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Cuba, incertidumbre y esperanza: Manuel Gayol Mecías

Cuba, incertidumbre y esperanza: Manuel Gayol Mecías

agosto 20
23:56 2011

1-Gayol_en_La_Otra_Esquina_de_las_PalabrasManuel Gayol Mecías es escritor, periodista y editor. Graduado de licenciatura en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad de La Habana, ha ganado varios premios literarios y publicado cinco libros, el último de ellos, la colección de relatos La noche del Gran Godo, editado por Neo Club Ediciones este año. Actualmente dirige la revista digital Palabra Abierta.

Gayol Mecías tuvo la gentileza de responder a las preguntas tipo de nuestra serie de entrevistas:

NCP.  Dicen que en Cuba hay más tiempo para escribir. Dicen que en el exilio hay más libertad para escribir. ¿Dónde se hace mejor literatura, dentro o fuera de Cuba?

MGM.  El tiempo y la libertad en relación con Cuba son dos conceptos contradictorios. Tener tiempo para escribir no quiere decir que sea un tiempo para la libertad. El tiempo que se tenga en la Isla no justifica la falta de libertad. Y en el exilio se puede tener menos tiempo para escribir y sí mucha libertad. Pero la literatura no es una cuestión de “tener tiempo” ni de “tener libertad”, sino de escribir sin libertad o con ella; es un asunto de naturaleza profunda: la clave es escribir, es crear. Podría parecer que en Cuba, por la feroz represión que se vive, por la censura y por la precaria existencia cotidiana, existe potencial para el desarrollo de una literatura que se enriquece de experiencias trágicas en sumo grado. No obstante, en el exilio —aun cuando hay menos tiempo para escribir (la necesidad imperiosa del sustento diario) y sí mucha libertad— se sufre a veces en demasía por lo que se dejó atrás y se perdió, por lo que se padeció, por lo que se lucha diariamente para recuperar nuestro país y al mismo tiempo progresar en el país que vivimos, por las complejidades políticas, por tantos y tantos años de desarraigo. Por estas razones, también la literatura se enriquece, se potencia y se multiplica.

Sin embargo, al igual que la literatura de cualquier país, la literatura cubana es una sola, y todas las literaturas conforman la literatura universal. La buena literatura que se haga en Cuba pertenece asimismo al exilio y viceversa, y en este sentido sabemos que sólo hay literatura buena y literatura mala. Ambas son lo mismo, una sola. En cualquier lugar del mundo en que se encuentre un cubano escribiendo, su literatura, buena o mala, nos pertenece a todos. La literatura no es de adentro ni de afuera de Cuba, es del ser cubano.

NCP.  Se habla mucho del avance del relativismo y la doble moral en Cuba. La Dra. Hilda Molina dice que Fidel Castro “enfermó el tejido social de la sociedad cubana”. Desde tu salida de la Isla, ¿crees que los cubanos han evolucionado hacia el postcastrismo o involucionado hacia el neocastrismo?

MGM.  Habría que definir qué se quiere decir con “poscastrismo” y qué con “neocastrismo”. Si “poscastrismo” quiere decir lo que vendrá después, tendremos que pensar que el futuro de la Isla es incierto y que también podría ser algo malo o tan malo como el castrismo (nunca peor, por supuesto). Por eso preferiría no hablar de haber “evolucionado hacia el poscastrismo”, porque cuando hay incertidumbre, ello no deja en claro que pueda darse una “evolución”.

Ahora bien, es cierto que Fidel Castro “enfermó el tejido social de la sociedad cubana”. Pero eso también fue gracias a los defectos que teníamos dentro, y él nos los sacó (y una gran mayoría se los dejó sacar. Él se transformó en un ente que extrajo y manipuló lo peor que cualquier ser humano puede tener dentro de sí, en este caso, el cubano. Yo lo llamaría como una especie de Sempiterno, un dios o especie de energía maléfica que se regó en la Isla como pasa con la terrible planta del marabú. Ha sido como el Comandante Marabú. Lo que significa que si él tiene una gran culpa, nosotros tenemos otra buena parte de esa culpa). Y casi se puede decir que institucionalizó los defectos: un ejemplo claro han sido los Comités de Defensa de la Revolución, en el que la delación, el fisgoneo político y supuestamente “moral”, además del acoso, entre otros, se han entronizado  por alrededor de cincuenta años.

