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Cinco aspectos en la narrativa de Denis Fortún

Cinco aspectos en la narrativa de Denis Fortún

julio 27
07:22 2013

Primero: celebrar la inteligente introducción al lector de María Cristina Fernández en Diles que no me devuelvan (Alexandria Library, Miami, 2013). Una metáfora sobre el viaje. Si algo se ha vuelto cotidiano e inseparable de la existencia humana es que al individuo se le puede definir como tal en lo que al viaje se refiere. El viaje, el traslado, la movilidad del hombre, han ido más allá del alcance de lo inmediato y lo cercano. El individuo del siglo XXI es un ser trasatlántico por añadidura. Ha llegado a la última etapa de la globalización.

Primero lo hizo por navegación y ahora da la vuelta al mundo conquistando espacios abiertos. En el sentido de un origen y un destino, el viaje a través del espacio abierto trasciende la imagen que tiene el hombre de la realidad. Para ello el ciudadano ha debido construir ciudades dentro de ciudades, creando una ontología autoplástica. Los aeropuertos en la modernidad constituyen, siguiendo la idea de Heidegger en Ser y tiempo, un nuevo estar en el mundo, un nuevo lugar que atrae a la narrativa como en el ombligo ontológico de una ciudad.

Segundo: ahora que trabajo en el aeropuerto y leo las crónicas de Denis Fortún sobre ese lugar puedo darme cuenta del significado metafórico que Dostoievski le atribuyera en Memorias del subsuelo a la expresión “la modernidad es como un Palacio de Cristal”. Allí dentro, en los espacios interiores creados por el hombre –vislumbraba el autor de Los hermanos Karamazov–, la narrativa encontraría un terreno fértil para escudriñar en el sujeto narrable moderno.  ¿De qué se trata? Por una exclusión, por naturaleza cultural, estaríamos arribando a la consumación de la posmodernidad mediante estos simbólicos palacios de cristal y estas gigantescas ciudades interiores donde el hombre encontraría resguardada una nueva forma de existencia.  Trátese ahora de un Mall, de una Shopping o de un aeropuerto, el objeto narrable ha ido cambiando de espacio, como profetizaba el maestro del resentimiento: ha emigrado con creces desde los espacios naturales e históricos a los creados novedosamente por el hombre.  

Tercero: En esta migración de espacios está el quid de la actual narrativa mundial. Por eso me ha parecido oportuna la publicación de estas crónicas sobre el aeropuerto. Una de ellas, Diles que no me devuelvan, titula el libro, un texto que se hace clásico porque trata de ganarle la partida a la existencia a fuerza de ironía y humor. Y es precisamente en estos nuevos espacios donde el hombre es más narrable que nunca, más vulnerable ante los desafíos de la existencia. Tan protegido de la naturaleza pero tan frágil en su deambular. El Aeropuerto Internacional de Miami es, usando la metáfora de Dostoievski, un inmenso Palacio de Cristal, un espacio interior autoplástico donde cuajan, a la vista del cronista, los distintos objetos narrativos de la posmodernidad.

Cuarto: ¿por qué existimos y para qué insistimos? En Diles que no me devuelvan (Crónicas del aeropuerto) pueden encontrarse elementos vivos de una respuesta. Denis Fortún ha penetrado en el justo lugar donde la vida alcanza su mayor prontitud y significado. No hay mejor lugar en el vórtice de la modernidad que los aeropuertos, donde la premisa filosófica y antropológica de un origen y un destino se materializa en una realidad empírica demostrable. Los sujetos son abordados como lo que son: eventos resultantes del choque de culturas y sociedades al margen, que llevan como objetivo el intento de sobrevivir los destinos de la globalización.

Quinto y último: un periodismo poético. Una instancia narrativa que escudriña en lo psicosocial. Pero ante todo una mirada narrativa capaz de absorber con creces la autenticidad de cada relato. He quedado, después de la lectura del cuaderno de Denis, con la impresión de que somos ante el mundo un explosivo poder capaz de ganar la batalla de la existencia. Lo imperdonable del paso del tiempo, la ansiedad por escapar a la tragedia del capital, el miedo a perder la vida, entre otros asuntos, permiten comprender el desdén de lo cotidiano. Pero lo más inaudito está en el miedo a perder la libertad en tierras de libertad. “Diles que no me devuelvan” es el imperativo que resuena en lo más hondo de cada emigrante llegado a Estados Unidos. Tema, por supuesto, para todo narrador que se respete.

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Palabras de presentación del libro este viernes 26 de julio, en La Otra Esquina de las Palabras

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