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Cuba, de la mente y la transmutación de los valores

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Cuba, de la mente y la transmutación de los valores

Cuba, de la mente y la transmutación de los valores
Enero 03
18:40 2016

 

El pueblo cubano se ha transculturado. O dicho de una manera práctica, ha permitido que los trans(Kastr)culturen. La cultura nacional, su identidad, adquirida a través de varios siglos, ha sido transmutada, suplantada por una basura malvada; es decir, por uno de los subproductos más perniciosos que ha creado el siglo XX.

Las generaciones crecidas en ese medio no han tenido la posibilidad de seguir los mejores valores familiares, o de elegir algo mejor. Han seguido, más que una cultura, una doctrina sin alternativas. La falta de diversidad y de alternativas en la formación general ha creado un ser “masa”, mutilado de la posibilidad de expresar libremente su talento. Si el nazismo hubiera durado más tiempo, también lo hubiera hecho. Afortunadamente, del mal quedó solo una de las dos mitades: no vayan a cuantificar el contenido de las mitades porque una superará a la otra ampliamente; ya solo por el tiempo en que ha permanecido distribuyendo miserias.

Los hechos y acciones son el producto de la mente de cada cual. Con ella podemos hacer que el Dios de todos, el único posible, viva en nosotros. Y si él con esa energía eterna (y hablo del Dios como dogma y para quien lo concibe de una manera científica) nos creó a su imagen y semejanza, lo que el hombre hace es materia del libre albedrío. En el dualismo entre el bien y el mal, lo positivo y negativo, el hombre es quien decide. No es la creación divina quien lo induce al mal en los casos en que el hombre elige lo negativo: el mal entre las dos opciones. Por consiguiente lo que el ser humano espera que suceda, lo que decreta que suceda, sucederá. Pero debemos, luego de creada y mantenida la positividad en nuestra mente, decretar el bien, para que nuestra conciencia y el planeta estén más limpios de negatividad.

Jesucristo dijo: “Lo que nos hace daño no es lo que entra por la boca, sino lo que sale de ella, porque del corazón (la conciencia) procede”. –¡Decreta –pero imaginando, sintiéndolo de verdad– el bien si quieres el bien recoger! Aquí rige la ley de causa efecto o el de la semilla diseminada en terreno fértil o infértil.

En el caso del drama cubano, podríamos imaginarnos, y luego darlo por hecho, el triunfo, y con ello crear escenas derivadas de ese triunfo. Por ejemplo, las personas celebrando y dando vivas por las calles; familias cuyos miembros han estado separados por muchos años, abrazándose luego de un reencuentro, y así de esta manera otras escenas relativas a la victoria del bien.

Cuando el hombre cambia su manera de pensar, el resultado del acto se manifiesta en su exterior. “Somos transformados por la renovación de nuestras mentes” –dijo San Paolo.

En Cuba la mente dominante en el ámbito global o nacional, en las últimas generaciones, ha sido negativa. Los instrumentos principales para lograr tal fin por parte del régimen han sido: la invalidación por parte del estado socialista de los derechos individuales, la destrucción de las mejores memorias, desde la productiva hasta la memoria moral, la agresión constante hasta su destrucción de los valores materiales y espirituales tradicionales, un enrarecido discurso donde se mezclan amenazas, prohibiciones, eufemismos (los jerarcas usan sofismas para hacer creer que quieren el bien porque creen en él, a la vez están haciendo el mal, conscientemente). Pero a una dimensión tal que la mayoría no se percata de ello: un mensaje subliminal dirigido a eliminar la esperanza (marchita con el pasar de los años), donde la conciencia ha sido ahogada por consignas, chantajes, aislamiento, desinformación, y al final la rendición de la Fe. A través de la inculcación de la filosofía del miedo, concepto que en términos psicológicos se encuentra a 180 grados de la Fe. Métodos científicos con efectos devastadores en la conciencia humana, la que luego, de manera indiscriminada lanza el paquete contaminado a la subconsciencia, que obediente cumple su cometido; es decir la orden de la conciencia enferma. Los observadores foráneos, por otra parte se crean una degenerada imagen de los cubanos: todo se tira al relajo y el cubano siempre baila y canta; pero no ven a los que mañana después de haber bailado y danzado se suicidan, abrazados al fuego, a las olas del océano o al tren de aterrizaje de un avión.

El mensaje subliminal empleado desde que el niño tiene uso de razón conduce al inevitable Síndrome de Indefensión adquirida, el que empieza a configurase en el carácter del individuo a edad muy temprana. Por ejemplo, en niños que crecen en un disfuncional entorno familiar o social: una persona, incluso un animal o un grupo de ellos que permanezca por un período determinado en una situación, aparentemente sin salida, termina en una paralización psicológica.

En los países del Socialismo Real donde se implanta una dictadura científica, como es el caso cubano, estos complejos mecanismos de control psicológico funcionan con equipos de psicólogos y sociólogos altamente especializados. Allí el único «servicio» eficaz es el complejo sistema de terror con propaganda paralela. Pero el efecto de todo este complejo aparato es la negatividad y la negación de todo tipo de alternativa al status quo reinante: ¡Estáte quieto porque la cárcel grande es mejor que la pequeña! Todo se explica de manera racional, pero todo a la vez tiene sus límites y sus dimensiones. Y los límites y las dimensiones de las cosas, geográfica, metafórica o cósmicamente hablando, se encuentran siempre, si mueves los pies, en la imaginación y la mente.

