante sería excusarlo. El record de esta administración en cuanto a la promoción de la democracia, ha sido abismal. No hay razón para pensar que Cuba sería una excepción en su gesta patética de relaciones exteriores.

Lo fundamental en la racionalización de esta estocada que busca violentar el muro que le niega a la dictadura comunista en Cuba los tesoros de la financiación, de la tecnología, de la legitimidad y del comercio subsidiado por el contribuyente norteamericano, es el “ayudar” a una sociedad civil imaginada. ¿Sociedad civil? ¿De qué sociedad civil hablan? ¿Dentro de qué sistema? Si es que los diseñadores de esta trama consideran que lo que hay en Cuba es una dictadura, pues la tienen que haber confundido con Taiwán, Corea del Sur, Grecia, Chile o España, en sus respectivas etapas no-democráticas. Hay que hacer la distinción que estos países que mencioné, que en determinados momentos padecieron regímenes dictatoriales, todas fueron dictaduras autoritarias. En Cuba rige una dictadura de corte totalitario. Como tal, la sociedad civil es prácticamente inexistente. La única institución que guarda cierta semblanza, la Iglesia Católica, lamentablemente encuentra a su liderazgo en una plena convergencia de intereses con el poder político tiránico.

De modo que la tesis de estimular la comercialización para así abultar la sociedad civil y que esta ejerza presión sobre la clase política para pavimentar el camino a la democratización, sólo funciona en dictaduras autoritarias. China comunista y Vietnam son dos ejemplos prototípicos de esa política de comercialización y conciliación aplicada al modelo totalitario. Democracia cero y el régimen despótico más seguro que nunca, ha sido el resultado. ¿Eso es lo que quieren para Cuba?

La noción de una sociedad civil urge a priori condicionamientos. Tiene que existir determinado y suficiente espacio no-gubernamental para poder conducir un negocio. Entre esas condiciones están: la libre contratación entre el patrón y el empleado, el acceso a mercados, a créditos y a localización sin la presencia de un filtro político, derechos de traspaso de propiedad y, sobre todo, las condiciones legales donde una rama judicial no es un peón de la cúpula dictatorial. En Cuba la economía está controlada por un concesionario-en-jefe que es el Partido/Estado comunista que sirve de agente de transacción para manejar la empresa-isla de los Castro y compañía.

Todos queremos (al menos todos los que abrazan la libertad y la democracia) una Cuba donde todos sus hijos puedan realizar sus sueños con las amenidades de la modernidad. Querer para Cuba algo que esté desprovisto de libertad plena, es complicidad con el sanguinario sistema despótico. El embargo codifica esa exigencia de libertad antes de abrir las arcas yanquis. Basta ya de hipocresía y de descontextualizar la verdad. Cuba sí. Pero una Cuba para todos los cubanos y libre. No sólo para los que se pliegan al poder dictatorial y excusan o/y cometen la barbarie.

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Sobre el autor

Julio M. Shiling

Julio M. Shiling

Julio M. Shiling es escritor, politólogo y director del proyecto “Patria de Martí” (www.patriademarti.com). Su último libro es “Dictaduras y sus paradigmas: ¿Por qué algunas dictaduras se caen y otras no?”. Tiene una Maestría en Ciencias Políticas de la Universidad Internacional de la Florida (FIU) y es miembro de The American Political Science Association (Asociación Norteamericana de Ciencias Políticas), del International Political Science Association (La Asociación Internacional de Ciencias Políticas) y del PEN Club de Escritores Cubanos en el Exilio. Reside en Estados Unidos.

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