Neo Club Press Miami FL

CCCP. El imperio fallido

 Lo último
  • CCCP. El imperio fallido Le han llamado el paseo que cambió al mundo. El entonces ministro de agricultura de la URSS, Mikhail Gorbachov, preocupado por la distancia entre credo y la realidad, había sido...
  • La paja en el ojo ajeno Entre los múltiples prejuicios que adornan el carácter de los cubanos, descuella la actitud de rechazo más y menos abierto, o de burla más y menos insolente, ante los Testigos...
  • San Juan de los Remedios: entre demonios y pérdidas Con Cuco Alvarez, in memoriam         Tierra apropiada por Vasco Porcallo de Figueroa desde el comienzo de la conquista y hasta su partida de la isla -en el primer bautizo, católico,...
  • La historia de Maurín A veces hay que huir del fragor de las batallas mediáticas. Hace medio siglo yo quería escribir en la prensa internacional. Era el famoso mayo de 1968. Quería participar en...
  • Navidades a la Vista   La Navidad, probablemente la celebración más importante del Occidente civilizado, conmemora el nacimiento de Jesucristo, hijo de Dios, en Belén. Tiene lugar el 25 de diciembre de cada año...

CCCP. El imperio fallido

CCCP. El imperio fallido
agosto 17
18:41 2018

Le han llamado el paseo que cambió al mundo. El entonces ministro de agricultura de la URSS, Mikhail Gorbachov, preocupado por la distancia entre credo y la realidad, había sido enviado a Canadá para copiar de los menos malos y corregir el sistema.

La demora en el aeropuerto del anfitrión de la velada, su homologo canadiense Eugene Whelan, permitió que Gorbachov y Alexander Yakolev, entonces embajador en Ottawa y otrora ministro de propaganda del partido, conversaran por casi cuatro horas en el patio trasero de la mansión que los había recibido.

Impaciente por la situación en toda Rusia y abierto a escuchar la nueva perspectiva que defendía su coterráneo, Gorbachov confiesa que sin libertad el país iba simplemente a perecer. Días más tarde regresaría a Moscú y tiempo después, en 1985, ascendía a primer secretario del partido comunista. Para entonces, Yakolev se convertiría en su principal asesor. Juntos iniciaron las conocidas reformas que, buscando enmendar, liquidaron la Unión Soviética.

Pero ¿que provocó el colapso? ¿La supuesta compra del premier soviético? ¿La asesoría del “renegado” ministro de propaganda? ¿El Rock & Roll y los McDonald’s de Occidente? Cierto es que con la caída del muro aparecieron las “grandes” confesiones, los diarios de la ex nomenclatura roja, los archivos secretos y todo ello dejó al descubierto un elemento contundente: Las terribles condiciones en que permanecía la Unión Soviética por haber adoptado la economía centralizada.

Primero, salta la pregunta: ¿Qué escenario antecede a los bolcheviques y cómo fue que agarraron el mando? En 1861, el zarismo, empujado por la necesidad económica y los grupos liberales que crecían entonces, elimina la servidumbre y cede a la expansión de la propiedad privada. A partir de ello Rusia se dispara y experimenta un auge económico sin precedentes. Desde fines del siglo XIX hasta el comienzo de la 1ra Guerra crece a ritmo de un 7.8 por ciento anual y se convierte en el primer exportador de arroz y segundo de trigo. Llegando a representar el 34 por ciento del suministro agrícola del mundo.

Esta prosperidad inundó los círculos políticos y varias facciones, que habían ganado espacio, comenzaron a exigir pluralidad y expansión mercantil. No obstante, hubo que esperar a que el disgusto se tornara masivo. En 1914 Rusia lanzó al pueblo a la guerra, los campos perdieron braceros y el Zar, imprimiendo rublos para costear la contienda, arruinó al país. Esta combinación trajo el fin de la monarquía.

En febrero de 1917 los liberarles removieron la vieja guardia autoritaria, formaron un gobierno provisional, y – para sorpresa de muchos- lanzaron la legislación más liberal- en el sentido original del término- de la Europa de su tiempo. La propuesta incluía: Libertad de expresión, de prensa, de asociación, elecciones de los cargos públicos por medio del voto directo, así como la aceptación de las independencias de Polonia y Ucrania.

