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Carta a propósito de una novela

Carta a propósito de una novela

Carta a propósito de una novela
diciembre 27
05:21 2014

Querido Jorge Luis:

Bajo un sol todavía de verano te escribo con el sabor de tu novela rondando. Ha revuelto los polvos insulares y la Isla ha vuelto a mí a través de tu singular visión. No quería perder estas sensaciones e ideas, ni dejar la lectura en unas palabras igual a las de muchos que tienen más el sabor del compromiso que la sinceridad del lector. Créeme, si no hubiera podido avanzar, si no me hubiera interesado por el destino de Luisito y su universo, hubiera utilizado ese “tercer pulmón” que tengo por oficio y la hubiera leído también, pero hubieran podido pasar más meses y hasta años. Pero por suerte no fue así.

Es obvio que De La Habana a Hialeah es una novela muy personal donde el cuidado lingüístico es cuidadoso, sutil. A pesar de la consciencia de que es una ficción logras un tono inocente y dulce incluso a través del Luisito adulto, y esta persistencia hace que presente y pasado puedan dialogar sin que el contraste nos distancie. Quizás, y es una especulación, sea esto lo que permita que el tránsito por el contexto político donde se explicita, para mi gusto demasiado, esa realidad castrante y letal de Cuba, no sea un panfleto y terminemos digiriéndola. Imagino que fue muy difícil, puede que no, empastar esa turbia y como bien dices en algún pasaje kafkiana realidad, aún más sabiendo que cierto lector occidental es ajena a ella y el lector de la Isla, donde quiera que esté percibe mejor las entrelíneas y los guiños, aunque de esto último tampoco estoy muy seguro ante tanta polarización política que desdeña la historia y son incapaces de ver los vasos comunicantes entre procesos o hitos que han convertido el país en los que es hoy, un espejismo irreconocible incluso para los que viven dentro.

La apuesta por transitar por ese contexto político con tanta honestidad fue arriesgada. Subyace muy bien la crítica al extremismo a un lado y a otro de la Isla; pasas por momentos históricos no como mero observador sino que te posicionas y entre el diálogo de diferencias creas esa polifonía que me parecía casi imposible por el mundo anunciado y el “pequeño” universo en el que te mueves. La mayoría de los escritores cubanos, incluso los que están bien distantes de la dictadura de los Castro, no se han atrevido a desmitificar la Revolución y sus “personajes”, unos por un miedo natural inoculado en la Isla, otros por esa autocensura que arrastran y que los perturba. No pude evitar pensar la tontería de Senel que linda lo cursi, y reírme, porque como ya te dije en una ocasión, tu texto es más orgánico y comprometido. Por otro lado, me vinieron a la mente fragmentos de Miau, de Galdós, donde el también Luisito vive con sus tías y abuelos en una precaria situación del Madrid del siglo XIX y la crítica al sistema no destroza ese universo casi onírico que el personaje vive entre una realidad que los supera a todos. También vinieron a mí fragmentos de Kundera, más en el plano filosófico al lidiar con la crítica, la historia y la literatura sin soslayar el drama humano, ni convertir la historia en una sucesión de anécdotas aburridas.

41UbEtFe7NL._SY344_BO1,204,203,200_Supongo que es por la pobreza y deterioro del “material insular” que algunos escritores no enfrentan esa realidad sin eufemismos, sin enmascaramiento y prefieren, me incluyo, nadar por otras aguas tan ficcionalizadas que devienen tópicos y mera especulación estilística. Y así surge la crítica oblicua, la muestra de una realidad cruda, sucia, tan habanacentrista como falsamente contestataria. Pero ya es una creencia que mostrar las miserias del país es atacar al sistema, haciéndose tan patente que se olvida el contexto que es decir la historia, y el discurso narrativo se convierte en crónica mala de putas, borrachos, jineteras, turistas extraviados, balseros y toda esa mierda de tópicos que por desgracia siguen tratando mal en textos que intentan ser literatura. En tu caso el matiz y la serenidad narrativa permiten entrar en un universo muy personal y difícil de tratar sin caer en manierismos. La frescura de la escena de los cocuyos, quizás algo inconclusa; los detalles cotidianos como ese ruido del ventilador que se te queda en la mente y la metáfora como Pinocho para aludir desde la perspectiva infantil a una dimensión monstruosa de la mentira encarnada en Fidel Castro, le dan a la historia ese toque tan personal que creo debieras explotar más.

