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Cuba, Internet y la cultura democrática

Cuba, Internet y la cultura democrática

Abril 14
16:02 2011

Si ahora mismo los cubanos no somos capaces de construir algo verdaderamente productivo en términos nacionales (una democracia o una oposición efectiva en el exilio, pongamos), deberíamos por lo menos concentrarnos en recrear los modelos de convivencia que supuestamente queremos para Cuba, asimilándonos a aquellas culturas que han logrado el desarrollo cívico o aprendiendo de ellas.

Probablemente no hay mejor campo de entrenamiento para esto que Internet.  Su protagonismo crece cada día que pasa y sus estructuras y procedimientos se prestan, sin que la sangre llegue al río, para ciertos ejercicios modernizadores.

La blogosfera cubana, Facebook, Twitter, etcétera, como espacios de creación-recreación-interacción, están llamados a establecer –a contribuir a establecer– normas posnacionales de convivencia. Pueden en un futuro lejano y por efecto dominó –de hecho, en algunos casos ya están lográndolo–, servir de instrumento de conversión cultura1-Logos_Internetl, entendido el concepto como resultado más que como enunciado. Es una esperanza al menos. Las “heridas anímicas” de una cultura parasitaria concentrada en la autojustificación más que en la asimilación de la diferencia, en la formulación del propósito más que en la consecución del resultado, pudieran ser gradualmente suturadas a través del ejercicio consecutivo de la democracia, aun de la democracia cibernética. Proceso lento, pero potencialmente edificante.

A medida que las redes sociales en Internet crecen en dimensiones e importancia, se les hace cada vez más difícil conservar la impunidad a quienes en el exilio, y desde el ciberespacio, continúan reproduciendo nuestros peores defectos culturales. No es, por supuesto, que de la noche a la mañana los censores vayan a dejar de censurar, las vedettes a dejar de revolotear, los envidiosos a dejar de envidiar, pero su tradicional modus operandi choca cada vez más contra el muro de la transparencia virtual. Choca y se abolla. Estos “agentes del pasado” son crecientemente descaracterizados por un medio que, como la Red de Redes, prácticamente carece de compartimientos estancos. En él, como en las bañeras, el plástico termina por flotar.

En 2008, a propósito de una tesis al respecto, un amigo académico me hacía la siguiente pregunta: ¿Cuánto crees que puede contribuir el debate en los blogs al establecimiento de una democracia en Cuba? Quizá, le contesté, nos acercamos a un tiempo en el que Internet democratizará las relaciones de producción de las elites cubanas, aupando los resultados por sobre los meros enunciados. Entonces los peores defectos de la cubanidad (la envidia, el vedetismo, el dogmatismo, la manía del enfrentamiento…) serán por fin combatidos frontalmente, arrinconados, por esas mismas elites.

Entonces volverán, volveremos, a tomarnos en serio.

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Sobre el autor

Armando Añel

Armando Añel

Armando Añel (La Habana, 1966). Ghost Writer, fue periodista independiente en Cuba. En 1999 recibió el Primer Premio de Ensayo de la fundación alemana Friedrich Naumann. Ha sido columnista de periódicos como Tiempos del Mundo, Libertad Digital y Diario las Américas, y editor de revistas como Perfiles, Encuentro de la Cultura Cubana, Islas y, actualmente, Herencia Cultural Cubana. Ha publicado las novelas "Apocalipsis: La resurrección" y "Erótica", la compilación de relatos "Cuentos de camino", los poemarios "Juegos de rol" y "La pausa que refresca" y las biografías "Instituto Edison: Escuela de vida" y "Jerónimo Esteve Abril, apuntes y testimonios", entre otros. Vive en Miami.

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