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Cuba, España y el bienestar del Estado

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enero 09
18:58 2014

El AVE y... la rapiña

El AVE y... la rapiña

En España, para la ejecución de obras o proyectos tales como el AVE (Alta Velocidad Española), las energías renovables, las radiales en torno a diferentes ciudades, los aeropuertos fantasmas, las autopistas de cuatro carriles para conectar localidades de exigua población, los Palacios de la Música, las Ciudades de la Justicia y otras tantas barbaridades concebidas y construidas durante la burbuja crediticia e inmobiliaria –financiadas por los llamados Fondos Estructurales y de Cohesión de la Unión Europea o de las cajas de ahorro alemanas y francesas, o de donde fuera–, no hizo falta hacer estudios de viabilidad, ni calcular costes, ni mucho menos la tasa de retorno de esas inversiones públicas. ¿Por qué?

Porque todas esas obras se hicieron con dinero público controlado por los políticos de turno, los cuales decidieron su ejecución con el fin de enriquecerse a partir de las comisiones y sobrecostes de esas obras, gracias a las cuales captan el favor de los electores de su localidad, de su región e, incluso, arrancan votos a nivel nacional con vistas a unas periódicas elecciones generales. No importa en absoluto si los aeropuertos carecen de tráfico aéreo o si las autopistas y radiales, con el tiempo, se cuartean por la ausencia de tráfico en las mismas. No importó que el elevadísimo coste de subvencionar las energías renovables se hiciera recaer en el contribuyente, vía elevación del precio del kilowatt/hora, y mucho menos que ahora España tenga la electricidad más cara de Europa continental y un déficit de tarifa de miles de millones de euros.

No importó, para ejecutar las complejas y costosísimas obras de los AVEs (¡el coste ascendió a 11,000.000€ por km de vía!), que las líneas se trazaran entre asentamientos muy cercanos unos de otros y con población escasa, o que muchas líneas resultasen incosteables por falta de demanda, lo cual hace ruinosa su explotación (amenazando ahora, en época de depresión, con convertir en chatarra una tecnología muy cara, lujo que de acuerdo con la generación de riqueza de este país no podíamos darnos). Pero claro, no había político regional que no exigiera un AVE para su Taifa; digo, para su Comunidad, a su mayor gloria y honor.

En un caso el modelo se organiza bi-partidariamente (PP y PSOE) con el fin de alternarse en el gobierno cada cuatro años, aplicándose una pátina democrática que ahora, expuesta a la cruda intemperie, se derrite. O como en el caso cubano, se perpetúa en el poder mediante una fórmula represiva-populista que le garantiza pleno acceso a una vía de enriquecimiento parasitario.

Viendo todo este berenjenal me viene a la mente otro país con un régimen igual de derrochador, populista, que desde los años setenta se embarcó en la ejecución de un sinfín de obras faraónicas o de aventuras bélicas, todas ellas financiadas con dinero soviético o préstamos extranjeros y que condujeron al país a la ruina total, descalabro del cual no se repondrá ni en 20 años tras la superación del actual estado burocrático. En esa isla del Caribe, las decisiones corrían a cuenta de un solo hombre, el cual, llevado por su única y libérrima voluntad, y ungido por la potencia de sus testículos, obligaba a la sociedad en pleno a hacerse partícipe de sus proyectos delirantes, también para su mayor gloria y megalomanía.

Resumiendo: es obvio que ambos sistemas no representan modelos de gobierno donde las decisiones de política económica se adoptan por los que realmente saben de qué va el tema, o sea, por empresarios capitalistas en el contexto de una economía de mercado donde las oportunidades de inversión se debaten y se discuten en base a parámetros racionales de viabilidad económica, coste de oportunidad y tasa de retorno de la inversión. ¿Y por qué es así? Pues porque en ninguna medida son sistemas abiertos y participativos, sino que se basan en un principio autoritario, excluyente, representado en el caso español por una élite extractiva de rentas, conformada por una oligarquía partitocrática clientelar y corrupta, mientras que del otro lado del Atlántico se asienta en una misma élite extractiva de rentas, en este caso verde olivo, aunque mucho más reducida, representada por una dictadura despótica unipersonal que controla férreamente el monopolio del poder desde hace 55 años.

Los objetivos de ambos modelos, antidemocráticos a fin de cuentas, son los mismos: la extracción de rentas. Para ello, en un caso el modelo se organiza bi-partidariamente (PP y PSOE) con el fin de alternarse en el gobierno cada cuatro años, aplicándose una pátina democrática que ahora, expuesta a la cruda intemperie, se derrite. O como en el caso cubano, se perpetúa en el poder mediante una fórmula represiva-populista que le garantiza pleno acceso a una vía de enriquecimiento parasitario. Sin embargo, para ello ambos necesitan fabricar una ilusión, un discurso, una burbuja –nunca mejor dicho– que provoque en el votante ignorante y/o fanático, o en el “pueblo organizado”, o sea, las masas aplaudidoras, un mínimo de resignación o apoyo. Vil mecanismo de extracción de rentas a los productores desde el que el Estado, respaldado por un discurso populista puro y duro, pretende embobecernos, convirtiéndonos en vulgares reses, a la vez que rapiña nuestros recursos y nos escamotea la libertad.

No se dejen engañar: esto no es el Estado de Bienestar, es realmente el Bienestar del Estado.

Sobre el autor

Enrique Collazo

Enrique Collazo

Enrique Collazo es Licenciado en Historia por la Universidad de La Habana. Realizó estudios de Doctorado en la Universidad de Educación a Distancia de Madrid. Ha publicado libros sobre las cuestiones de la banca y el crédito en Cuba, tanto en la Isla como en España, y colaborado asiduamente en publicaciones como la revista Encuentro de la Cultura Cubana y su página web Encuentro en la Red, la Revista Hispano-Cubana, Cuadernos de Pensamiento Político e Islas, entre otras. Actualmente reside en Madrid.

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