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Catalunya, ¿última colonia de España después de Cuba?

Catalunya, ¿última colonia de España después de Cuba?

Catalunya, ¿última colonia de España después de Cuba?
julio 12
13:09 2014

Unos días atrás estuve hablando del tema catalán con unos amigos cubanos en Facebook, la mayoría de los cuales, curiosamente, dicen estar en desacuerdo con la independencia catalana. Esto es algo que no deja de asombrarme si tenemos en cuenta que ellos son los herederos de otros cubanos que en el siglo XIX decidieron deshacerse del lastre español.

Que nadie se tome mal lo que voy a decir, lo que sigue va de buen rollo.

Si no me equivoco, la independencia de Cuba no fue reivindicada por la preexistencia de un Reino anterior que diera argumentos a la separación. Nada por el estilo. Cuba, como país insertado en el cosmos occidental, no había existido nunca. Fue provincia española. El separatismo cubano fue, entiendo, pionero de aquel lema que muchos catalanes han entonado a veces: “España nos roba”. Y de ahí, creo, vino el adiós de La Habana a Madrid: cuando las cuentas empezaron a descuadrar. Por razones administrativas, económicas, por desconexión de un centro de poder para el cual las colonias eran un simple botín, una posesión, de la que se abusaba.

Aquí todos sabemos que Cuba fue la última colonia española y ahora muchos cubanos –al menos entre la mayoría de los que conozco– se muestran contrarios a que otra agrupación humana, la catalana, a 8.000 quilómetros de aquella Isla, les sustituya en el título. No deja de ser curioso ver a algunos cubanos convertidos en acérrimos defensores de la “sacrosanta” unidad de España. ¿Morriña de dominación? No me lo explico.

Es difícil hacerse entender, lo sé. Y el tema de la independencia tiene muchas aristas que no hacen fácil el entendimiento. Es una de esas cuestiones que nos conduce al debate encendido y apasionado, que a veces puede resultar hiriente. En el mundo de hoy hay que buscar la perspectiva que sitúe la cuestión en una lógica de argumentos que presenten cualquier lucha ante los demás como algo perfectamente razonable y justo. Catalunya avanza en su proceso de secesión de España, esa nave cuyo timón está en manos de unas gentes allá en Madrid que no siempre hacen las cosas bien y encima repercuten negativamente en los que estamos aquí, en esta esquina norte-oriental de la Península Ibérica, asomados al Mediterráneo. El 9 de noviembre está previsto un referéndum por la independencia que Madrid considera ilegal. Son meses decisivos, pues Madrid y Barcelona se dirigen a un choque de trenes. Hay incluso en Catalunya gente que no descarta ver los tanques en la calle y a nuestro presidente, Artur Mas, conducido a la cárcel o huyendo al exilio.

Razones para desprenderse de España existen muchas. Ya saben la historia, los gobiernos socialistas y populares han sido incapaces de conducir este país hacia la senda del progreso y ahora nos amenaza un tsunami de populismo y demagogia, que pronto podría dar las riendas del país a un grupo de oportunistas. Años atrás algunos políticos usaron las ayudas europeas destinadas a modernizarnos y sacarnos la quincalla franquista, para llenarse los bolsillos. Y de esa codicia, estos lodos, con una tasa de paro que da vergüenza. Se le suma otro fracaso: la incapacidad de construir una idea de España plurinacional a la que se han negado de forma constante los de la Meseta, rechazando la pluralidad y la diversidad de aquello que pretendieron convertir en país. El carácter español es autoritario, orgulloso, gusta a hacer las cosas “porque yo lo digo”, imponer sin reconocer errores. No da el brazo a torcer a pesar de las muchas evidencias.

Los ataques al independentismo se basan a menudo en la existencia de un nacionalismo esencialista, que es más mito que realidad. También resulta absurdo vender como “persecución al castellano” lo que en realidad es protección a una lengua minoritaria y minorizada, que han usado a lo largo de siglos los habitantes de este rincón de la Península. Los catalanes han preservado siempre su lengua y cultura, incluso en los peores tiempos del franquismo, régimen que desarrolló una política premeditada de genocidio cultural. No creo que exista una voluntad de aislarse, como tampoco de eliminar una lengua como el castellano, que usan muchos catalanes.

El entendimiento entre Madrid y Barcelona es inexistente y se percibe que no hay una sola posibilidad de reestablecer el contacto. Los objetivos independentistas de Catalunya enervan a Madrid porque hieren su orgullo, ese orgullo propio del carácter español, del autoritarismo. La sacrosanta unidad de España esgrimida por el rey Felipe VI en su primer discurso conecta directamente con el patria o muerte castrista. Discursos que se basan en la misma premisa de que existen situaciones eternas a las que la gente debe plegarse.

El problema actual entre España y Catalunya ya no es de falta de entendimiento. Es un problema de democracia, un concepto que la España de herencia nacional-católica sigue asimilando mal.

Sobre el autor

Joan Antoni Guerrero Vall

Joan Antoni Guerrero Vall

Joan Antoni Guerrero Vall (Reus, 1979) es un periodista catalán residente en Barcelona que ha trabajado y colabora en medios de prensa como Europa Press, AVUI, El Temps, ARA, Diari de Tarragona, Diari d’Andorra, COM Ràdio, Diari d’Andorra o Nació Digital. Interesado por los temas cubanos, abrió en 2009 el blog Punto Cuba y colabora con Martí Noticias. Como bloguero, participó en el arranque de la versión en catalán de Global Voices, que obtuvo el Premio Catalunya al mejor blog en categoría de Nuevos Medios 2013.

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3 comentarios

  1. Ferrán
    Ferrán julio 12, 17:03

    Lo que olvida el amigo Joan Antoni Guerrero Vall, como otros antes que él, es que ni España, ni Cataluña, ni Cuba antes que ella, son personas capaces de tomar decisiones. La responsabilidad en los hechos actuales, como lo fueron antes, corresponde a Juanes, Pedros y Marías, bien específicos. Personas de carne y hueso que, por cosas de la vida, se encontraron en un momento determinado tomando resoluciones individuales en nombre de todos.
    El problema de Cuba, que bien puede resumirse a un “Espanya ens roba” fue algo concreto y real. Lo cual no pude afirmarse de una región de España que se benefició durante un siglo de privilegios económicos acordados por Madrid. Privilegios, específicamente recogidos en la Ley de Relaciones Comerciales con las Antillas, que las hacían un mercado cautivo para los productos catalanes y que, como sabemos, terminó en “aquello del 98” y en lo que hay ahora.
    Además, no es un misterio, que la voluntad de enseñar (por la fuerza, puesto que no se respetan las decisiones del Supremo que exige constitucionalmente el bilingüismo en las escuelas públicas) una lengua minoritaria y una historia manipulada, poniendo en esa empresa recursos públicos que salen de los impuestos de catalanes, pero también de todos los españoles,(por el fondo de liquidez autonómica) me parece tan inadmisible, como asqueroso que lo permita el gobierno de esa partida de descarados, que desde hace dos siglos manejan los destinos de todos los españoles a su antojo.

  2. Arnaldo
    Arnaldo julio 12, 17:15

    Amigo Joan,me he leído tu articulo como siempre,con mucha atención.Pero este articulo como trata de opinión de cubanos me llamó el doble de atención.Y busqué por todo el articulo tu posición sobre el tema,y no la encontré.¿Eres de lo que creen que lo mejor para Catalunya es su independencia de España?.Saludos,Arnaldo.

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