Lamentablemente duraron bien poco. El error más grave fue no retirase del frente europeo. Ello provocó que el Soviet de Petrogrado, encabezado por Lenin, ganara control del ejército, y aunque la engrandecida Revolución de Octubre fue muchísimo más seria en el cine de Eisenstain, o en la pluma de John Reed, que lo ocurrido la noche que unos pocos entraron al palacio de gobierno a interrumpir la cena, desvalijar las habitaciones y emborracharse, el golpe letal era asestado en la asamblea. Aquí, lema en mano, los bolcheviques tomaron el estrado e impidieron que el congreso deliberara.

Aun la humanidad tendría otro chance. En un “desliz”, jamás repetido por futuros dictadores, Lenin reclamó elecciones libres para legitimar su golpe, pero –para su sorpresa- los bolcheviques perdieron 168 a 400. Por supuesto que el resultado no fue aceptado, “no más concesiones”. El afamado líder disolvió la asamblea y declaró la dictadura del proletariado.

El nuevo “orden”, negando la civilización, abolió la propiedad privada, la del pueblo claro está, y se lanzó a acaparar. Convirtieron la confiscación en masa en su principal fuente de recursos. No habían terminado aún los aplausos y para Junio de 1918, unas 50 millones de hectáreas habían sido decomisadas de los Kulags, los mejores productores entonces. O sea, un tercio de las tierras cultivables de todo el país, que además incluía frutos, semillas y granos, sin descontar las fábricas y los talleres en las ciudades. Todo por la fuerza y sin compensación. El mismo pueblo tuvo que luego movilizarse para apoyar a sus nuevos “jefes” y eliminar la oposición.

En pocos años, aunque los ecos eran de gloria, el Zarismo había quedado desplazado por un mal peor.   Para 1921 la producción industrial era aproximadamente un quinto de la producción de 1913, los trabajadores de las fábricas habían disminuido de 3.5 millones a solamente algo más de 1 millón y la población huía de la ciudad al campo por falta de alimentos. Sin embargo, en 1922 Lenin le escribía al Felix Dzerzhinsky, entonces jefe de la Cheka, “toma a 2 de esos olvidadizos que se niegan a cooperar y ejecútalos en público”.

Ahora, ¿qué hacían con lo que expropiaban? De los primeros años se ha podido recuperar muy poco, pero tiempo después empezaron a escaparse datos, y aquí va uno desconcertante: Entre 1932 y 1933, mientras perecían 7 millones de campesinos por hambre, vendieron –a la Alemania Nazi– 55 millones de toneladas de productos agrícolas confiscados.

Ya en 1921, tras la guerra civil, ocurre la primera protesta. Entre los reclamos estaban el libre comercio, la abolición de los privilegios de los oficiales del partido, libertad de prensa y expresión y el restablecimiento de elecciones libres. Pero la nueva elite decretó Ley Marcial y Trotsky suprimió la revuelta. Aun así Lenin tuvo que retractarse y ceder, la hambruna llegaba a su jardín. Inventó la nueva política económica (NEP) y se vio obligado a reintegrar muchas de las tierras, devolviendo con ello el incentivo de producir a los campesinos. Sin incentivos no hay país, le gritaban desde occidente.

Cuando parecía que el despotismo perdía terreno, muere Lenin y Stalin retornó a la colectivización total. Como era de esperar sobrevino otra crisis aun peor y el nuevo camarada ordenó la destrucción de los Kulags como clase, a quienes clasificó en tres monstruosas categorías. 1) los que serían ejecutados inmediatamente, 2) aquellos a ser enviados a prisión para luego ser ejecutados. Y, 3) aquellos a ser deportados a Siberia. El resultado fue de una crueldad sin precedentes. En Ucrania solamente murieron entre 4 y 5 millones, 1 millón en Kazajstán, otro millón en el Volga, y otros 2 millones en otras regiones. Hay más, en las memorias del propio Nikita Khrushchev, – desempolvadas recientemente – y escritas desde Kiev en 1946, se esconden hechos de canibalismo debido a la hambruna.

La solución bolchevique es bien conocida, campos de concentración disfrazados de fincas colectivas, absolutismo, y estatización total de la economía. Rusia en pocos años, de granero de Europa, se había convertido en dependiente e importadora de productos agrícolas

El internacionalismo de tanque en mano

Durante la década de 1930, consolidado entre brutales purgas, Stalin llenó el país de tanques y con la firma del pacto de no agresión mutua con Alemania (Molotov-Ribbentrop), invadió “solidariamente” a Lituania, Latvia y Estonia. Tiempo después, alegando inseguridad en fronteras y tras fracasar “por vías diplomáticas” el desplazo de la cerca norte 25 kms, le fue encima también a Finlandia. Aunque en esta ocasión, a pesar de tener 3 veces los efectivos fineses, salió derrotado.

