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Cómo pasar del subdesarrollo al desarrollo

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Cómo pasar del subdesarrollo al desarrollo

Cómo pasar del subdesarrollo al desarrollo
septiembre 19
18:16 2016

 

La corrupción no nace en la política, como asegura el lugar común repetido incansablemente en las redes sociales y otras tribunas y foros. Culpar una y otra vez a los políticos, infinitamente, constituye una forma de evadir responsabilidades como sociedad y permanecer en el subdesarrollo. La política corrupta no es más que un producto de la sociedad, de la cultura predominante, empezando por el núcleo familiar.

Como nos enseña el siguiente video del conferencista de origen nipón Yokoi Kenki, en el Japón desarrollado una de las características de la inteligencia es la honradez, la integridad, al contrario de lo que comúnmente se cree en Iberoamérica, donde la picaresca, la trampa, el enredo –el chanchullo–, claves en el subdesarrollo, son tenidos por inteligentes. Por eso, en el caso específicamente cubano, socialmente se da por sentado que todo el mundo hace trampa –como el ladrón cree que todos son de su condición–, porque se ha crecido en una cultura de la trampa que tontamente se visualiza “cabrona”, sabelotoda. Por eso en Cuba nadie confía en nadie y las calles son de los revolucionarios, es decir, de los chanchulleros, de los tramposos, de los ladrones.

¿De dónde procede ese carácter indisciplinado, desordenado, impuntual, comúnmente visible en las estructuras de producción de las sociedades iberoamericanas o latinoamericanas? Precisamente procede de una cultura de la picaresca y la trampa que denigra al esfuerzo y al trabajo honrado. En Iberoamérica –y Cuba es un ejemplo estridente de ello–, culturalmente hablando a menudo la honradez es cosa de tontos y el esfuerzo disciplinado propio de “gente nacida para obedecer y ser jodida por los cabrones de turno”, los “explotadores” de que habla el llamado Socialismo del siglo XXI.

Imposible o sumamente complicado trabajar en equipo allí donde priman la desconfianza, el canibalismo, la irresponsabilidad, el desorden, el enredo. Donde trabajar duro constituye una tontería y hacer trampas parece inteligente. Donde el pícaro es el “triunfador” y el chanchullero el informado. En Iberoamérica nadie quiere pasar por tonto ni “trabajar para el inglés”, frase muy común y sin dudas reveladora de esta cultura tercermundista del complejo de inferioridad y la suspicacia.

Finalmente, cabe recordar que el desarrollo económico de los países del llamado Primer Mundo poco tiene que ver con los recursos naturales, la explotación colonial en tiempos pretéritos o la inteligencia de sus habitantes. Está más relacionado con la cultura social, con las costumbres. Las fórmulas del desarrollo y del subdesarrollo constan de tres elementos insustituibles, aunque se podrían agregar algunos otros:

Orden + disciplina + responsabilidad (honradez) = desarrollo
Desorden + picaresca + desconfianza (canibalismo) = subdesarrollo

Una sociedad corrupta, pobre, por lo general es una sociedad desconfiada, acomplejada. Y viceversa.

Sobre el autor

Armando Añel

Armando Añel

Armando Añel (La Habana, 1966). Ghost Writer, fue periodista independiente en Cuba. En 1999 recibió el Primer Premio de Ensayo de la fundación alemana Friedrich Naumann. Ha sido columnista de periódicos como Tiempos del Mundo, Libertad Digital y Diario las Américas, y editor de revistas como Perfiles, Encuentro de la Cultura Cubana, Islas y, actualmente, Herencia Cultural Cubana. Ha publicado las novelas "Apocalipsis: La resurrección" y "Erótica", la compilación de relatos "Cuentos de camino", los poemarios "Juegos de rol" y "La pausa que refresca" y las biografías "Instituto Edison: Escuela de vida" y "Jerónimo Esteve Abril, apuntes y testimonios", entre otros. Vive en Miami.

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