¿Qué ha hecho el cubano promedio? Pues dejarse manipular por mentes confundidas, desviadas y sin ideales. Ha seguido casi fielmente el mal. Con su mente ha mutilado la propia capacidad de resistencia (de rebelarse al mal de manera pacífica y civilizada). Ha sido dominado por el terror. Ha adquirido hábitos propios de cobardes; predomina la guapería barata de barrio, en lugar de emplear las energías en combatir de alguna forma al poderoso enemigo –por su incomparable falta de escrúpulos– y no al vecino o al familiar. En fin, es el cubano, incluyendo a los “guapos”, un ser indefenso. La indefensión ha calado hasta la médula de la conciencia. Sin embargo, no podemos justificar nuestra inercia con el síndrome de indefensión porque algunos lo hemos transmutado en fe en el triunfo del bien contra el mal.

He escuchado de boca de cubanos dentro y fuera de Cuba varias frases claudicantes –al límite de lo soportable por lo timorato de la expresión, incluso por la postura apocada que asumen al expresarlas– nunca edificantes para la conciencia de ellos y de sus hijos: en fin, carentes de la verdadera voluntad de cambio. Muchos de los que las pronuncian no creen en lo que pudiera ser la solución al profundo drama de un pueblo entero, ¿por qué? Pues por haberse dejado zambullir en las turbias aguas de la “doble moral”, por el terror y el hábito de vivir en la miseria –peor la espiritual que la material– que han aceptado como ley fundamental del cada día: elemento nuevo de esa frágil y actual identidad nacional: 1) “Esto no termina nunca”. 2) “Esto no hay quien lo tumbe”. Eso exactamente es decretar el mal, y seguir como los carneros sin criterios, emitiendo sólo clandestinamente ridículos balidos liberadores; luego escapando a través de métodos suicidas o a veces suicidándose para escapar de una vez de su propia trampa: ni una sola de estas soluciones es positiva. Y eso precisamente es lo que ha conseguido no solo el socialismo tropical, también el estalinismo y otras formas de un sistema que antes crea confusión y luego sumisión: una malvada pero científica forma de mutilar la conciencia para dilatar o perdurar el poder.

Conclusión: la negatividad y con ella el mal hubieran terminado si solo el 5% de los cubanos hubiera desarrollado la positividad, o al menos conservado la poca o mediana cuota de ese importante ingrediente en la conciencia; si hubieran mantenido una verdadera voluntad de cambio: si juntos o separados, cada cual o cada grupo en su sitio –creyentes o no– hubiéramos orado o pedido lo mismo con similar frecuencia de vibración (vibrando positividad). Los pocos que convencidos lo hacemos ayudamos al cambio, pero el final se demora porque la interferencia de la energía negativa es todavía demasiado grande y decisiva: “Hay un tiempo para cada cosa y un momento para hacerlo bajo el cielo”. Eclesiastés (¿Salomón?).

En un proceso tan largo como el cubano y con un régimen adversario sin escrúpulos hay que buscar la solución donde más pureza hay; donde se supera el mal absoluto, hasta en lo extrasensorial. La percepción del ser humano no tiene sus límites en los órganos de la percepción: “él percibe más de lo que el sentido (por agudo que sea) puede descubrir”, dijo William Blake. Y el ser humano, y en este caso el cubano, debe buscar más allá de la percepción de sus sentidos la solución para acabar con esta vergüenza terrenal.

Sobre el autor

Carlos Carralero

Carlos Carralero

Carlos Carralero, poeta y escritor cubano, exiliado político en Italia, donde fundó la Unione per le Libertè a Cuba, ha publicado artículos en varios países, así como novelas y poemarios. Sus novelas “Requiem por Saturno” y “Saturno y el juego de los tiempos” han sido traducidas al italiano. En el 2013 apareció su libro “Fidel Castro, el abrazo letal”, editado por Greco & Greco de Milán. Su libro “Kuuba” fue publicado en Finlandia, en colaboración con la editora Elisa Sipilä.

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2 comentarios

  1. Omar
    Omar Enero 03, 19:17

    Con qué claridad ha esclarecido el complejo problema cubano ,considéreme su amigo de ahora en adelante

    Reply to this comment
  2. Carlos Carralero
    Carlos Carralero Enero 04, 04:39

    Yo no indico la forma de lucha. Digo que es mejor protestar pacíficamente que morir abrazado al tren de aterrizaje de un avión o a las llamas. La Fe, no me refiero sólo a la De que habla el Papa, me refiero a una convicción y no a la rendición de ella como lo ha hecho el cubano. La solución es sacar a los Castro del pdoer y sólo lo pyeden ahcer los cubanos porque ningún político en la historia ha tenido tantos cómplices como FC, por una causa: los prejuicios ideológicos que no son una verdadera ideología, sino una manera femenoide de envidiar. Y esto lo dejo para otro artículo porque no puedo explicarlo aquí. Si es que se publica el otro artículo

    Reply to this comment

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