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¿Cuba cambia?

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¿Cuba cambia?

¿Cuba cambia?
enero 26
16:57 2018

Desde Cuba me llega un pedido de auxilio que lamentablemente ya ni peculiar resulta. Un amigo me pide ayudarle a visibilizar un post que colocó en su página de Facebook. Mi amigo, historiador vinculado al mundo del arte, especialmente de la plástica y la música digamos que no convencionales, lo que aquí quiere decir no asimiladas políticamente, fue detenido en la noche del 22 de enero mientras asistía a un show celebrado en la pequeña, turística y ahora peligrosa (para los cubanos) ciudad de Trinidad.

La detención llegó a mayores. Conducido (imagino cuán “pacífica” y “respetuosamente”) a la estación de policía con la justificación de estar “ilegal” en esa ciudad, le encerraron en un calabozo donde pasó la noche (precisa él lo que sabemos) sobre un “colchón de cemento y una peste irresistible”. Era el preludio de lo que vendría. De ser luego fichado como “criminal” y, faltaba más, de la consecuente “acta de advertencia por estar en ‘zona turística y proclive a actos delictivos’”.

La del colega-amigo es la última de las informaciones que al respecto me llega. Otro cubano, novio de una amiga extranjera peor, ha corrido suerte, ahora mismo está en prisión y fue juzgado por la misma causa. Solo que la “asediada” era la novia. En fin, el mensaje del amigo, además estimulándome por solicitud, es el que finalmente me detiene en el asunto. Algo que me planteaba hacer, especialmente porque ellos no son los únicos. En los últimos días supe de la reactivación a gran escala este tipo de detención en Cuba. Vi anoche que un periodista opositor escribió al respecto.

Lo que a mi amiga le resulta novedoso, no lo es. Es la práctica habitual en casi 60 años, recrudecida desde los años ‘90. Algo que yo también sufrí repetidas veces por andar con mi ex marido por la calle, y con la paradoja de ser él cubano. Mientras la familia de la joven extranjera no entiende nada y quiere acudir a lo que sería en muchas partes del mundo lo normal, denunciar públicamente la arbitrariedad, la familia de él, en Cuba, tiembla ante la posibilidad de que “eso sea peor” (sí, allá la única certeza es que siempre se puede estar peor), e igualmente ante la posibilidad de que alguien desde el exterior alce su voz para denunciar… Razón por la cual me reservo nombres, aunque quisiera gritarlos alto y fuerte.

Quienes allá nacimos y crecimos, sabemos los efectos del miedo inoculado con la leche materna y las cada vez más escasas vacunas gratuitas. Sabemos también que ese, más que las oxidadas y viejas armas, es el sostén del opresivo sistema. Es con el miedo que cuentan como garantía para su reproducción. Un miedo que, además, les sirve de producto de exportación… Ahí esta la Venezuela del chavismo para mostrárnoslo… Ahí también los tantos círculos infernales de aplicados y entusiastas castristas (asalariados o voluntarios) por el mundo, cubanos y extranjeros, de cualquier sector social, raza y cultura, incluso tantos entusiastas del movimiento LGBT apoyando a los homofóbicos de Cuba.

Algo más sabíamos quienes nacimos y crecimos allá. Por ejemplo, que en vísperas del circo de nombramiento del “nuevo presidente” (¿es “nueva” una ficha antes marcada?) habría más represión. No hay que ser intuitivo, es el método. Y aprendimos que ellos también temen. Lógicamente, temen perder sus beneficios. Temen que las cosas se les vayan de control, que exista un verdadero, multitudinario y nacional “maleconazo” ya sin contingente de supuesto “pueblo enardecido” que agreda a los protestones, que los ánimos se caldeen hasta el punto que a la gente le dé por creer en sus derechos naturales y pretendan exigir su realización, que aparezcan verdaderos líderes. En fin… temen, Y mientras más temor, más represión.

