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Casas de campo

Casas de campo
febrero 05
12:10 2016

 

Todas las casas de campo son iguales y la gente de las casas de campo se parecen entre sí y caminan todas como si se hundieran en el fango y hablan atropelladamente alto, de distintos temas a la vez y se preguntan y responden. Todas las casas de campo son iguales y habitan en ellas las mismas costumbres de los hombres que las erigieron y ocultan leyendas que cuelgan de los muros como un cordel que aploma la estructura. En una casa así, de campo, crecí yo, y en las casas de campo los chiquillos se encargan de las cosas domésticas, si alguien llega, te dicen -Tráele un vaso de agua al señor- y uno va a toda prisa y toma una jarra grande de la tinaja y la vierte sobre el vaso y lo desborda y succiona un poco antes de salir con cara de tonto al cobertizo donde alguien con cara de pícaro te espera y dice -Bien mandado el muchacho, ah… En una casa así, de campo, crecí yo, con dos bacinillas en el centro de una habitación oscura que buscaban a tientas en medio de la noche y las rebosaban, y en la mañana te decían -anda muchacho, vota eso- y uno tomaba aquello por el mango, como se agarra un sartén con un gran pez coleteando adentro y se encaminaba recto hacia la puerta de salida que el día antes estaba a treinta pies y ahora se alargaba y se torcía ante los ojos llorosos por el misto que salía del recipiente.

Y ahí iba uno, atinándole al equilibrio y aprendiendo antes de ir a la escuela, que dos bacinillas son iguales a: un cuarto de litro de orina per cápita por persona por diez, dividido entre dos, que los líquidos toman las formas de los recipientes y se evaporan con facilidad cuando están calientes y son propensos al desequilibrio si se ejercen presiones desiguales sobre los bordes o se agitan y que hay fenómenos de masas desiguales que flotan y ejercen presión sobre la superficie horizontal que deforman el estado también del equilibrio, y así iba uno conversando con uno mismo, con cara de tonto, dando tumbos y esquivando los gatos que salían al paso.

Relato perteneciente al libro En el lenguaje lascivo de los perros

Sobre el autor

Adalberto Ad Guerra

Adalberto Ad Guerra

Adalberto Guerra (Ad.Guerra). Nació en San Antonio de Cabezas, Matanzas, en 1967. Reside en Palm Beach, Florida, desde 1994. Poeta, narrador y periodista. Editor de la revista “La Cohoba Magazine”. Ha publicado "El desierto que canta" (Endowment for Cuban American Studies 1994 - Ant. de Poesía), "Reunión de ausentes" (2001- Ant. de Poesía). Recientes publicaciones: "Cazadores de la sombra del ave" (2009 - Poesía.) y "En el lenguaje lascivo de los perros" (2010- Cuentos).

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