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Cuba, entre epicúreos y estoicos

Cuba, entre epicúreos y estoicos

Cuba, entre epicúreos y estoicos
marzo 04
17:09 2015

El castrismo, en su perpetuo afán por controlar y mantenerse en el poder en Cuba, ha ejercitado durante más de medio siglo una filosofía dicotómica que se adapta a la idiosincrasia nacional con perfección. Quien obvie la influencia de la etnografía criolla en la supervivencia del castrismo, anda por mal camino.

Probablemente esta dicotomía no habría funcionado en cualquier otro lugar. O quizás sí. Pero la puesta en escena del colectivismo cubiche, de una eficacia cuasi absoluta, ha convertido a la Cuba sandunguera e irresponsable en ejemplo clásico de cómo ofrecer pan y circo a una masa nacionalista que también, por supuesto, puede lanzar consignas y ser estoica.

Hay en la Cuba de hoy una interpretación “epicúrea” de la vida, donde el desinterés total por la política sumado al gozo del momento, prima en la conciencia nacional. La sociedad cubana en general es nihilista. Su moral parte del nihilismo; del “nihilismo ético” al que Viktor Frankl se referiría en su Psicoanálisis y existencialismo.

Ha sido el triunfo del placer como fin supremo. Placer que según los estándares criollos, se configura en torno a una modesta celebración bailable y musical o al simple ejercicio de la especulación personal. Y es que no puede aspirarse a una dictadura totalitaria de alcances longevos en una población con estándares más encumbrados.

Por otro lado ha sido el estoicismo piedra angular en la conformación del nuevo carácter nacional. El destino está escrito y el hombre no puede hacer nada para cambiarlo. Y el “destino” es el socialismo revolucionario. Al abandono epicúreo de las masas se antepone la capacidad de sacrificio de Spinoza: hay que soportar los avatares de la existencia.

Ese carácter estoico, tan blanco, tan eslavo, tan sajón, ha sido el complemento perfecto para la apoteosis del Estado, para el relativismo hegeliano que ha permeado cada estamento de la sociedad cubana y que amenaza (¡cómo no!) con arrastrar hacia el abismo a las generaciones venideras.

Borrar en el futuro cualquier vestigio de nacionalismo insano es una durísima tarea que corresponde a una intelectualidad honesta y desprejuiciada. Ni estoicos ni epicúreos en el horizonte de la isla, sólo un conglomerado individualista, seguro, independiente, moldeado a imagen y semejanza del superhombre nietzscheano y su voluntad de poder.

Sobre el autor

Rafael Piñeiro López

Rafael Piñeiro López

Rafael Piñeiro López, escritor y poeta, es Doctor en Medicina por el Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana (1994) y Médico Cirujano por la Universidad de Chile (1998). Ha sido articulista en diarios como Periodista Digital (España) y La Razón (Argentina). Además, es Diplomado en Gestión Pública y Medios de Comunicación (Universidad de Chile), Diplomado en Moral y Espiritualidad (Universidad Católica de Chile), Diplomado en Políticas: Desarrollo y Pobreza (Universidad Católica de Chile) y Diplomado en Responsabilidad Social. (Universidad Católica de Chile). Reside en Miami.

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1 comentario

  1. misletrasARZ
    misletrasARZ febrero 22, 12:13

    Es reconfortante leer artículos tan inteligentes como este.Pero no es Hegel presisamente el culpable del destino cubano, ni ninguna sombra, sino el rumbo que originó el verbo al asumir el caudillismo comunista,vicio de poder absoluto, mal de males en América Latinba

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