En el último año venían incrementado el encierro de opositores (reales o ficticios, que estos últimos son, como diría nuestra no tan santa Iglesia católico-romana, justos y necesarios). Fueron montadas algunas escenas (no alcanzan la categoría de espectáculo) con algunos opositores. Está más que claro que andan los policías castristas galopantes por el mundo, intentando presiones de todo tipo con los cubanos, desde forzarnos a la “repatriación voluntaria” hasta intentar atemorizarnos a pura tortura y persecución de todo tipo. Como siempre, se refuerza al ejército de los ciberpolicías. Envían a sus embajadores por el mundo diciendo los más disparatados discursos (acabo de enterarme, por la flamante primera dama en funciones, de que en nuestra Isla no hay feminicidio… aunque la realidad la desmienta… da igual… para ella).

Preparando el terreno, una letra del año cuando menos extraña, que muchos interpretan como una convocatoria a la aceptación de los desmadres. Porque… no olvidar, la orden ya fue dada: “borrón y cuenta nueva” o somos acusados de “resentidos” (entre tanto más). Y una carta firmada por tres sacerdotes cubanos diciendo al general-presidente-por herencia lo ínfimo de lo mucho que podría decírsele, que merece escuchar o al menos leer. Una carta a la que quiero dejar el beneficio de la duda positiva sólo por conocer de la integridad de uno de sus firmantes, el Padre José Conrado Rodríguez, un verdadero continuador del verbo libre del Obispo Monseñor Pedro Meurice.

Para no variar, el hambre, la carencia de medicamentos y de productos elementales como los de aseo, pues las carencias han mostrado ser excelente mecanismo de dominación. Los absurdos anuncios que quieren encandilar a quienes insisten en ver “logos” por doquier, de un acceso a internet a cuentagotas, censurado, de los más caros del mundo y de la peor calidad. Los teatrales lamentos de una esposa de “los cinco” señalando como “error” que su esposo no fuera incluido en un parlamento que nada decide pero que garantiza beneficios a sus participantes. Un entierro (quizás re-entierro) de restos de ex combatientes castristas en el altar de una patria (castrista) que están convencidos sólo a ellos pertenece. Y tal vez el colmo de la demencia: alguien que dicen es artista asegurando tener un “testamento” del que (aseguran) se fue y la mayoría añoramos que no vuelva ni en misas espirituales.

Y… unos cubanos que seguimos yéndonos a cualquier lugar, hasta a las naciones ex socialistas, porque de lo que se trata es de salir de donde sí sabes que ya no albergarás otra esperanza, porque lo único que te acompaña es el convencimiento de que siempre estarás peor. Una emigración que llega a engrosar, no siempre de la mejor manera, una diáspora cubana que sigue haciendo y muy bien contra todo obstáculo, porque con otras palabras lo ha dicho la escritora cubana Zoe Valdés: ser anticastrista se paga y caro, en Cuba o por el mundo.

Todo y tanto más como parte de los números (des)acompasados del circo que nos montan de aquí a marzo. Cuando suponemos que, de no haber otra “prórroga” unilateralmente impuesta (como todo, lo mismo la unilateralidad que la imposición), se asistirá, en la Isla y en la distancia, al anunciado número circense… quizás incluso con el repique de la campana de La Demajagua.

Un circo de “democratización” que se aprestan a creer quienes aseguran “Cuba cambia” e insisten que para bien. Aunque los jóvenes son acosados y enjuiciados por una ley tan espúrea y fascista como lo es la de “peligrosidad pre-delictiva”, por la cual podríamos ser declarados “peligrosos delincuentes”, enjuiciados y condenados todos los cubanos… incluso aquellos que la pensaron, la diseñaron y la ponen en práctica. Pero por la que nunca supe fuera detenido ningún funcionario, gobernante o pariente de estos, no pocos casados con extranjeros.

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Sobre el autor

María Ileana Faguaga

María Ileana Faguaga

María Ileana Faguaga (Mimi) es historiadora y antropóloga. Nació en La Habana, Cuba. Investigadora y Profesora-Directora del programa de diálogo cultural e interreligioso de CEHILA-Cuba (para el Estudio de la Historia de la Iglesia en Latinoamérica). Fue corresponsal en LH de Radio Única (Miami). Actualmente reside en Brasil.

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