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Cuántica para una música

Cuántica para una música

mayo 17
02:36 2012

 

1-0_anteaquera“Si al principio una idea no es completamente absurda, no existe la menor esperanza de lograr algo a partir de ella”, ha dicho Michiu Kako. Y la primera vez que escuché la música de Raúl Thais Antequera en alguna improvisación doméstica, enseguida me asaltaron ideas, asociaciones desconcertantes y un montón de palabras ¿absurdas? como estruendos echados a la suerte, trompas mayúsculas frente a los muros de Jericó. Tsunami que desarma apenas sentido y sensibilizado el primer sonido; porque no hay emoción que resista el embate de su (i)lógica.

Más certeramente hablando, se trata de su sentido planeador y compaginado de asociaciones armónicas no esperables. Distinguible influencia que quizás no asume de Chopin al energético minimalismo cadencioso de Wim Mertens o la fluida tonalidad de Yann Tiersen. Cuando toca se me antoja (un) cúmulo sináptico preciso, en aurática proporción que promete simetría… geómetra buscando lo sagrado híperdimensional que intuye la matemática, la cosmología y las esferas… Y se me antoja referenciar “los cantos secretos o prohibidos” de San Juan de la Cruz en frecuencia de “Solfeggio”, a los que se atribuyen la clave o el poder de creación del Universo (terrores teológicos y otras instituciones aparte).

Si el regreso de los clandestinos Cátaros y Gnósticos a la Europa medieval representó lo que hoy denominamos “Renacimiento”; el hallazgo de la “cuántica”, la “incertidumbre” (Werner Heisenberg), la morfogenética y la “neurociencia” podría significar una revolución similar para nuestra modernidad crepuscular.

Resulta que todo esto tiene que ver con la sanación. El hallazgo de un Mundo mistérico conjuntivo y vinculante, inmerso en una naturaleza (no) ordinaria de las cosas. La vida es mística y Raúl lo sabe. Sus prácticas en la meditación y su relación metafísica con la creatividad, ahondan -si se quiere- (in)conscientemente en una “Teoría de Campo”, conjunción de una poética (di)suelta, (de)vuelta al “ethos”, a la naturaleza, no como ser escindido, roto; separata dualista herencia del pensamiento cartesiano-racionalista, sino “Holos” fraterno de una dinámica oblicua y multiversal concurrente, como el azar sagrado del logos Taoísta. Así argumenta sus investigaciones el físico japonés Masaru Emoto, sobre la energía sutil HADO en su portentoso “Mensajes del Agua”: -La música, las palabras, los sonidos y las intenciones magnetizan, radian, imantan el espacio y la sustancia, imprimiéndole de base, una memoria combinada de reflejos que influyen, tanto en su composición química y física resultante (micro-macrocósmica)-, plus una (des)estructuración genésica que el mismísimo premio Nobel en Medicina y Bio-Física Rupert Sheldrake denomina: “Resonancia Morfogenética”. La manera responsable en que incidimos (in)conscientemente en las cosas interviniéndolas… Un acto definitivo y único, generador y bendito, estético y profundo; “doble llama” que se alza tras la infinita experiencia de(l) amor (música de la compasión) el contagio y los procesos parasimpáticos.

Entiendo que cuando arpegia es proclive a la constante improvisación que recrea “quantum posibilitas”… estructura que flota en vuelo rasante, “perpetuum mobile” que no encorseta, trampea, ni rige; en cambio fluye, trashumante, expansiv@ y contagios@, como oleaje sináptico de fuerza animal (des)congestionada y no fija; tampoco Aristotélica, ni antropocéntrica… Linealidad y temporoespacialidad que tuerce peregrina, “modernidad líquida” de “meseta y pensamiento nómada”. Es decir, un obrar más allá de la dualidad comienzo-final, donde los argumentos carecen de sentido (y ni centro ni borde en esta cartografía indómita) y si hablamos del “Holos” no nos detenemos en la intersubjetiva y exclusivista perspectiva humana de la “lógica formal” al “Organon”, determinante ortosis lisa del tiempo ¿irreversible?, del orden, el clímax y el ¿desenlace?; en cambio acentrad@ y poliédric@, multiforme, magnétic@ y atemporad@, que late como organismo vivo -in continuum-. Un sistema con relativa autonomía que llora, ríe, ensimisma, festeja y sublima vapuleando(le)nos a su antojo. Pliego (el suyo) a una voluntad libérrima de autonomía en el alma, sobre todo un no-gobierno que despliega a sus anchas cual marea emocional, descreído ya de toda escolástica, ego y subterfugio. Raúl cree en la música como una integridad sublime de soldado exquisito, cuya obra es la belleza,la libertad, la entrega, la gracia (estado de gracia). Un modo de romper las formas y deconstruir la ley, los hábitos y las rutinas… concluyendo con Fred Hoyle en que: -desgraciadamente, hemos nacido en un mundo dominando por un monstruo arrasador llamado “Ley” tan todopoderoso como estúpido-.

Entonces habremos de saber como quien no sabe; by-pass en “la ratio” que pone nuevamente la obra bajo la luz de la pasión, “intuitio”.

Su cuántica en la música va más allá de eso, sencillez armónica novedosa de estados asociativos inmanentes, donde “la fuga” y “el contrapunto” hacen lo suyo, coqueteando reconciliatorios entre vanguardia y tradición. Momento donde lo contemporáneo no se toca necesariamente con lo moderno, entendiendo “modernidad” como ese empobrecido principio dialéctico (en Hegel) de polaridad maniquea, igualmente herencia hipertrófica de la razón Kantiana, un “tractatus di-a-lógico” que resulta más, vértigo sin nostalgias ni mimetismos. A sabiendas de la disciplina como medio y no como finalidad.

Una herramienta para conseguir la pulsión eficaz hacia otros estados de consciencia o alteridad. La “abstracción elegante” que Brian Green cita en su texto sobre el “universo” o sencillamente ese “cuchillo sin hoja y sin mango” que el poético Einstein declamaba: -como el poder de la inteligencia penetradora en huestes de “la realitas”-; eficacia y talento al “servicio público”, una responsable “religare” de la gratitud, porque el Mundo está enfermo por falta de ese esplendor, ánima incendio de portentosa belleza.

¿Qué tal de Resonancia?

Adrián Morales es Doctor en Estética por la Universidad de la Sorbona, artista visual, músico, compositor y multinstrumentista. Se considera discípulo del padre de la Deconstrucción Jacques Derrida.

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