Asimismo el miedo, físico y psicológico, se ha convertido en uno de los vectores más degenerativos del cubano. En Cuba desde la conquista, la colonia y la república, hay una historia del miedo para el cubano, y con los Castro este sentimiento ha alcanzado su enésima expresión. Basta solamente pensar en las turbas del “pueblo enardecido”, pogromos de brutalidad que ya no sólo se le tienen que atribuir a Hitler. Junto a esto, la discriminación ha sido otra de las grandes violaciones no sólo a los derechos humanos, sino a la civilidad del país, a la identidad del cubano como nativo de una nación que ya no existe. El cubano hoy en día tiene que reírse a carcajadas, pero con lágrimas en los ojos, del famoso poema de Nicolás Guillén: “Tengo”. Todo lo contrario a lo que en su espejismo imaginó ese conocido poeta. Todo el mundo sensato sabe ya que el cubano, por años y años, no ha podido entrar a los hoteles, ni a las mejores playas, ni a salir y entrar del país cuando se le antoje. Y algo más, entre muchas cosas, la corrupción y la prostitución. Dos temas que van de la mano, y que se han insertado (para no decir incrustado) en la estructura mental del cubano como un mal necesario para sobrevivir. De “algo malo” pasó a ser “un algo necesario”. El Estado lo posee todo, pero yo tengo que subsistir robándole al Estado y, de ahí, a los demás; esto es como un sucinto epitafio para una sociedad enferma.

Con toda esta gama de enfermedades, porque son degeneraciones endémicas ya, se hace muy difícil una evolución clara del cubano después del castrismo. Sí la habrá, por supuesto, es mi esperanza, pero será una lucha ardua, titánica, de ética y civismo, en aras de la comprensión, del amor y de la reconciliación.

Y lo más importante es que sí hay un peligro de neocastrismo; bueno, el neocastrismo existe ya, en todos aquellos que queriéndolo o no le hacen el juego a Raúl Castro, a Fidel y a los acólitos históricos. Con sus infiltraciones en el exilio, con sus representaciones artísticas en busca de un supuesto diálogo, con seudo-reclamaciones de una llamada soberanía para la unidad de los cubanos, de adentro y de afuera, y en un diálogo en el que exclusivamente se habla de perdón, pero no de justicia. El neocastrismo es la falsedad de un intercambio cultural: de la Isla vienen todos los que, en mayor o menor medida, han sido portavoces del gobierno. De aquí para allá nada más pueden entrar los que a ellos les conviene; los que van solo por la cultura artística y nunca por lo político. Esto no es intercambio, esto es neocastrismo.

En resumen, no creo que el cubano haya evolucionado, sino involucionado. Pero para esto hay esperanza de arreglo, y por ello hay que luchar. El neocastrismo sí se ha incrementado, porque responde a una estrategia sutil de la dictadura castrista.

NCP.  Cada vez más cubanos abusan del refugio político que les concede Estados Unidos, como perseguidos, y a los seis meses viajan a Cuba a hacer turismo. Esto pudiera poner en peligro la Ley de Ajuste Cubano, excepción diseñada para exiliados políticos, no para inmigrantes económicos. ¿Cómo hacer para que en lugar de justos paguen los pecadores?