Los mismos tanques se lanzaron luego a disciplinar satélites como Hungría 1956 y la primavera de Praga en 1968. Brezhnev, de premier entonces, justificó la invasión a Checoslovaquia con la doctrina que portaba so propio nombre, el derecho de la Unión Soviética a violar la soberanía de cualquier país que intentara remplazar el marxismo-leninismo y cortara el “intercambio” con Moscú. “Allá occidente que había involucionado e invadía con préstamos y contratos. ¿A santo de que había que pagar por el uranio checo?”.

La última misión “fraternal” calló sobre Afganistán. En 1979 tropas soviéticas aparecieron en Kabul para apuntalar un golpe de estado que ellos mismos habían suscitado y colocar la izquierda en el poder. La denuncia llegó de inmediato, 34 países Islámicos se opusieron y en la ONU la condena fue de 104 a 18. Sin embargo la respuesta más recordada fue el boicot a las Olimpiadas de Moscú en 1980.

Esta vez, los invadidos –los rebeldes afganos- recibieron apoyo de inmediato, incluso de China, y aunque Occidente nunca llegó a enviar a “Rambo”, el senador norteamericano Charlie Wilson se las agenció para contrarrestar. Los soviéticos no tuvieron búsqueda, la fuerte resistencia y los altos costos de la empresa bélica los obligó a retirarse en 1988. Este fracaso empujó uno mayor, el derrumbe de la propia unión. En 1984, desertores del ejército rojo confesaban las atrocidades de las tropas invasoras a civiles.

“Un momento por favor, …”, -Salta un comunipithecus que estaba ansioso por interrumpir el relato- “¿Cómo fue posible que esta sociedad disfuncional y dependiente de la expansión coercitiva fue capaz de superar la máquina de guerra alemana y subsistir 70 años? “

Parte de la respuesta yace en el origen de los fondos. Como resulta evidente, el primer banco del socialismo soviético fue el propio campesino ruso. Apenas Lenin puso un pie en la tribuna dejó atrás los atracos a carruajes con efectivo y construyo su castillo con las ya mencionadas requisas. Ello permitió una acumulación inmediata pues mientras accedían a toda la renta, redistribuían ínfimos al pueblo. Esto último fue la receta que, salvo algunas variaciones en número y no de grado, utilizaron hasta el final.

Con Stalin, el nuevo estado no dudó en asistir al banquete que el Lean-Lease Act ofreció desde 1941 a todos los aliados. Mesada de guerra que continuó en tiempo de paz hasta que Moscú hizo evidente su expansionismo, se rompió la alianza de Yalta y con ello el cierre del grifo.

Este Lean-lease Act, también escaso en las bibliotecas “progresistas”, fue un enorme flujo de alimentos, petróleo, armamentos y materiales que ascendió a 11.3 billones de dólares (unos 154 billones hoy) durante la guerra y otros 20 billones más (272 en la actualidad) en la primera década después de la contienda. Suma muy similar a la provista por el Plan Marshall.

Según investigaciones recientes – entre ellas el diario de guerra del oficial del ejército rojo N. I. Biriukov-, el primer obsequió llegó el mismo año de firmado el tratado, un “pequeño” lote de 466 tanques y 698 aviones británicos, para suplir la retrasada producción soviética urgida por el conflicto.

Los totales de la ayuda aliada, desenterrados en los 1990’s, son impresionantes: 5.1 millones de toneladas de alimentos ,10 000 tanques, igual suma de piezas de artillería, 14 500 aviones, cerca de 500 000 camiones y varios cientos de barcos. Incluso se construyó un aeropuerto en Dakota del Norte para, secretamente, enviar arsenal bélico a Moscú. No en balde en el museo de la Gran Guerra Patria se expone una Katiuska montada sobre un camión Studebaker. Tanto recibieron que en la guerra de Corea, los norcoreanos invadieron el Sur con armamento norteamericano suministrado por China y Rusia.

