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Cuadernos monográficos de La Gota de Agua

Cuadernos monográficos de La Gota de Agua

Cuadernos monográficos de La Gota de Agua
abril 07
17:16 2014

En tiempos de cierre de librerías, tanto en inglés como en español, de ediciones limitadas o bajo el denominador de on demand, la aparición de un nuevo proyecto cultural, como Cuadernos monográficos, puede considerarse un acto demencial. Aunque quizás no. Estoy seguro que no. Se trata de un admirable esfuerzo, de una idea que tiene sus razones fundacionales en un compromiso ineludible con la cultura cubana. Creo que por esos derroteros va el propósito del escritor Rolando Morelli, cuando decide crear esta serie de cuadernos monográficos, que favorecen la cultura cubana y reafirman la labor de los escritores cubanos en el exilio.

El hecho de que esta serie de monográficos la inicie la escritora Zoé Valdés (sin duda la figura literaria cubana en el destierro más reconocida en la actualidad), es señal de que para Morelli y su Editorial La Gota de Agua este proyecto es de suma importancia. Y no podría ser de otra manera, Rolando Morelli vivió los funestos años de censura que plagaron la cultura cubana, particularmente en los años sesenta y setenta, y eso ha marcado a muchos escritores de su generación, al extremo que cuando han tenido la oportunidad han emprendido empresas para reconocer y realzar el aporte de los cubanos en el exilio a la totalidad de la literatura cubana. Pienso en estos momentos en la Revista Mariel de los años ochenta, la Revista Linden Lane Magazine, que actualmente edita la escritora Belkis Cuza Malé desde Texas, y en la empresa del propio Morelli, publicando libros realmente sorprendentes, como los cuentos de José María Heredia, la poesía de Emilia Bernal Agüero y de Luisa Pérez de Zambrana, entre otras rarezas.

Palabras pronunciadas por el autor en la West Dade Regional Library, en un evento convocado en 2013 por el Pen Club de Escritores Cubanos en el Exilio.

El contexto literario y artístico de Cuba ha sido históricamente complejo. Antes de la República, en la segunda mitad del siglo XIX, muchos de los principales intelectuales vivieron y crearon en el exilio. Durante el período como nación independiente, los artistas tuvieron que abrirse paso sin apenas respaldo, pero con la determinación de llevar adelante sus proyectos, sin apoyos, pero también sin temores. La complejidad de las artes en Cuba se enrevesa después de 1959, con un sistema político y social que, al principio, se abrió a la cultura como ningún gobierno anterior en la isla, pero que luego sólo premiaba y facilitaba recursos a sus acólitos, mientras condenaba al ostracismo, o forzaba al exilio, a aquellos que no comulgaban con el socialismo y sus doctrinas totalitarias y excluyentes.

Tras más de medio siglo de dictadura se ha entrado en otra fase, peligrosa diría yo, pues los escritores que el castrismo despreció, hostigó, que incluso murieron en el ostracismo en la isla, o en el espinoso exilio, hoy son sus cartas de presentación. José Lezama Lima, Virgilio Piñera, Gastón Baquero, hasta Reinaldo Arenas, Heberto Padilla y Guillermo Cabrera Infante, por sólo citar algunos. De manera que los artistas que tuvieron que refundar su tierra en otra tierra, reivindicar su identidad en territorio ajeno, hacerse de un nombre (sin conseguirlo en muchos casos, más allá de un marco geográfico determinado), sumados a los que en la isla fueron negados por años, son los escritores de los que el castrismo quiere apoderarse, de sus nombres y obras, con maledicente impunidad.

La realidad cultural de los cubanos en el exilio se ha ido haciendo aún más compleja en los últimos tiempos. En la medida que las posibilidades de publicar se han abaratado y hasta facilitado en años recientes, el marco de la distribución, de llegar a un público numeroso, sigue siendo engorroso, limitándose en muchos casos a promociones en las redes sociales y venta en portales especializados como Amazon.com. Mientras la mayoría de los cubanos en el exilio continúa sin poder llevar sus obras al público de la isla, cada día se abren más frentes en Estados Unidos (limitémonos en esta oportunidad a mencionar sólo a Miami) para que la literatura que se escribe en la isla y los autores que en la isla se han mantenido callados ante las atrocidades que por décadas se han cometido –incluso en fechas recientes, como el encarcelamiento del escritor Ángel Santienteban o el cierre del taller del pintor (hasta caer en desgracia, oficial) Pedro Pablo Oliva–, acudan a los foros literarios miamenses para promoverse, y casi siempre, desde la postura comodín (hipócrita diría yo) de “yo no soy político”, seguir siendo cómplices del horror del castrismo… hoy más tenue, pero el mismo sistema intrínsecamente perverso que ha dañado a la nación cubana y en demasía lo cubano.