Como soy un perturbado por la narrativa de Onetti y de Donoso, siempre ando buscando vestigios poéticos, inconscientemente, en cada texto que leo. Estoy seguro de que por eso quedaron grabadas algunas frases en mi mente. “El aroma a limpio borra la impurezas pasadas” o “el olor a comida adoba la acera” suavizan esa realidad áspera que a veces es mejor manejar con metáforas y construcciones poéticas porque, desde mi modesta experiencia, describirlas no basta, relatarlas pieza a pieza nos deja inconformes.

Si bien las relaciones que se tejen con la familia, el presente y el pasado, no son más que recursos para que la reflexión ficcional no sea plana, enriquecen el universo que creas y lo haces muy digerible aunque no sepas nada de Cuba. Aunque a veces la ternura se apodera de todo y la maraña de angustia comienza a diluirse, como cuando aparece Alice, aterrizas al lector en la realidad a golpe de nexos y anécdotas que no se quedan en lo episódico. Y un ejemplo es el pasaje con Anthony y la evasión de los agentes de inmigración que sirve como doble espejo. El encajar buenas historias dentro de la historia principal suple ese coqueteo con el tema lingüístico, esa mezcla de lenguas, transformación de las formas de los hablantes y el manejo de la oralidad. Aquí tienes otra mina estilística que estoy seguro que explotarás más en tus nuevos libros.

Fue doloroso, y cuando digo doloroso uso la palabra en su real significado, ese no reconocer el hogar materno, el tener las raíces de un existencia en el rostro y no sentir nada, después de tanta expectativa. Me ha sucedió y lo he vivido en primera persona. Si la llegada a USA y el pasaje del aeropuerto fue premonitorio de que adaptarse al nuevo mundo, por maravilloso que pareciera, no iba a ser fácil; el regreso y el choque con los funcionarios de aduana y el entorno del aeropuerto anunciaban un enfrentamiento frontal con la decadencia, la paranoia y el extremismo. El personaje de Inocencio y la situación orwelliana es buena y salva de esa relación fácil que hay con su amigo Pepe, donde las diferencias y la tristeza casi aniquilan ese nexo. Ahondar en todo lo relativo a las relaciones familiares es innecesario ya que están bien tejidas y entre citas a canciones populares, de la nueva trova, el  rock y el rap, referencias a libros clásicos y situaciones históricas muy puntuales, eres capaz de ironizar y cuestionar desde la posición defensiva de los hogares hasta los descalabros del extremismo político. Ahora mismo me viene a la mente el pasaje de las navidades y me es cercano, ya que la celebrábamos en casa a escondidas hasta que volvieron a permitirlas, pensé que desarrollarías más esa parte y me quedé con ganas de ver más.

Para terminar, no disfruté mucho el final después de haber transitado por tantos lugares a una y otra orilla, se me hizo difícil leerlo porque está plagado de un tono de panfleto. Quiero pensar que tenías las heridas muy abiertas y que te fue casi imposible contener el tono, aun así no desequilibra y los párrafos finales, aunque pesimistas, salvan el texto haciendo que la lectura cierre bien.

Tienes que perdonar mi sinceridad, pero prefiero hacerlo así para que en futuras lecturas de mis textos seas igual o más crítico. Admiro tu valentía y el manejo del prisma que has elegido para adentrarte en un trozo de la Isla; envidio esa coherencia para que el texto se mantenga orgánico a pesar de los contrastes de escenarios, personajes y formas de hablar de cada uno. Las últimas líneas son tristes, pero lo que subyace es el regreso a los tuyos, que están por encima de todo, del país, de la política, de la historia, de toda la mierda que nos ha divido y todavía sigue siendo un mal que nos azota. Espero leer más textos tuyos, será un enorme placer poder hacerlo.

Un abrazo grande bien insular, tu amigo

Yam

Sobre el autor

Yam Montaña

Yam Montaña

Escritor, guionista, editor, fotógrafo y videasta (Puerto Padre, 1972), Montaña es también crítico de artes audiovisuales. Ha publicado la plaquette "Extraños en la noche" (narrativa, 1995) y los libros "Alrededor del olvido" (ensayo, 1998) y "Paisaje antes del alba" (narrativa, 2004). Ha recibido numerosos premios internacionales por su obra, tanto en las artes plásticas como en el cine y la literatura. Actualmente reside en Barcelona.

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