Luego de la victoria -válido recordar- , los altos oficiales soviéticos se olvidaron de la supuesta aversión a la propiedad y como conquistadores de antaño, saquearon Berlín y la Europa “anexada”. El condecorado Mariscal Zhukov, convirtió sus casas en museos de exquisita porcelana, pieles, pinturas, piezas de oros y seda. EL Mariscal de la fuerza área, Golovanov, desmanteló la villa de Goebbels en Alemania y la mudó literalmente a Rusia.

Y no hablamos de casos aislados, otros mariscales, generales, la policía secreta etc., enviaron a casa varios miles de vagones cargados con una lista desconcertante. Las referencias son múltiples pero coinciden en lo siguiente: cerca de 60 000 pianos, 459 000 radios, 188 000 alfombras, casi un millón de piezas de muebles, 3.3 millones de pares de zapatos, cifras similares de abrigos, sombreros, vestidos, camisas. Todo un enorme Mall donde la cúpula soviética compró sin pagar.

Otra fuente, aún más seria, llegó con las Reparaciones. Estos fueron montos por sanción a pagar por la implantada RDA. Para 1953, se habían girado más de 4 billones de dólares a Moscú por daños de guerra y según el cálculo faltaban otros 2.7 billones más. Asimismo, para mantener las tropas soviéticas “custodiando” Berlín, los alemanes enviaban 229 millones de dólares anuales al Kremlin. En la misma etapa el recién estructurado estado comunista fue convencido de comprar un total de 66 plantas industriales que los soviéticos habían previamente confiscado allí. Otros 180 millones.

Sin sudas, este andamiaje coercitivo, sumado al vasto y rico territorio heredado, el innegable –aunque torpe, esfuerzo industrial y las ventajas del intercambio de productos por ideología con los satélites, sostuvo la cúpula roja por varias décadas.

Economía del embudo

Con los bolcheviques Rusia pasó de una sociedad atrasada, pero que venía avivando la diversidad política y la libertad económica -y cuya intelectualidad cobraba admiración mundial- , a un totalitarismo. Los recursos no provenían del desarrollo de sus individuos, sino de la gestión represiva de una elite, de la arbitrariedad de sus “expertos”, de zarpazos temporales, de mecanismos carentes de incentivos y por sobre todo, de desvalijar a dos personajes que resultaron muy útiles: los “enemigos” del pueblo y los “amigos” externos.

Luego del estalinismo y su mano dura, el Politurbo intentó aprender. Pero el temor a compartir el país, a verse hoy de jefe, pero mañana teniendo que procurarse un trabajo, les impidió soltar las amarras. Con el tira-tira interno del partido tenían bastante. Krushchev , por ejemplo, que inauguró su mandato denunciando las purgas y proponiendo un deshielo -luego de los misiles-, recorrió Occidente con bandera blanca para poder importar la “mala” tecnología que su centralismo le impedía crear. Los Fiats, devenidos Ladas del Volga, fueron uno de los ejemplos más conocidos. Resultado: una paridad efímera, muy específica y siempre a remolque. Nunca le dieron alcance a los imitados.

Al camarada Brezhnev le sucedería de modo similar. Apostó por el Detente, flexibilidad con Occidente, le prometió cooperación y no guerra a Nixon en persona, pero, de nuevo, la terquedad por poder, el aferramiento al privilegio de vivir de modo seguro y predecible, de nunca más ser pueblo, le imposibilitó liberar la nación.

Aun así, los soviéticos, luego de varios fiascos, procuraron cumplir con el público haciendo cálculos matemáticos. En 1975, el jefe de la creación de precios explica que enviaban inspectores a la calle para emitir informes sobre lo que el pueblo quería, pero para cuando las fábricas terminaban de producir, ya el producto había pasado de moda. Él mismo nos relata: “ponemos precios a todo, alrededor de 25 millones de artículos, empleamos cerca de 400 expertos altamente calificados, pero nunca alcanzamos vender mucho de lo que se produce”.

Tiempo después, el economista Abel Aganbegyan explicaba: “algunos de estas personas creen que con computadoras tu puedes calcular y predecir todo- fue una utopía, una ilusión”. Y continúa: “Al final de la década de 1960’ fue terrible, le llamamos el periodo del estancamiento, y para 1978 de estancamiento se pasó a la crisis, comenzó la escasez de comida, las fábricas se pararon y el nivel de vida descendió mucho. Fueron años muy severos.”