La nueva tendencia de muchos vienen y unos pocos van, de usar en su beneficio el nombre y la obra de los escritores verdaderamente exiliados, está muy bien orquestada y astutamente pensada para minimizar (y poco a poco ir silenciando) la enorme contribución de los cubanos en el destierro, como grupo de expatriados, como ocurrió en el siglo XIX, al conjunto total de la literatura cubana. Pienso que le hace más daño a la cultura cubana exiliada que una editorial oficial publique un libro de un escritor residente en el exterior, y más, que esos autores viajen a La Habana a presentarlos en las tribunas diseñadas por el totalitarismo, que todos los ataques e insultos que se lanzan sobre los cubanos en el exilio desde la también oficial, más bien oficialísima, Jiribilla, pues el comportamiento de esos escritores que se autodefinen “en la diáspora”, en vez de servir para tender puentes verdaderos de unidad cultural, facilita al régimen la posibilidad de falsear una realidad, al transmitir la imagen de que le interesa la labor cultural de los escritores residentes en el exterior, cuando no es así. Sólo basta mirar los nombres y las circunstancias de los libros y autores publicados para comprender el verdadero propósito de tal empresa.

Es triste decirlo, porque constituye una victoria para la dictadura, pero las distintas generaciones de escritores cubanos no nos entendemos como deberíamos. Y no por razones de estética o corrientes literarias, sino por profundas diferencias de percepción política. Esa es la verdadera división, capaz de conducir al fin de sólidos vínculos literarios, de llevar a rupturas de amistad y cariño entre los propios escritores que vivimos fuera de Cuba.

Cuando se despejen los tiempos, prevalecerá (como ha de ser, como siempre ha sido) lo mejor de la literatura y el arte cubano, sin importar dónde hayan residido sus autores. De hecho, ya está ocurriendo así. Es por ello que proyectos como el de Rolando Morelli y su Editorial La Gota de Agua, y estos Cuadernos monográficos –serie que ha de continuar, como ya se anuncia en el reverso de la contraportada del primer número, con otros creadores que han dejado en alto el nombre de Cuba desde el exilio, a pesar de los obstáculos y la desdicha de vivir, envejecer y hasta morir lejos del lugar que nos pertenece, nuestra isla–, son tan bienvenidos.

Sobre el autor

Luis de la Paz

Luis de la Paz

Luis de la Paz (La Habana, 1956). Escritor y periodista cubano, ha publicado los libros "Un verano incesante", "El otro lado", "Tiempo vencido" y "Reinaldo Arenas, aunque anochezca", entre otros. Entre 2001 y 2008 editó la revista virtual de literatura cubana El Ateje. Es Premio Museo Cubano de Ensayo por "Dulce María Loynaz, tránsito de una gran dama cubana", y Premio Lydia Cabrera de Periodismo en 2011.

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2 comentarios

  1. Tony Cuartas
    Tony Cuartas abril 11, 03:15

    Gracias Luis.
    Me parece muy loable la iniciativa de la labor de Rlando Morelli, ojala que otros proyectos se lleven a cabo, para enaltecer nuestra cultura y el desarrollo intelectual de nuestra culturaen general.
    Gracias nuevamente.
    Chao.

  2. Caronte
    Caronte abril 11, 16:23

    No se estan cerrando librerias per se. Se esta cerrando la lectura, el habito de leer. Ningun otro metodo va a sustituir a la libreria porque no hay sustituto para la lectura. Hay que meterselo en la cabeza: la gente NO quiere leer. Se muere el libro, se muere la lectura y se muere la literatura tambien. Nosotros, los que ya leimos, vamos detras del feretro. Es lo que esta pasando y hay que meterselo en la cabeza, mal que nos pese.

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