MGM.  Simplemente, llevar a cabo la interpretación de para qué se hizo la ley, que fue para los justos y no para los pecadores: apoyar humana y políticamente a los que escapan del castrismo, un régimen que hace más de cincuenta años se convirtió en enemigo de este país. Si el cubano que llega a Estados Unidos se acoge a ella (ley que considero importante dentro de la historia de la política inmigratoria de Estados Unidos), y es ayudado de manera bien favorecida en relación con otros inmigrantes, es justo y obligatorio que ese cubano cumpla con esa ley. No se entiende que una persona que huye de Cuba, y se beneficie con la Ley de Ajuste de 1966, se haga llamar “migrante económico”. Quiéralo o no, todo el que sale de Cuba para irse a vivir a otro país, cuando más a Estados Unidos, trae el sello político estampado en su frente: viene huyendo de un régimen totalitario. Y no pienso que haya que explicar cuáles son las razones para diferenciar lo que es un migrante económico y un migrante político, pero para los que no tienen buena memoria, habría entonces que recordar que Cuba es un país bajo un régimen, como dije, totalitario, y que todo lo que se ha generado en la Isla, exactamente todo, ha sido bajo el convencionalismo de lo político.

La total realidad viviente en Cuba es absolutamente política e ideológica. Por tanto, si te escapas de allí, lo haces de un lugar donde una perversa ideología y una despiadada política han acabado con la economía de la nación, han acabado con la sociedad de la nación, han acabado con los principios civiles de sus habitantes. Cómo es posible que un cubano que sea refugiado político, entonces, a los seis meses, o al año, o al tiempo que sea, ya esté viajando a la Isla porque cuenta con el dinero suficiente para ello… Y aclaro, y lo aclararé tantas veces como tenga que hacerlo, no me estoy refiriendo al que tenga que ir por verdadera necesidad familiar, por asuntos reales y humanamente justificados; ni incluso niego la posibilidad de que pueda enviar una razonable cantidad de dinero para que su familia o algún amigo sobreviva. Me estoy refiriendo a los que a los seis meses o al año ya están de regreso, repartiendo ropa, dinero y comida y haciendo de su turismo una fiesta de lujos que no todos allí tienen, sin contar aquellos que han lucrado y lucran sacando jugosas ganancias con los supuestos intercambios y con los supuestos negocios.

En fin, entiendo que esto es complejo, no es en blanco y negro. Pienso que a la Ley de Ajuste Cubano tienen que hacerla más definida y siempre, y en lo principal, con un alto objetivo humano: el hecho de ayudar a personas que de una forma u otra son perseguidos políticos. Para mí todos los cubanos dentro de la Isla que no estén de acuerdo con el gobierno son perseguidos políticos.

NCP.  Imagina que estamos en el año 2020. ¿Qué ha sido de Cuba?

MGM.  En el 2020, si no hay más de lo mismo —que naturalmente, espero que no—, sólo se podrá hacer un recuento de la catástrofe vivida. Y tener la esperanza de que, con esfuerzo, podamos empezar a recuperar los valores que aún nos quedan.

NCP.  Imagina que estamos en el año 2050. ¿Qué ha sido de Cuba?

MGM.  Esto es, de hecho, inimaginable. Cuba siempre ha sido una incertidumbre. Sólo podríamos especular o escribir novelas futuristas. Si nos basamos, como es natural, en las experiencias que hemos vivido, cualquier cosa puede ocurrir. Creo que ni aun haciendo un ensayo extenso de nuestros defectos (las virtudes ya las conocemos y las tenemos a flor de piel con frecuencia), desde una perspectiva antropológica, psicosociológica, histórica, podríamos llegar a situar, con algún nivel de proximidad, lo que hemos sido y podríamos seguir siendo.

Para mí, el cubano antes de 1959 venía en una evolución lenta, pero en última instancia era una evolución, que empezaba a notarse en la década del 50. Pero cuando llegó el Espejismo del triunfo revolucionario esa evolución se truncó, y la espiral se rompió y se fue hacia atrás. Ahora habría que ver si cuando ya no existan más los Castro ni la generación que los ha rodeado en el poder, y no se permita ningún tipo de continuidad de clan ni de casta, si se puede vislumbrar con objetividad la posibilidad de recuperar nuestra memoria histórica, los valores que también hemos tenido y las ansias de pasar de un nivel casi tribal a un ámbito de nación civilizada. Y esta esperanza queda para las nuevas generaciones.

 

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