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Colectividad versus individualidad: Las transiciones

Colectividad versus individualidad: Las transiciones

Colectividad versus individualidad: Las transiciones
septiembre 17
21:35 2014

El fin fulminante y drástico del ancien régime soviético no se debió a la ambivalencia ideológica de Mijail Gorbachov, sino a la incongruencia de su papel dual de Martín Lutero y de Papa. Sus medidas eran un asalto al Estado y él era, a la vez, el caporal de tal Estado y el vocero de esta acometida contra sí mismo.

Cabría decir que el fin de los imperios, como el soviético, raramente se produce de manera higiénica o plácida. Si algo interesa del ejemplo histórico del hundimiento de los imperios es que tal corrimiento nunca se detiene a medio camino.

Lo habitual es que la agonía se prolongue después de su muerte. Así, lo que vemos en la Europa Central y en los Balcanes es la rémora del imperio Austro-húngaro, desbancado en 1918 y lo que sucede en el Cáucaso y Asia Central, en  Ucrania, Iraq, Irán y Siria es parte de los estertores del Imperio Otomano.

La brújula de cada país-caso que asumió la transición hacia la democracia no estaba en las flamantes constituciones “lockeanas” o en los contratos sociales “russonianos” del mundo libre; se hallaba en el lugar menos esperado y largamente ignorado: en la historia de cada uno de estos pueblos antes de los acuerdos de Yalta, antes de la Liga de las Naciones.

Lo curioso del hundimiento de los regímenes burocráticos cuartelarios es que nadie en el planeta sabía y ha sabido realmente cómo crear democracias y economías de mercado de la noche a la mañana.

Los experimentos respondían a un modelo determinista que sobre el desarrollo se generalizó en los círculos bolsistas de la década de los ochenta (el Reaganomics). Se esperaba que, de manera mágica, el mercado resolviese todos los problemas sociales y el Estado sacara sus manos de la sociedad civil.

El término sociedad civil fue usado para analizar situaciones disímiles y desde décadas recientes se enarbola como un mantra por apóstoles discordes e intelectuales, tanto de Occidente democrático como de los países enfrentados a la conversión desde el comunismo, los cuales veían en la revitalización o el establecimiento de tal sociedad civil la panacea para todos los problemas.

Y en esta medida, lo que inicialmente presenciamos sucedía al revés: fueron guerras étnicas, creación de un semillero de estados, otrora disidentes trocados en jerarcas absolutistas y corruptos. Que, por cierto, en Uzbekistán la disidencia construyó una tradicional versión totalitaria, en Hungría, los comunistas reciclados irónicamente propiciaron la sociedad civil y la democracia.

Como sustituto a la ideologización y la militancia compulsiva, el embrión de sociedad civil tuvo sus avatares con el cambio y trajo consigo el redescubrimiento del pasado nacional de preguerra, con sus intelectuales negados, los entuertos étnicos y fronterizos, los nacionalismos tribales.

Tanto los políticos como los ciudadanos  no han abrazado en toda su magnitud las garantías constitucionales en las democracias emergentes, por falta de tradición de libertad social e individual.

En términos prácticos, el quehacer individual bajo el totalitarismo no sólo reside en mantener una doble vida como contexto de justificación, sino sobre todo en la facultad para maniobrar en las dimensiones ilegales y el vacío de valores. Por eso el comportamiento social del individuo ha sido una de las grandes sorpresas de la transición al haber hecho caso omiso a ser ciudadanos de una democracia.

La conclusión es que la clave del éxito no radica en trasplantar tal o cual institución del capitalismo democrático euroamericano, ni en el voluntarismo a ultranza.

Se requiere más que un concepto flotante (democracia), una ley o una declaración política para quebrar el conformismo reflexivo, entronizar la fe en los derechos de propiedad y la voluntad para traducirla en actividades económicas y sociales.

Sobre el autor

Juan F. Benemelis

Juan F. Benemelis

Juan Benemelis (Manzanillo, 1942). Diplomático, historiador y ensayista. Ha publicado más de una veintena de libros centrados en diversas temáticas, que van de lo científico a lo histórico. Entre ellos, "Las guerras secretas de Fidel Castro", "Castro: subversión y terrorismo en África", "Paradigmas y fronteras. Al caos con la lógica", "De lo finito a lo infinito", "El Corán y el Profeta", "Islam y terrorismo" y "La memoria y el olvido". Reside en las afueras de Miami.

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