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Comentarios a Diez mandamientos para escribir con estilo

Comentarios a Diez mandamientos para escribir con estilo

diciembre 26
05:00 2011

1-aaa_bb_c_nietzsche1Nietzsche es uno de esos genios intelectuales que, a grandes rasgos, se mantienen incomprendidos. Su obra sigue “inédita”, fresca y actual, aun cuando desde hace medio siglo se encuentra publicada por extensión.

Desde luego, casi el siglo XX entero llevó la fuerza de su estilo, inconsciente pero el estilo de la voluntad de poder y, sin embargo, gran parte de la comunidad intelectual rechazó zonas de su pensamiento esencial en lo que toca al impulso poético, en lo que concierne específicamente al concepto del superhombre.

Nietzsche fue rechazado por alguna razón en particular; pero la razón más extendida fue haber estado en desacuerdo total con el cristianismo y el budismo. Las creía religiones infantiles. Religiones anti-vida, basadas en creencias.

Lezama admiraba la capacidad de penetración del pensamiento de Nietzsche, pero negaba su estilo, objetaba el lenguaje de lo natural. Lezama no podía comprender el leguaje de lo fácil, el estilo de lo sencillo y realizable. Lezama estaba por el lenguaje del ego, de la voluntad por lo imposible y lo difícil. Nietzsche, por el contrario, pedía simpleza: afirmarse en la vida, en el momento; vivir y disfrutar de ella, de sus pesares y agonías, pero apartándose de los conceptos sobre ella. Pedía risas, llantos y bailes. Pedía austeridad. Se negaba a los ideales.

“Paradiso” es el ideal de este siglo. Es una tarea ardua y difícil de conseguir, pero el “paraíso” es el ideal por el que suspira la humanidad enraizada en las creencias, en la ilusión y en los sueños. Desde Milton hasta Lezama la humanidad ha estado por lo irrealizable. Es la humanidad que no quiere disfrutar, bailar y reír, sino esperar seriamente aun después de la muerte. Lezama lo dice: si no es para ti ahora el paraíso, es para ti después de la muerte. “No eres un ser para la muerte, sino para la resurrección”. El paraíso espera por nosotros incluso después de muertos. A eso, al ideal del paraíso, Nietzsche se oponía. Se oponía a una tonta teología, aun concepto, a un ideal. Y por lo general la literatura se basa en este lenguaje de lo ideal, de que todo es difícil y arduo de conseguir. Este lenguaje ha fracasado. Este lenguaje debe ser extirpado. Corroe las bases individuales del ser humano.

De modo que, de vez en cuando, un Ouspensky en Rusia, un Kundera en Checoslovaquia, un Kazantzakis en Grecia, un Andrés Gide en Francia, un Sri Aurobindo en la India, un Vargas Vila en América –sólo por mencionar algunos–, se apoderan en parte de la voz y estilo de Nietzsche. Ellos  creen, porque sienten y viven, que la obra Nietzsche es la voz del futuro. Su estilo es parte del futuro, pues implica una forma nueva de expresarse.

Nietzsche es un escritor muy simbólico, dado a pequeñas frases herméticas. Un escritor que no desea ofrecernos una novela, un cuento, un verso, una historia.  Desea un estilo poético subversivo en contra de los condicionamientos milenarios. Desea abrirnos los ojos para ver la vida tal y como es, de simple como es. Desea que vivamos lo más desprejuiciados que nos sea posible, porque la idea del paraíso, de la vida después de la muerte, de la resurrección, es el mayor de los prejuicios en toda la historia de la literatura. El estilo de Nietzsche es transgredir todos nuestros sueños y conceptos sobre la vida.

Escribió diez máximas para referirse al estilo, al lenguaje de lo fácil y austero. Las tituló “Diez mandamientos para escribir con estilo”:

1.    Lo que importa más es la vida: el estilo debe vivir.
2.    El estilo debe ser apropiado a tu persona, en función de una persona determinada a la que quieres comunicar tu pensamiento.
3.    Antes de tomar la pluma, hay que saber exactamente cómo se expresaría de viva voz lo que se tiene que decir. Escribir debe ser sólo una imitación.
4.    El escritor está lejos de poseer todos los medios del orador. Debe, pues, inspirarse en una forma de discurso muy expresiva. Su reflejo escrito parecerá de todos modos mucho más apagado que su modelo.
5.    La riqueza de la vida se traduce por la riqueza de los gestos. Hay que aprender a considerar todo como un gesto: la longitud y la cesura de las frases, la puntuación, las respiraciones; también la elección de las palabras, y la sucesión de los argumentos.
6.    Cuidado con el período. Sólo tienen derecho a él aquellos que tienen la respiración muy larga hablando. Para la mayor parte, el período es tan sólo una afectación.
7.    El estilo debe mostrar que uno cree en sus pensamientos, no sólo que los piensa, sino que los siente.
8.    Cuanto más abstracta es la verdad que se quiere enseñar, más importante es hacer converger hacia ella todos los sentidos del lector.
9.    El tacto del buen prosista en la elección de sus medios consiste en aproximarse a la poesía hasta rozarla, pero sin franquear jamás el límite que la separa.
10.    No es sensato ni hábil privar al lector de sus refutaciones más fáciles; es muy sensato y muy hábil, por el contrario, dejarle el cuidado de formular él mismo la última palabra de nuestra sabiduría.

Por cuestión de espacio y tiempo, dejaré para próximas entregas los comentarios a cada máxima por separado en posts independientes. Como la universalidad de las máximas está diseminada por toda la obra escrita de Nietzsche, su obra en totalidad es un estilo en sí mismo, una provocación por naturaleza emergente. Un estilo para acercarnos a comprender el regalo de la vida y la existencia.

http://angelcallejas.wordpress.com/

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