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Claves de la dominación psicopolítica en Cuba

Claves de la dominación psicopolítica en Cuba

Claves de la dominación psicopolítica en Cuba
enero 16
11:24 2014

¿Es la revolución cubana y su gobierno marxista una auténtica dictadura totalitaria? Y siendo así, ¿cuáles son las claves que explican la transformación de un movimiento democrático y popular en una estructura de poder sectaria y opresiva? La historia de la revolución cubana es la historia de cómo mediante el férreo control político y la sutil dominación psicológica, un único grupo en el poder estableció un gobierno totalitario que paradójicamente recibió en sus inicios el apoyo fervoroso de la mayoría de la población.

El carácter totalitario y dictatorial de la revolución cubana se define por el establecimiento temprano de una estructura de poder cerrada, piramidal y jerárquica y por la sostenida orientación de las conciencias a favor de la interiorización de un dogma ideológico, defendido por férreos controles represivos. En este proceso de dominación marxista-leninista cubano se encuentran los mismos patrones totalitarios que son comunes a otras dictaduras y que explican la universalidad de este fenómeno más allá de las diferencias en las ideologías de base. Esas características constantes permiten evaluar cualquier sistema político y predecir con cierto grado de certeza aquellas sociedades con mayor posibilidad de desarrollar un gobierno basado en el pensamiento totalitario y fanático. En ese sentido, la combinación de análisis político y psicológico juega un rol fundamental.

El triunfo de la dictadura cubana se produjo por la coincidencia histórica de un líder carismático y autoritario en un entorno social con predominio de gobiernos sustentados en la fuerza de las armas, más que en la limpieza de las urnas, con amplia vocación “caudillista” y de intolerancia de las libertades. La historia psicopolítica del país, plagada de anhelos insatisfechos, de revoluciones idas a bolina y de una incapacidad crónica para solucionar los conflictos políticos mediante el dialogo y el pacto, consagraron la vía violenta como medio para la eliminación del adversario político. Todo ello estableció el escenario adecuado para el ulterior dominio totalitario. Los deseos inconscientes de la población de creer en una nueva utopía emancipadora y la legitimación del poder a través de la lucha armada, crearon las condiciones para que el pensamiento dogmático y el gobierno dictatorial encontraran las puertas abiertas en Cuba.

Una vez en el poder, la nueva y pujante fuerza se dio a la tarea de construir un sistema monolítico, en apariencia popular y democrático de plaza pública, que diera al traste con las aspiraciones nacionales de organizar un gobierno de “todos y para todos”, donde hubiese cabida para la pluralidad política y el disenso. La utilización de la teoría marxista y la experiencia del bolchevismo soviético en la organización del poder verde olivo, garantizaron la acelerada esclavización espiritual de los cubanos y establecieron las bases para que la vanguardia revolucionaria gobernara con métodos de ordeno y mando y se mantuviera a través de los años como un poder único e irremplazable.

Crear una identidad política única significaba la separación emocional de padres e hijos y el control del proceso de individuación psicológica. El monopolio de la producción y la difusión ideológica a escala nacional será controlado férreamente por el nuevo Estado de “obreros y campesinos”.

El gobierno marxista organizó la dirección del país según niveles jerárquicos bien delimitados y con severos condicionamientos ideológicos para transitar entre ellos; impuso el dominio exclusivo del partido único, el “verdaderamente revolucionario” y estructuró la sociedad de manera que todos los ciudadanos se incorporaran a las organizaciones sociales y políticas creadas por el gobierno para asegurar así su propia autodefensa. Asimismo, posteriormente estableció una Constitución cuya función principal era la salvaguardia del sistema marxista y declaró como objetivo básico de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial el de salvaguardar los intereses del Partido Comunista en el poder. Si el sectarismo político se revelaba como el control absoluto bajo un solo mando de todas las instituciones, organizaciones y estructuras de funcionamiento social, el sectarismo psicológico se convertía en un objetivo de más largo alcance.

