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China, el fin del Laogai

China, el fin del Laogai

febrero 11
20:37 2013

cheng GuangchengNo fue hasta 1992, cuando el exprisionero político Harry Wu publicó en Occidente su libro testimonial Laogai: el Gulag chino, que el mundo descubrió que el horror represivo de los campos de concentración nazis, soviéticos, norcoreanos o kampucheanos aún no había concluido como sistema masivo de castigo dentro de la famosa “apertura” china hacia la economía de mercado.

Pero las razones ideológicas para su persistencia están bien definidas por el Partido Comunista chino, el grupo político que ejerce un dominio absoluto sobre otros partidos “políticos” de fachada y los destinos del pueblo asiático:

“La naturaleza de la prisión está determinada por la del poder del Estado. El nuestro es un Estado socialista ejerciendo la dictadura democrática del pueblo. Nuestras instalaciones de Laogai, como uno de los instrumentos de dicha dictadura democrática del pueblo, representan a la clase y al pueblo trabajador de nuestro país ejerciendo la dictadura sobre un grupo minoritario de elementos hostiles al socialismo, y por lo tanto salvaguardando nuestro sistema socialista” (Manual de Reforma Criminal, Ministerio de Justicia de la República Popular China, Departamento de Laogai, Editorial del Pueblo Shanxhi, 1988, p.3).

La anterior cita demuestra a las claras que el propósito del Laogai no es el de simplemente castigar a criminales de acuerdo con la ley, sino la de fortalecer cada vez más la dictadura del Partido Comunista chino al suprimir la posible labor de los disidentes con el sistema. Así parece demostrarlo en la práctica:

“Nuestro sistema de Laogai  constituye una parte importante de nuestro sistema de seguridad, y es uno de los instrumentos de la dictadura del proletariado; sirve para castigar a todos los contrarrevolucionarios  y al resto de los criminales” (La rehabilitación mediante el trabajo, documento interno del Comité Central del Partido, Beijing, 1985).

Ni siquiera en los tiempos modernos hubo muchas posibilidades de defensa contra el Laogai. La tan publicitada puesta en práctica del libre mercado, de la que el gobierno chino no cesa de hacer propaganda, no facilitó las cosas para los que caían en esta maquinaria demoledora.  Desde hace mucho tiempo los enormes honorarios que cobran los abogados criminalistas por una defensa efectiva sólo están al alcance de los que han amasado una fortuna por medios legales o no. Y sin siquiera  pasar por un debido proceso legal,  el resto muchas veces ha sido condenado y sentenciado a terminar con sus huesos en más de 1045 campos de reclusión. Pero mientras muchos son de esta manera encarcelados por causas criminales comunes, otros concluyen sentenciados por crímenes de naturaleza política a nombre de conceptos genéricos bien vagos, como “poner en peligro la seguridad pública” o “revelar secretos estatales”.

En agosto 24 del 2006, el recién emigrado activista por los derechos humanos Cheng Guangcheng (invidente) fue encontrado culpable de “reunirá  una multitud para interrumpir el tráfico”,  y de daño a la propiedad. Cuando acudió a su defensa en el juicio fijado, el abogado del activista fue detenido justo a la entrada del tribunal, acusado por un “grupo desconocido” de un intento de “robo de cartera”, lo que obligó al opositor a tener que recurrir para su defensa un abogado de la misma corte que lo quería, y logró, condenar severamente.

Pese al recientemente anunciado fin de tan brutal sistema carcelario, el espíritu intolerante que le dio cuerpo sigue en pie.

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