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CiberCuba

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diciembre 05
16:57 2013

 

La cubana es una cultura fallida. Hay que empezar diciendo esto para seguir con lo demás, aunque contradictoriamente partiendo del hecho de que lo “cubano” es una abstracción. La cultura, como dije hace poco a un colega de Facebook en un debate sobre el tema, es fruto de la imaginación de los hombres. La cultura es imaginación que la política sistematiza y la muchedumbre toma como bandera. Se aglomeran bajo una bandera, que plagió vaya usted a saber quién en una noche de insomnio, para sentirse protegidos. Y a eso le llaman cultura, al miedo.

Tu país es el espacio que mejor te deja ser tú. La cultura eres tú.

Este breve ensayo, además, parte de una premisa: El futuro inmediato de Cuba –al castrismo le queda una afeitada— debería pasar por una regeneración cultural que retome las raíces multiculturales que definieron, en su origen, al país. Y digo país porque no creo, en coincidencia con muchos otros escritores y analistas, que Cuba sea una nación cuajada. Más bien constituye, desde hace por lo menos un siglo, un proyecto de nación. Un proyecto cada vez más diluido y desestructurado entre otras razones porque, precisamente, la matriz multicultural que debió definir la identidad cubana fue distorsionada y/o ninguneada desde el principio, conformándose a la inversa. Es decir, la identidad mutó a través de un nacionalismo pretencioso, incluso con pretensiones imperialistas. Y este nacionalismo simplista debe ser superado para, a partir de dicha superación, echar las bases de una nación plural, moderna, globalizada, cibernética.

En pleno siglo XXI y en medio de la revolución tecnológica que recorre el  mundo, ello es perfectamente posible. La revolución tecnológica es multicultural y no tiene vuelta de hoja.

Restos de Cuba (foto de Tony Cuartas)

Restos de Cuba (foto de Tony Cuartas)

En el origen de Cuba está lo multicultural. Cuba fue un país de tránsito pero también receptor de numerosas nacionalidades que se asentaron en la Isla. Españoles, indígenas, africanos y chinos, pero también ingleses, haitianos, rusos, polacos, estadounidenses, libaneses, judíos y un largo etcétera. Esta realidad, sin embargo, ha sido interesadamente desdibujada por la política, que es clientelar y tiende a manejar la simbología nacionalista como herramienta de contención frente a la libertad. Los políticos, y subsecuentemente su recua parasitaria, necesitaban una nación tradicional para sacarle provecho.

Lo multicultural es el futuro y las nuevas generaciones de cubanos descreídos pueden encajar como en un puzle en ese futuro. Hay otras variables, ciertamente, el nacionalismo provinciano que durante más de un siglo ha dominado culturalmente el país todavía es fuerte, y prepondera. Pero es innegable que numerosas señales, confluyendo en el inminente arribo de Internet a Cuba –es cuestión de tiempo que los diques de contención de la censura se desplomen–, prefiguran la posibilidad multicultural.

La ciber-realidad y su influencia cultural

Una nueva Cuba puede postular el ciberespacio como territorio de conquista, creación y recreación, donde realizar la realidad de un mundo globalizado. En este sentido, lo ciber inunda y asimila la realidad externa y tiene capacidad de transformarla desde la realidad interior, desde el individuo.

Cuba como espacio posnacional puede ser Cuba como proyecto cultural futurista, paradójicamente basado en sus raíces. En sus raíces multiculturales (y aquí la paradoja deja de ser tal). De nuevo, las raíces multiculturales de Cuba, su esencia matriz, entroncan con el presente de una “nación” que inevitablemente mira hacia el mar, hacia lo diferente: El país tiene a cerca del 20% de su población en el exilio, sin contar la descendencia, y una economía dependiente del exterior (dependencia que supera en mucho la coyuntura histórica de un sistema socialista inoperante económicamente). Gente joven –con las generaciones del llamado “exilio histórico” desapareciendo– que recorre el mundo y habita en todas partes, que ya no se reconoce únicamente en una palma: se reconoce en un abedul, un cerezo, un arbolito de Navidad. Gente joven que aunque adore lo “cubano” ya no es lo “cubano” finisecular. Hablo de una “cubanidad”, si así puede llamársele, cada vez más descubanizada (en el mejor sentido de la palabra): cada vez más global y ciber. Más individual. Habría que manejar y/o poner a funcionar, de cara a ella, nuevos símbolos y concepciones.

En esta Cuba futura, la patria no sería de todos: sería cada uno. La patria no sería nacional, sino cibercultural: tú mismo, tu mujer, tu familia, tus amigos.

 

Sobre el autor

Armando Añel

Armando Añel

Armando Añel (La Habana, 1966). Ghost Writer, fue periodista independiente en Cuba. En 1999 recibió el Primer Premio de Ensayo de la fundación alemana Friedrich Naumann. Ha sido columnista de periódicos como Tiempos del Mundo, Libertad Digital y Diario las Américas, y editor de revistas como Perfiles, Encuentro de la Cultura Cubana, Islas y, actualmente, Herencia Cultural Cubana. Ha publicado las novelas "Apocalipsis: La resurrección" y "Erótica", la compilación de relatos "Cuentos de camino", los poemarios "Juegos de rol" y "La pausa que refresca" y las biografías "Instituto Edison: Escuela de vida" y "Jerónimo Esteve Abril, apuntes y testimonios", entre otros. Vive en Miami.

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