De esa manera, resuelto el problema estructural del poder, se hacía imprescindible crear una “personalidad necesaria”, un carácter dogmático y fanatizado, que respondiera sin críticas ni titubeos a las exigencias del partido único marxista, y que estuviese dispuesta a dar la vida por ello. Ese nuevo carácter que se definió como generación de “Hombres Nuevos”, expresaba la esencia más pura del verdadero comunista y constituía la base psicológica para la reproducción ilimitada del sistema totalitario. Esa raza ideológica superior generaría por sí misma una sociedad especial caracterizada por la homogeneidad del pensamiento y la acción política monocorde.

Desarrollar esas personalidades unánimes significaba para la revolución el control más absoluto de las fuentes productoras de ideologías, creencias, ideas e identidades originales. Es por ello que toma en sus manos la dirección del sistema educativo nacional, que se convierte en una filial ideológica del partido comunista, y establece un programa de adoctrinamiento general a través de los Medios Masivos de Difusión apoyados por la acción de las organizaciones sociales y políticas. El grupo en el poder elimina también todas las vías de información no afines con el sistema marxista e interviene en el mismo núcleo de las familias, generadoras por excelencia de individuos originales y auténticos y proveedoras de lazos de lealtad que podrían eventualmente convertirse en focos contaminadores del proceso de ideologización. Crear una identidad política única significaba la separación emocional de padres e hijos y el control del proceso de individuación psicológica. El monopolio de la producción y la difusión ideológica a escala nacional será controlado férreamente por el nuevo Estado de “obreros y campesinos”.

Todos los grupos humanos, capaces de dar arraigo al individuo concreto, fueron infiltrados por las organizaciones políticas marxistas, que tenían la doble misión de difundir el mensaje ideológico y contrarrestar las posibles tendencias humanas de buscar e identificarse con modelos ajenos a la revolución. Asimismo se marginó la presencia social de otros generadores de creencias, como las congregaciones religiosas y las asociaciones informales de reflexión. Finalmente, aquellos individuos que deslucían el modelo comunista de Hombre Nuevo (por ejemplo, homosexuales, hippies o débiles de moral) fueron internados en campos de trabajo y reformatorios encargados de reeducarlos para su “correcta” inserción social.

El aspecto que cierra el proceso de dominación totalitaria en Cuba y que garantiza la obediencia temerosa al sistema, es el desarrollo de amplios mecanismos de represión, que incluyen el fomento de la delación entre los individuos, la creación de organizaciones vecinales encargadas de vigilar a los ciudadanos y el control a través de la represión directa (golpizas, encarcelamientos, torturas psicológicas, pena de muerte) que garantizan la capacidad disuasoria y coactiva del gobierno, paralizando cualquier acción en pro del cambio. La promulgación de leyes cada vez más severas para quienes intenten salir del diseño sociopolítico revela convincentemente la imposibilidad del cubano común de oponerse y luchar contra el sistema. La educación para la violencia, que comienza en los primeros ciclos del sistema de enseñanza nacional y que incluye el adiestramiento militar de toda la población, garantizan también la reproducción de los parámetros de sumisión y totalitarismo que caracterizaron a cualquier dictadura de la era moderna.

Sobre el autor

Nuria Hernández Cepero

Nuria Hernández Cepero

Nuria Hernández Cepero (1964) es Licenciada en Psicología por la Universidad de La Habana. Como postgraduada en Cuba, trabajó en el campo de la Psicología Clínica, la investigación Psicosocial y en la Psicología Industrial. En Montevideo, Uruguay, país al que arribó en 1993, trabajó brevemente como Psicóloga Clínica y hasta 1996 como reportera en distintos periódicos y revistas. Fue columnista sobre temas cubanos en un semanario político de la ciudad. En la actualidad vive en Holanda.

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2 comentarios

  1. Eddie
    Eddie enero 17, 08:12

    Muy buen articulo, cuidadosamente la autora separa las capas del entramado totalitario cubano.

  2. Einstein
    Einstein enero 17, 12:58

    una clase de historia

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