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Conducta, un espejo frente a un país quebrado

Conducta, un espejo frente a un país quebrado

Conducta, un espejo frente a un país quebrado
diciembre 18
23:21 2014

El domingo 14 de diciembre estuve –gracias a Dios, San Lázaro y la Virgen de la Caridad del Cobre, estampitas que no quito nunca de mi mural real ni virtual– en el panel “ El intercambio cultural y el papel del creador exiliado”, junto a María Elena Cruz Varela, Alejandro Fonseca, Lilo Vilaplana, Víctor Manuel Domínguez, Rebeca Ulloa, Manuel Gayol Mecías, Mike Garrote y Luis de la Paz, lo cual considero un honor y un reconocimiento a mi labor “como creador exiliado” –que sobre eso trató también el panel.

Y como nada pasa por casualidad, pocos días antes de este exitoso y necesario evento, vi el film cubano Conducta, que abrió el Festival de Cine MIFFecito –una mini versión del Festival Internacional de Cine de Miami (MIFF) –; “ampliamente aclamado tanto por el público como por la crítica internacional y seleccionado para representar a Cuba en los premios Oscar y Goya”, y su visión –tanto la del film como la mía propia– me ha reforzado el concepto que tengo sobre el llamado “intercambio cultural entre Cuba y los Estados Unidos”, sobre el cual ya he escrito con anterioridad.

Quiero comenzar comentando lo que respondió su director, Ernesto Daranas (Los dioses rotos, 2008), al periodista de El Nuevo Herald de Miami, Abel Fernández: “Conducta es una película que habla de sentimientos, que habla de valores humanos y habla de la nacionalidad, y a partir de eso es que se puede determinar su aceptación o no. No es un panfleto político. Es simplemente una parte de lo que estamos viviendo y no puede ni pretende abarcar Cuba toda, ni los problemas de cada cubano, ni lo que cada cubano quiere que se diga. Que cada cual la viva, la reciba y la entienda a su manera. Eso tengo que respetarlo y tenemos que respetarlo siempre”.

Observen la aclaración: “(…) No es un panfleto político (…)”, con lo cual difiero, disiento y discrepo –exactamente con la mitad–, porque, sí, efectivamente, no es un panfleto, pero sí es 100% política, porque Conducta es un espejo muy bien azogado puesto enfrente de un país totalmente quebrado, roto –para emplear el mismo adjetivo de Daranas para los POSTER-COMERCIAL-CONDUCTA-REDUCIDOdioses de su ópera prima.

Daranas no es la excepción de la regla, pues vive en Cuba y no quiere hablar de más, al igual que Fernando Pérez cuando su demoledora La vida es silbar.

Continúo citando a su director: “En cuanto al entorno de Conducta, lo esencial es preguntarse ‘qué es lo que hay más allá de la política y de tantos absurdos que han limitado nuestra percepción de lo que es esencial en la vida, que son los valores y los sentimientos, la nacionalidad, con sus virtudes y sus defectos, que se expresan en 14 millones de cubanos, y no en 11 por un lado y 3 que están por el otro, sino en esa visión de Cuba como una nación de 14 millones de personas’”.

Y yo me pregunto a su vez: ¿quién, sino la maldita política del castrismo y sus absurdos totalitarios, es la culpable de que no exista esa visión de Cuba “como una nación de 14 millones de personas”?

Conducta narra la historia de Chala, un niño habanero que vive en un ambiente marginal con una madre alcohólica y jinetera, y de Carmela (Alina Rodríguez), su maestra, quien está en edad de retirarse y se opone a que Chala, quien tiene graves problemas de disciplina, sea enviado a una escuela de conducta.

Considero que uno de los momentos claves del film –entre tantos– es cuando Carmela, ante la respuesta de la burócrata del Ministerio de Educación de que quizás el problema es que la veterana profesora lleva ya demasiado tiempo enseñando, le responde: “Los dirigentes de este país llevan más tiempo que yo”.

La película muestra numerosos problemas sociales de Cuba, como la emigración interna y externa, la pérdida de valores en la sociedad, el marginalismo rampante, y la frustración de los jóvenes, además de los problemas del sistema educacional y el choque con el supuesto ateísmo oficial –la estampita de la Virgen de la Caridad del Cobre puesta por la niña “palestina” en el panfletario mural del aula desencadena uno de los conflictos más interesantes del film–, con una valentía admirable, demoledora, que contrasta con la respuesta de Daranas a Abel Fernández en Miami para quedar bien “con Dios y con el diablo”, como hacen casi todos los que vienen “intercambiados culturalmente” desde La Habana y luego regresan a seguir siendo “el tuerto en el país de los ciegos”, gracias a las maletas repletas de toda la pacotilla que pudieron cargar y a los dólares que se pudieron agenciar en “el imperio”, lo que les permite por un tiempo un mejor nivel de vida que el de la mayoría del pueblo cubano, que no viaja ni tiene quien le mande una remesa de vez en cuando.

Sobre los comentarios que ha generado la película “por la valentía de su discurso”, Daranas afirmó que nunca trata de enfocar sus películas en ese aspecto: “Hablo de cosas que me son inmediatas, que son parte de mi vida, porque son las calles que camino todos los días. La valentía del discurso tendría que empezar por ser una valentía artística, que es la más riesgosa y difícil de asumir. Esto es una película pensada y hecha para los niños y por los niños, que habla y se refiere a la infancia. La valentía y el desafío fue hacer la película con ellos”, afirmó el cineasta, sentencia con la que no estoy de acuerdo en absoluto, pues no creo que la película esté hecha ni pensada “para los niños”, sino para que un país quebrado, roto, se mire en el espejo.

Sobre el autor

Baltasar Santiago Martín

Baltasar Santiago Martín

Baltasar Santiago Martín (Matanzas, 1955). Ingeniero estructural, en 1987 fundó en La Habana el grupo “Arar” (Arte y Arquitectura). Tiene publicados “Amaos los unos a los otros” (Betania), “Esperando el velorio” (Alexandria Library), “Calentando el bate” (ZV Lunáticas), “Una vida, un tren”, (Alexandria Library) y “Visión 21/21”, (Linden Lane Press), entre otros libros. En 2008 creó la Fundación Apogeo para el arte público, y en 2013 la revista cultural Caritate, tras casi cuatro años como columnista y jefe de redacción de la revista Venue. Es corresponsal en Miami de la revista Newsweek en español.

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