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Cuba, Estados Unidos y la queja

Cuba, Estados Unidos y la queja

Cuba, Estados Unidos y la queja
marzo 24
16:35 2015

Antes de 1959, Cuba era un país con mucho distinto a los de su entorno. En gran medida debía –y debe– esa diferencia a sus relaciones históricas con los Estados Unidos. Las relaciones económicas con el gran vecino fueron muy importantes aun desde la etapa colonial. Estados Unidos y Cuba tenían –y tienen– numerosos intereses comunes. Eso está en la historia, en la geografía, en la política e, incluso, en la cultura. La misma independencia la obtuvimos por la heroica pelea de nuestros mambises, pero finalmente buscamos y conseguimos la ayuda de los Estados Unidos.

Dígase lo que se diga, fue así, y el propio José Martí advirtió que “la independencia sería muy difícil de alcanzar y aún más difícil de mantener” sin el concurso de los Estados Unidos. Por eso, también, alcanzamos los índices de desarrollo que alcanzamos en poco más de medio siglo de República. Pero quizás también por eso no supimos consolidar las instituciones en la República.

La República murió un poco como consecuencia de su propio éxito. Queríamos más. Nos poseyó la inconformidad radical. Habíamos conseguido mucho, pero nos quejábamos. Así, mientras individualmente los cubanos suelen ser agresivamente emprendedores, luchadores, confiados en sí mismos, colectivamente no nos gustábamos. Nos quejábamos. Y lo peor es que siempre estábamos pendientes de un líder y de una revolución salvadora.

Y seguimos quejándonos de nuestra suerte y buscando fuera de nosotros la solución. Hoy mismo, son muchos los héroes que individualmente se enfrentan dentro de Cuba, son muchos los patriotas en el exilio que buscan denodadamente la libertad perdida. Pero aún esperamos por la gran decisión colectiva, la única que puede liberarnos. Y para no variar, son muchos los que se quejan. Sorprendente. Mientras unos –los enemigos de la libertad– acusan a Estados Unidos de ayudarnos a deshacernos de la tiranía, entre los propios ayudados surgen voces que casi responsabilizan a Estados Unidos de la existencia de esa misma tiranía. Por supuesto que podríamos con cierta razón no estar de acuerdo con algunas políticas norteamericanas respecto a Cuba en cualquier época, pero en el balance estamos obligados a decir: gracias. ¿Para cuándo el examen de nuestras propias culpas o desaciertos?

Seguimos quejándonos. Seguimos, a veces, reclamando al aliado que nos sustituya, que sea capaz de hacer lo que nosotros mismos no hemos sido capaces de hacer por nosotros mismos. Mala cosa la queja, que prostituye el carácter de los hombres y de los pueblos.

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Sobre el autor

Orlando Fondevila

Orlando Fondevila

Orlando Fondevila (La Habana, 1942). Poeta y periodista. Opositor en Cuba y fuera de ella. Durante años ha trabajado como editor en la Revista Hispano Cubana, en Madrid. Ha publicado, entre otros libros, "Poesía desde el paraíso", "De cosas sagradas", "Resaca de nadas y silencios" y "El mundo aproximado", una compilación de su obra poética.

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1 comentario

  1. Manuel Gayol Mecías
    Manuel Gayol Mecías marzo 25, 21:18

    Exactamente ha sido así, como dice Fondevila, lúcido en vida y sabiduría lo que nos ha dejado como legado. El cubano espera por otros que le terminen el trabajo, y se sigue quejando. Ese victimismo, sin querer entrar en esa espantosa historia de miedo que hemos tenido, es una de las cosas que más nos ha marcado. Hasta cuándo vamos a seguir creyéndonos los ombliguitos del mundo? Nuestra utopía ha parecido ser esa que nos hemos creído siempre, la de un pueblo elegido… Por quién y para qué?… Vuelvo a insistir, hasta que no reconozcamos todos los defectos que hemos tenido y tenemos (y que son muchos), no alcanzaremos la posibilidad de ser lo que debemos ser, como otro de los tantos pueblos de la historia, ni superior ni inferior; un pueblo normal que tiene que acabar de comprender que su historia la tiene que hacer por él mismo, y no esperar que otros países le saquen las castañas del fuego ni que otros países les mantenga. Los cubanos tienen que acabar de ser inteligentes y darse cuenta de que su vecino más próximo, y por ello, su cuasi relación familiar es con Estados Unidos, independientemente de la otra relación normal que deba existir con el resto del mundo.

    Los cubanos deben ser capaces de convertir esas ideas estúpidas contra Estados Unidos acerca del “fatalismo geográfico” y el “imperialismo” en la “buena suerte geográfica”. Hay que convertir al imperio más poderoso de este mundo -y no lo digo por la supuesta y falsa relación que se está haciendo ahora a través de Obama, sino por la nueva historia de democracia que algún día vendrá obligatoriamente, y que será la que distinguirá las verdaderas relaciones entre ambos países-; hay que transformar, repito, esas relaciones en algo sagrado; en algo en que sin ser anexionismo (no tendría por qué serlo), sí sea una verdadera relación de fraternidad y ayuda, como mismo se han caracterizado las relaciones entre Israel y Estados Unidos antes de Obama… Cuando esto sea así, y que los cubanos acaben de educarse la mente, entonces Cuba conocerá un desarrollo sin par, extraordinario, como estuvo a punto de conocerlo en la década del 50, antes de 1959, cuando llegó el diluvio de la mano de los dos mitos: el de “Robin Hood” y el de “David contra Goliat”, que dio curso al Espejismo nefasto de la “Revolución”.

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