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¿Cuán envilecedor resulta un régimen totalitario?

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¿Cuán envilecedor resulta un régimen totalitario?

¿Cuán envilecedor resulta un régimen totalitario?
abril 19
21:16 2017

 

El muy significativo rasgo parasitario de la elite extractiva de rentas verde olivo, una de las de más larga data en el mundo moderno y asimismo la más eficaz en su labor sistémica e inveterada de extraer ahorros ajenos, ha terminado calando a la población cubana casi sin excepción, especialmente tras la caída del telón de acero en 1991. O sea, el proxenetismo, el jineterismo, en dos palabras, la apropiación de renta ajena por los medios que sean en aras de sobrevivir un día más, se ha convertido en Cuba en la más cotidiana y socorrida de las “tareas” del pueblo. Un pueblo sin acceso pleno a la propiedad privada y a la economía libre de mercado, de modo que no le queda otro remedio que el trapicheo at infinitum.

Así, la misma población, por una necesidad extrema de supervivencia, mimetiza los comportamientos de rapiña de la elite verde olivo agrupada en torno a Gaesa y la marca mafiosa de la familia Castro. En otras palabras, el poder cubano, durante casi 60 años, no solo impuso aceleradamente un modelo típicamente colectivista-liberticida, sino que además, agotado aquel ordenamiento a partir de la disolución de la URSS, se negó en redondo a introducir decisivas reformas en la dirección del mercado, por lo cual obligó a su población a envilecerse a grados nunca vistos ni en los países más pobres del Tercer Mundo para sobrevivir un día más y mantenerse “luchando”. Aunque si se les pregunta por qué siguen luchando a estas alturas del game, no sabrían qué responder.

De ahí que, aunque parezca poco optimista, siempre sostengo que Cuba ya se perdió para las libertades y el gobierno democrático. Las causas: excesiva exposición a la falta de libertad absoluta y subordinación casi servil al poder del Estado. Por consiguiente, la población ha sido forzada a una muy prolongada inmersión en los fondos más canallas y perversos de las crudas leyes de la sobrevivencia humana precisamente para burlar ese poder liberticida.

Un sistema de libertades basado en los cánones democráticos –o sea, pluripartidismo, libertades individuales, economía de mercado y respeto por la propiedad privada, tres poderes con independencia de funcionamiento, etc.– se construye en base a una argamasa social compuesta por una ciudadanía (rehuyo aquí el concepto de pueblo no solo porque sea marxista, sino porque al serlo alude a un rebaño absolutamente manipulable por el poder del Estado) con valores como responsabilidad personal, capacidad de acción colectiva, moral ciudadana, respeto irrestricto por las reglas de juego democrático y por todas las instituciones que refrendan ese orden, tanto las económicas como las políticas y mucho más allá.

Los inmensa mayoría de los jóvenes cubanos no han conocido otra cosa que “escapar” trapicheando, bizneando, jineteando y todo el resto de variantes que puedan concebirse de la absorción de ahorro ajeno dentro de los estrechísimos márgenes legales que permite el poder. En otras palabras: estamos frente a una ciudadanía que por la pesada inercia y la desmovilización civil que impone un poder absoluto durante seis décadas, no está en condiciones de luchar por su libertad. Por tanto no la respetará ni mucho menos la defenderá. Simplemente porque no tiene ni la más remota idea y carece de los incentivos necesarios para implicarse en una batalla por las libertades y por el papel que cada individuo desempeña mediante su participación activa en ese modelo. A nivel macrosocial, su ignorancia por las leyes que refrendan la racionalidad instrumental capitalista, una administración imparcial de justicia y por el resto de las instituciones que amparan las libertades, es sencillamente supina. Solo han conocido castrismo y ahora castrismo postcomunista, de modo que la labor será ciclópea, de gigantes, reservada solo para pueblos con un sentido muy definido de nación y de su destino, premisa de la que el pueblo cubano, desgraciadamente no puede presumir. Precisamente por ser un pueblo sumido en estas condiciones de apatía civilista, carece por completo de voluntad de acción colectiva, lo cual resulta indispensable para enfrentar tan elevados desafíos.

Somos un pueblo extraordinariamente disolvente y cainita, casi tanto o más que el español (en proporción a nuestra población y breve historia), o sea, donde predominan las fuerzas centrifugas y no las de cohesión en torno a un proyecto unitario.

De modo que “Castro 4 ever”, o, como mucho, un gobierno que en algún momento, tras la desaparición biológica de Raúl Castro, transite hacia una oligarquía –movimiento que ya se percibe. En otras palabras, sobrevendrá una elite económica más numerosa y abierta detentando el control de la riqueza en unas pocas manos, mientras que buena parte de la población, alarmantemente envejecida, continuará sobreviviendo en condiciones sencillamente deplorables.

Sobre el autor

Enrique Collazo

Enrique Collazo

Enrique Collazo es Licenciado en Historia por la Universidad de La Habana. Realizó estudios de Doctorado en la Universidad de Educación a Distancia de Madrid. Ha publicado libros sobre las cuestiones de la banca y el crédito en Cuba, tanto en la Isla como en España, y colaborado asiduamente en publicaciones como la revista Encuentro de la Cultura Cubana y su página web Encuentro en la Red, la Revista Hispano-Cubana, Cuadernos de Pensamiento Político e Islas, entre otras. Actualmente reside en Madrid.

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