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Cuba, la Iglesia y el gato

Cuba, la Iglesia y el gato

marzo 19
14:55 2012

1-0_gato_a_la_salida_del_temploSe cumplen nueve años de la llamada Primavera Negra de Cuba, Benedicto XVI se apresta a desembarcar en la mayor de las Antillas y el episodio protagonizado por 13 miembros del Partido Republicano en la Basílica Menor de Nuestra Señora de la Caridad todavía está fresco en las mentes de los cubanos. En este contexto, tal vez con el objetivo de maquillar la tenebrosa actuación de las autoridades religiosas durante los desalojos de la pasada semana –no sólo en el templo de La Habana, sino en otros de otras zonas del país–, se levantan voces recordándonos “el importante papel” jugado por la Iglesia en la excarcelación de los prisioneros de conciencia.

De la Iglesia poco más puede decirse que no sea de dominio público. Y tampoco se trata de demonizar a una institución a fin de cuentas humana –por mucho que apele a lo divino–, con sus luces y sus sombras, como todas. En mi humilde opinión, una Iglesia que puede hacer mucho más de lo que hace por los reprimidos en Cuba, y que ha priorizado en todo momento, contra su propia prédica, sus intereses institucionales.

En torno a las excarcelaciones de los prisioneros de la Primavera Negra, hay que decir que la Iglesia fue utilizada por los Castro para ningunear una vez más a la oposición, y como vehículo para llevar a vías de hecho una decisión gubernamental en la que nada, o muy poco, influyó. Fue la presión de las Damas de Blanco, y de la oposición en general, la que empujó al castrismo a conceder las excarcelaciones. No es el cascabel el que toma la decisión de desplazarse hacia esta esquina o aquella: Es el gato. El mérito pertenece en todo caso a quienes provocan que el gato se mueva, no al cascabel que lo acompaña a donde va.

No habrá reconciliación nacional mientras unos cubanos sean impunemente reprimidos por otros, y lamentablemente, con su actitud relativista, cuando no cómplice, la Iglesia ha contribuido a perpetuar la división de la “familia cubana”. Por otro lado, y respondiendo a quienes acusan al exilio de enrarecer el ambiente –incluso lo acusan de desconocer la realidad insular–, no debe olvidarse que los cubanos son cubanos en Cuba y “allende los mares” (la inmensa mayoría de los exiliados no lo son porque desprecien a Cuba, sino porque los desprecia a ellos el régimen que oprime a Cuba), dondequiera que vivan y como quiera que piensen. Que dicho exilio, además, muchas veces está mejor informado sobre Cuba que quienes residen en la Isla, por muy paradójico que parezca. Allá impera un régimen totalitario, censor y desinformador a la enésima potencia, así que huelga explicar por qué. Basta ya de demagogia.

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