Una Katiuska o una grúa para hacer el metro y exhibir grandeza no pueden ser el centro de una economía, sino, la satisfacción del consumo, – de lo que la gente quiere- , y dada la naturaleza cambiante del ser lo segundo es solo realizable a través de la espontaneidad y la libre empresa. No se puede conseguir progreso sostenido cuando unos pocos deciden y el 80 por ciento de la producción responde al aparato militar. Aun peor, lejos de imitar a los rivales del oeste, donde el presupuesto del gobierno crece según crezca el país, según el mercado tributa al estado, insistieron siempre en regresar a antaño y poseerlo todo. Aunque fue posible el Sputnik y los MIGs, el miedo a la facción y el afán de prerrogativas les imposibilitó ver que a largo plazo no hay manual que supere el desarrollo proveniente de la diversidad y la libre interacción.

Como fuimos testigos, a fines de 1980’s comenzó la primavera en Europa del Este. Mientras ello ocurría, en 1987, en el cuartel general de Moscú, un informe tenebroso era revelado. La síntesis puede leerse así: “… no solo hay escasez acentuada de alimento y productos industriales, sino de metales, combustible y materiales de construcción. También una enorme inflación, mercado negro, extorsión y sobornos”. “ … La producción de equipamiento paralizada en todas partes, equipos almacenados sin ser instalados, barcos con piezas ausentes y vagones de trenes abandonados con suministros…”.

Sobre la misma época llegaron a nombrar un “ministro de los vegetales”. Al parecer escaseaban por falta de dirección. Y entre las estadísticas aparecía: “… anualmente, más de 2000 televisores se incendian en Moscú por mal funcionamiento…”. De la balanza comercial, con el exterior, mejor ni comentar, solo obsérvese que en 1990, la nueva Rusia heredo de los soviéticos más de 100 billones de dólares en deuda.

Nótese además que los grandes imperios no solo se valieron de la fuerza bruta para controlar enormes territorios, en cambio, apelaron a la tolerancia étnica y cultural, la diversidad religiosa y en muchos casos promovieron el libre comercio y las comunicaciones. La Unión Soviética insistió en imponer una ideología, en el nacionalismo, en la ingeniería social y la uniformidad de la industria, mientras eliminaban las libertades civiles a cambio de una equivoca justicia.

Aquella tarde en Ottawa fue solo un momento de franqueza. Se venía el principio del fin de una quimera mal intencionada desde su nacimiento. Gorbachov, el ultimo premier, no costó un centavo, no destruyo nada, llegó en medio de un derrumbe que la clase privilegiada no permitía publicar en Pravda, pero hacía mucho murmuraba en los pasillos. Una autocracia roja que prefirió agarrar todo, decidir por todos, copiar de afuera antes de abrir adentro, vetar el acceso libre a escaños políticos, a la renta por esfuerzo, a la pluralidad y a los derechos. Un absurdo fatal que mereció siempre un único destino: el fracaso.

Compartir

Sobre el autor

Erick Nogueira

Erick Nogueira

Erick Nogueira (La Habana, 1976) es graduado de Licenciatura en Economía en la Universidad de La Habana en 2005. Graduado de Técnico Medio de Química (La Habana 1995). En la actualidad reside en Miami y es Ejecutivo de Ventas para Limco Logistics Inc., así como administrador de Dumemotors Trading Corp. Es aficionado a la Historia y los fenómenos sociales.

Artículos relacionados

Radio Viva 24

Letras Online

LA REVISTA INTERACTIVA DE NEO CLUB PRESS
  Rafael Vilches

Como un sueño holandés

Rafael Vilches

devorado por su vanidad pongo en la mano del poeta / vecino el sol de mi patio interior/ y no resiste. Luis Yuseff   Poetas, qué miseria la nuestra, aquí

Leer más
  Juan Carlos Recio

Epílogo

Juan Carlos Recio

                  Soy el que imitó a Xolotl, a quien le hicieron la peor caricatura del siglo, y cuando bajaba las escaleras le

Leer más
  Armando Añel

La Matrix explica el disparate

Armando Añel

Me preguntan con frecuencia en qué consiste la Matrix que tanto menciono. Intentaré explicarlo lo más abarcadoramente posible:   Primero, la Matrix no sería un país ni un planeta ni

Leer más

Capitolio de La Habana – Daphne Rosas (2011)

Festival Vista Miami

Lo más reciente: