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Cuba, la cultura instrumental y la miopía exiliada

Cuba, la cultura instrumental y la miopía exiliada

Cuba, la cultura instrumental y la miopía exiliada
Septiembre 09
20:01 2014

De nuevo noticia el asunto de los espías castristas en las universidades norteamericanas. Pero deberíamos otra vez ser autocríticos desde el depauperado exilio, donde en más de medio siglo no hemos sido capaces de crear una industria editorial y de la cultura lo suficientemente sólida como para influir en la academia o matizar su izquierdismo suicida.

Mientras los empresarios y políticos exiliados en general –la regla tiene excepciones— no comprendan la importancia de la cultura como instrumento de influencia sociopolítica, continuará perdida la batalla en el terreno de la opinión internacional, que es la que a fin de cuentas hace digerible al castrismo. Porque el castrismo vive de la migaja internacional, y las migajas las echan gobiernos, empresas e instituciones formados en, o influidos por, el ámbito académico, desde donde se ve el desprecio a la cultura y el pensamiento como un síntoma de insensibilidad, cuando no como una enfermedad protofascista.

El castrismo se asentó con tanta rapidez en Cuba, se volvió totalitarismo de la noche a la mañana, entre otras cosas por las facilidades que desde el principio brindó a la clase intelectual, académica o artística. A los generadores de opinión. Una clase que de rumiar por los rincones en la República saltó al centro del salón de baile con la Revolución. Y ahí continúa, vendiéndose por arroz con potaje de tarima.

Permítanme dejarlo claro. No estoy insinuando que la empresa privada tiene la obligación de subvencionar la cultura. Creo en la autogestión y en que cada escritor y artista, como todo ciudadano en igualdad de derechos, debe responsabilizarse consigo mismo y su familia. Solo estoy subrayando que, en el caso del exilio cubano, la cultura podría haber sido un instrumento anticastrista formidable si la empresa privada se hubiera dado cuenta a tiempo de su importancia, como sí se dio cuenta desde el principio el castrismo y la utilizó, inversamente, para blindar la dictadura. Resumiendo: si en lugar de botar millones de dólares en proyectos laterales, la mayoría de las veces impracticables, las clases vivas del exilio hubieran comprendido con anticipación el papel determinante de los generadores de opinión a través de la cultura, y en consecuencia hubieran contribuido a su desarrollo y despliegue internacional, ya no hubiera totalitarismo en Cuba. En cambio, han subestimado hasta el desprecio este punto neurálgico de cualquier sociedad civilizada, y así les va a los cubanos.

Sobre el autor

Armando Añel

Armando Añel

Armando Añel (La Habana, 1966). Ghost Writer, fue periodista independiente en Cuba. En 1999 recibió el Primer Premio de Ensayo de la fundación alemana Friedrich Naumann. Ha sido columnista de periódicos como Tiempos del Mundo, Libertad Digital y Diario las Américas, y editor de revistas como Perfiles, Encuentro de la Cultura Cubana, Islas y, actualmente, Herencia Cultural Cubana. Ha publicado las novelas "Apocalipsis: La resurrección" y "Erótica", la compilación de relatos "Cuentos de camino", los poemarios "Juegos de rol" y "La pausa que refresca" y las biografías "Instituto Edison: Escuela de vida" y "Jerónimo Esteve Abril, apuntes y testimonios", entre otros. Vive en Miami.

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1 comentario

  1. Teresita
    Teresita Septiembre 10, 19:50

    Armando, creo q dejo q primero comenten los q han estado fomentando la cultura cubana como verdad. Y luego te hago mi comentario. A ver q pasa.

    Reply to this comment

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