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Cuba en el espejo libio

Cuba en el espejo libio

febrero 24
01:09 2011

486906En el primer aniversario del fallecimiento de Orlando Zapata Tamayo, torturado hasta la muerte en las cárceles cubanas, el régimen de La Habana se revuelve crispado. Como en un espejo, se ha mirado en la actualidad libia, y lo que ha visto lo ha dejado temblando.

Las señales de lo que el opositor Darsi Ferrer ha llamado, desde Cuba, “vientos democratizadores impulsados por la modernidad”, son visibles por todos lados. Hasta en la hermética Corea del Norte, donde este mes se han producido protestas públicas inéditas, impensables. En este contexto, el castrismo ha puesto en alerta máxima a su aparato represivo, a sus esbirros de los mítines de repudio y sus testaferros de cuello y corbata, previendo un estallido social en la Isla.

La dictadura contempla los estertores del largo reinado de Gaddafi sin poder esconder su preocupación. El inefable canciller del régimen caribeño, Bruno Rodríguez, ha acusado este miércoles a Estados Unidos de “incitación a la violencia” en Libia y reclamado que la comunidad internacional no intervenga, ciego y sordo ante todo lo que no sea la obsesión por antonomasia del castrismo: conservar el poder. Son demasiadas las similitudes entre los regímenes libio y cubano como para no establecer comparaciones espontáneas: ambos se venden como “revolucionarios”; ambos estructuran su aparato de control social sobre la base de comités de vigilancia que siembran la división, el miedo y la desconfianza barrio por barrio y casa por casa; ambos son drogodependientes de un líder máximo en avanzado estado de descomposición: ambos han llegado al punto irreversible en que ese líder máximo pierde fuelle y se entrega al desvarío. Gaddafi es ya una sombra de lo que fue y ni hablar de Fidel Castro, un megalómano pútrido y renqueante que, más que lástima, provoca risa.

Pese a los miles de muertos y los bombardeos, pese al genocidio cometido contra la población civil libia, el castrismo se aferra a la tabla de salvación de la no injerencia (tan enfermizamente injerencista él mismo). Y con ello no hace más que poner las barbas de su poder en remojo: sabe que mañana, cuando saque los tanques a la calle, estará avivando el fuego de una intervención humanitaria. Demasiadas señales. Demasiado viento.

El espejo está a punto de caer.

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